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RESEÑA: Patti LuPone, Teatro Leicester Square, ✭✭✭✭✭
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editorial
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David Richards se deleita bajo el foco de una leyenda en el Leicester Square Theatre.
2 Tony + 1 Olivier = una mujer con un talento descomunal. El Leicester Square Theatre recibe a la leyenda del teatro musical Patti LuPone en una aparición muy esperada.
Seth Rudetsky es su cómplice de la noche (legendario también por derecho propio como intérprete, escritor y presentador de radio y televisión; una enciclopedia andante, parlante, cantante y bailarina sobre el teatro musical y sus estrellas). La tarea inicial de Rudetsky es caldear al público antes de que LuPone se deje ver. Le bastan literalmente unos segundos para arrancar carcajadas. Es entusiasmo, pasión, conocimiento, entretenimiento y comedia (¡y lo que parecen 7 dobles espressos!) todo en uno, mientras ofrece un aperitivo de su espectáculo actual Deconstructing Broadway, en el que hace precisamente eso de una forma cariñosa, pero también desternillante.
Llega el descanso sin que LuPone haya salido aún, pero no hay ni rastro de decepción entre el público. Rudetsky ha hecho su trabajo. El ambiente está electrizante. Es el momento de LuPone.
Pasa menos de un minuto entre que LuPone entra en el foco y que de sus labios sale la primera nota, descarada y brillante. Le da a su público lo que todos conocen, adoran y desean con todas sus fuerzas escuchar: Everything’s Coming Up Roses. Si el éxtasis fuera una fragancia, el aire estaría impregnado de él, rezumando desde un auditorio exultante. Su primera canción es una sensación, y la segunda también, y así una tras otra. Ni una sola vez decepciona. Está tan bien como siempre; poderosa, rotunda, con descaro y rebosante de presencia escénica. La señora tiene 64 años y «¡aún lo tiene!». Deleita y enciende a la sala con Evita —«¡en la tonalidad original!», exclama Rudetsky—, y les hace llorar con un Les Misérables deslumbrante, entre muchas otras interpretaciones increíbles.
LuPone y Rudetsky son un placer de ver: por momentos casi un dúo cómico, mientras charlan sobre su carrera, se ríen y cantan durante toda la velada con un estilo muy desenfadado, pero a la vez pulido y profesional. La mayoría del público que asiste a este espectáculo conoce bien el tema, y puede decirse con justicia que tres ovaciones en pie completas por parte de esta sala son prueba más que suficiente de que nadie saldrá decepcionado.
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