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RESEÑA: Banana, Crabtree, Simon, Teatro Drayton Arms ✭
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Por
julianeaves
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Banana, Crabtree, Simon Drayton Arms Theatre 1 estrellaComprar entradas Esta es una hora interesante en el teatro y merece la pena verla por la hermosa interpretación del único actor de la pieza, C J de Mooi. de Mooi ofrece un monodrama meticulosamente observado y hábilmente construido, lleno de realismo y ternura. El problema es que el texto con el que le ha tocado lidiar, del prolífico autor David Hendon, le ofrece tan poca profundidad que ni siquiera él puede crear artificialmente una tercera dimensión a esta caricatura esquemática y poco desarrollada. Quién sabe qué motivó a Hendon a escribir sobre una demencia de inicio temprano (más o menos) y olvidarse de escribir una «obra». La dirección, cumplidora, de Daniel Phillips lleva a de Mooi del punto A al punto B, que resulta no estar muy lejos, y el diseño, tal y como es, aporta más bien poco. Tampoco ayudan la iluminación ni el sonido. ¿Cómo podrían? El material de partida con el que trabajan parece más un ejercicio para sacar dinero de organismos financiadores a base de marcar casillas que una exploración de algo que a alguien del equipo creativo le importe de verdad. de Mooi merece muchísimo más, y espero que lo reciba pronto. Su voz es una delicia: una dicción cristalina galopa a través de un diálogo prosaico con tanta energía y matiz que estás —casi— a punto de creer que lo que dice importa. Su lenguaje corporal está perfectamente calibrado para transformarse de una escena a la siguiente en una especie de «vía crucis de la demencia», mientras, de forma demasiado previsible y pesada, la persona que la padece se degrada de una «fase» a la siguiente. Que sea capaz de hacerlo con tanta entrega y concentración es una magnífica validación de su profesionalidad y talento. Pero cuando ves una obra y te descubres fijándote en lo duro que está trabajando el actor en el papel, sabes que hay problemas. El problema aquí parece ser que, a diferencia de muchos otros tratamientos sobre enfermedades degenerativas que hemos visto últimamente, Hendon no parece tener nada nuevo ni particular que decir, ni tampoco una manera novedosa de «encuadrar» su discurso; al menos, nada que justifique pedirnos que permanezcamos sentados en el teatro durante 55 minutos aparentemente interminables. Lo que ha creado se siente más como un manual de formación sobre la marcha progresiva del deterioro neurológico que como otra cosa, y quizá funcionaría mejor ante un aula llena de estudiantes de Medicina de primer curso. Como «drama», fracasa en casi todos los niveles. Sería agradable felicitar a la productora Rigmarole Productions, de Jamie Chapman Dixon, por un éxito: al fin y al cabo, esta es su primera propuesta en solitario. Ay, sin embargo, por muy prometedora que pudiera parecer sobre el papel o en una lectura, sobre las tablas resulta no ser más que un ejercicio mecánico y vacío. El auditorio estaba prácticamente vacío cuando asistí, y es evidente que les está costando encontrar público para este texto árido y sin vida. Probad con los estudiantes. Puede que tengáis más éxito. Hasta el 7 de abril de 2018
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