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RESEÑA: Bounder And Cad, The Pheasantry ✭✭✭✭
Publicado en
5 de septiembre de 2016
Por
douglasmayo
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Bounder and Cad
The Pheasantry
3 de septiembre de 2016
4 estrellas
Presentados como el «dúo de cabaré canalla que Downing Street intentó censurar, hasta que sus melodías jazzísticas hicieron que el Primer Ministro bailara en calcetines», Bounder and Cad son dos británicos rondando la treintena que, al estilo de Fascinating Aida y Kit and The Widow, están dejando huella en la escena del cabaré londinense con un humor que hizo que el público de The Pheasantry se desternillara un lluvioso sábado por la noche en Londres.
En un nuevo espectáculo titulado Warning: - Implicit Content, Adam Drew (Bounder) y Guy Hayward (Cad) ofrecieron dos pases de cuarenta minutos acompañados por los ágiles dedos de Ben Comeau.
No cabe duda de que sus divertidísimas lecturas de la actualidad, la política y la psique británica no solo dan en el clavo, sino que lo remachan a golpe de martillo en el entramado del establishment británico. Abrieron celebrando al príncipe juerguista —el príncipe Harry— al ritmo de Prince Ali, de Aladdin (Disney), y los chicos demostraron un ingenio afiladísimo. Su número de cierre, Greece Frightenin’!, con Merkel y Tsipras negociando el rescate griego, fue tronchante. La interpretación de Merkel por parte de Bounder nos tuvo a la mayoría llorando de risa.
Parte del material presentado a lo largo de la noche es ecléctico: una balada cursi (literalmente) de amor, una canción sobre una ballena enamoradiza y una versión del Clair de Lune de Debussy superpuesta con A Nightingale Sang in Berkeley Square, que me pareció algo irregular, aunque igualmente encantadora de escuchar.
El pianista Comeau mantiene el ritmo ágil y el acompañamiento brilla de principio a fin. En un espacio como The Pheasantry sería fácil que el piano se impusiera sobre el número, pero Comeau encaja a la perfección junto a los chicos, aportando el acompañamiento ideal en todo momento.
Todo nace de una sensibilidad muy británica: un humor que busca que te rías con ellos, no de ellos, y una relación entre ambos muy en clave, con mucha retranca, que te hace sentir cómplice de los chistes durante toda la función.
Tengo ganas de ver qué nuevo material se sacan de la manga estos dos granujas a lo largo del próximo año, a medida que el Brexit se va acercando y ellos ahondan aún más en la psique británica.
En cuanto a la canción que censuró el Número 10, la que hizo que a Bounder and Cad se les etiquetara como la respuesta británica a Pussy Riot, su ingeniosa visión de la alianza Cameron/Clegg fue mordaz, con un contrapunto estupendo que me dejó con ganas de más.
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