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RESEÑA: Bitches Down Under, Above The Stag ✭✭✭
Publicado en
Por
julianeaves
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¡Bitches Down Under!
Above The Stag
17 de enero de 2018
3 estrellas
Los fans de los seriales ligeros, espumosos y con sabor gay recibirán con los brazos abiertos esta tercera entrega de la saga continua de nuestros amigos de 'Alright Bitches!' y 'Bitches Ahoy!', donde llevan sus signos de exclamación hasta el Mardi Gras de Sídney, Australia, en una epopeya de proporciones culebronescas del infatigable Martin Blackburn. En la producción, correcta y cumplidora, de Andrew Beckett, sigue a continuación una secuencia totalmente predecible, aunque sanamente disfrutable, de intercambios cómicos, mientras ocurrencias antiguas, muy antiguas y todavía más antiguas van y vienen entre nuestra pandilla de colegas. Si no me falla la memoria, en este enredo en particular, el afable Drew de Liam Mooney y el simpático Garth de Ethan Chapples están de vacaciones en la célebre metrópolis antípoda, formando tándem de tres ruedas con la arquetípica "amiga de las gays", la vivaracha Pam de Hannah Vesty. Llegan a un bar regentado por Max, interpretado por Lucas Livesey, aún más mordaz y punzante, que observa con un humor seco —a menudo, incluso acerado— las ultra suaves complicaciones provocadas por la llegada del expeditivo Ollie de Grant Cartwright y el Scott, "nuevo chico", de Tom Mann. Y eso es todo. La construcción de la trama no es precisamente el fuerte del Sr. Blackburn, y se conforma con dejar que sus personajes entren en escena y charlen. Y charlen.
Y charlen. Está bien, bitches, hasta donde llega, pero, como el sol australiano que tanto debilita, no aporta mucha energía. De hecho, más bien te dan ganas de tumbarte en una hamaca, ponerte mucha crema solar, calarte gafas de sol y sombrero y dejarte llevar hacia un sopor satisfactoriamente somnoliento. Estoy seguro de que hay suficientes seguidores de ATS y de este tipo de entretenimiento como para llenar las filas durante toda la temporada, y estoy seguro de que, cuando el teatro se traslade a un local más grande, muy al estilo de Fu Manchú, el mundo no habrá oído lo último de estas Bitches, y sus diálogos seguirán resonando al menos por su sala más pequeña durante algún tiempo. Hay un mercado para este tipo de espectáculo, y esta pieza satisface adecuadamente las necesidades de ese mercado. No creo que haga mucho más que eso, pero no pasa nada.
Hay una escenografía bastante vistosa, obra del propio director. De hecho, es tan buena que halaga más que sirve al texto. Con el vestuario elegantemente acertado de Ellen Sussams, e iluminado de maravilla por Jack Weir, el conjunto es totalmente encantador. Con algunos sonidos luminosos y alegres aportados por Andy Hill, la velada transcurre con bastante agrado. Sin embargo, quizá se parezca a algunas vacaciones que tú mismo hayas vivido: al mirarlas en retrospectiva, a veces cuesta recordar algún momento significativo o memorable; simplemente "pasaron", dejando casi ninguna huella. Y así ocurre con esta comedia boulevardera completamente funcional. No te arrepentirás de ir, pero probablemente no podrás recordar gran cosa de la experiencia.
Se disfruta mejor con unos cuantos tragos fuertes. Que lo disfrutéis.
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