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NOTICIAS

PRÓXIMAMENTE: Elementos Imprescindibles, Seven Dials Club

Publicado en

4 de febrero de 2017

Por

julianeaves

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Stuck, de Scott Mullen Lo esencial

Seven Dials Club

Sábado 28 de enero

Los pases de nueva dramaturgia siempre te dicen mucho más sobre los productores que sobre los autores, y este no es una excepción. La estrella aquí es el productor Liam Fleming, cuya persona jovial, saltarina, paternal y con un toque ‘oso’ dominó la velada: es el vendedor clásico, instándote a cerrar el trato y a tuitear tu aprobación de sus productos a cada paso; incluso monta un “concurso” durante la función para encontrar al mejor promotor de sus mercancías. Su sello, Encompass Productions, que comparte con el menos visible Jonathan Woodhouse y Rachel Owens, debe de estar funcionando de maravilla, porque alquilaron el bar y el espacio escénico del impecablemente ‘cool’ Seven Dials Club de Covent Garden para este escaparate del trabajo de seis autores.

Scott Mullen abrió la noche y maneja muy bien la comedia a lo Capra, con diálogos afilados y una caracterización audaz y luminosa: James Unsworth y Liz McMullen fueron la pareja dispareja que se cruza fugazmente en esta mini rom-com, dirigida con eficacia por Charlotte Donachie. La idea central de “Stuck” —alguien que hace una carrera lucrativa a base de que lo “choquen” una y otra vez en vuelos sobrevendidos y le compensen de una forma que la mayoría de los viajeros solo sueña— merece explorarse mucho más, y con bastante más detalle cómico. Sería una película perfecta.

“Raghead”, de Tom Coash, llevaba su obvia intención polémica en la cabeza y no en la manga, aunque bien podría haber sido lo mismo. Charlotte Peak y Eddie Usher hicieron todo lo posible para que los personajes resultaran creíbles, y la directora Alice Kornitzer intentó desviar nuestra atención de los giros desconcertantes en la verosimilitud del texto, pero esto fue como escuchar a alguien contando una historia que sentía que tenía que contar, más que una historia que de verdad sentía.

“Radio Foreplay”, de Lucy Kaufman, era más un sketch que una obra, y uno ejecutado con soltura, interpretado con destreza por Alexander Pankhurst y dirigido brillantemente por nuestro Liam. Un productor de radio brega desde casa con el móvil, cerrando acuerdos con un guionista y con su superior. Muy reminiscente del humor de la BBC de los años setenta (es el tipo de cosa que habría escrito Ronnie Barker), se percibió como algo demasiado familiar más que “nuevo”; aun así, como parodia sobre intentar hacer un drama de Radio 4 sobre el síndrome de Tourette con el mínimo de palabrotas, estuvo resuelto con eficacia y humor.

Blue Tent, de Gino Dilorio

Después de la pausa para tuitear, la segunda tanda nos trajo “Blue Tent”, de Gino Gilorio, con Ian Macnaughton y Mark Keegan haciendo una especie de número de Lennie y George, con una sartén haciendo las veces de conejos. Vamos, esto era más bien Steinbeck pasado por una picadora de Sam Shepard. Puede que Gilorio haya vivido en ese mundo, pero, a juzgar por esta escena, lo dudo muchísimo. El director Samuel Dunstan explotó las posibilidades de la propia tienda, al estilo Audrey II, lo que aportó al conjunto una agradable energía beckettiana.

“Almost Connect”, de Thomas Pierce, fue un arrebato febril a través de neurosis posmilenial de alta tensión, con “voces internas” de la Rive Gauche, vestidas con maillot negro, a un lado, cobrando vida gracias a Robbie Curran, Jennie Delaney, Josh Morter y Sian Eleanor Green. Aquí el medio era claramente “el mensaje”, y la directora Lucy Foster (como Dunstan, una de las Productoras Asociadas de la compañía) lo animó con gran brío.

Y por último… “Two's Tales” fue una película de catástrofes convertida en escena, de J P Cooper, dirigida con la mayor seriedad posible por otra Productora Asociada, Katie Turner. Louise Beresford y Duncan Mason nos condujeron al olvido con sonrisas adecuadamente sensibles, avanzando con valentía hacia un desenlace que la ciencia nunca termina de explicar. Y, sin embargo… y, sin embargo… se volvió más interesante cuando empezaron a interpretar a otros personajes e intercambiar roles de género. Ese aspecto de la pieza fue magnífico y, francamente, no necesitaba un final del tipo “Los nueve mil millones de nombres de Dios”.

Entonces, ¿por cuál de estas votarías TÚ —o tuitearías— para que se convierta en una obra completa? Y —más importante aún— ¿por qué? No olvides tuitear tus respuestas a @EncompassOnline, #BareEssentialsLDN.

Ten en cuenta que no otorgamos puntuaciones con estrellas a trabajos en desarrollo como Bare Essentials. Nuestro objetivo es animar a los autores y ayudar a desarrollar los proyectos.

MÁS INFORMACIÓN SOBRE LA NOCHE DE NUEVOS AUTORES DE BARE ESSENTIALS

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