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RESEÑA: La Tiendita de los Horrores, Teatro al Aire Libre de Regent's Park ✭✭✭✭✭
Publicado en
23 de agosto de 2018
Por
markludmon
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Mark Ludmon reseña el Little Shop of Horrors de Howard Ashman y Alan Menken en el Regent's Park Open Air Theatre de Londres
Jemima Rooper y Marc Antolin en Little Shop Of Horrors. Foto: Johan Persson Little Shop of Horrors
Regent's Park Open Air Theatre, Londres
Cinco estrellas
Resulta asombroso que hayan pasado más de 30 años desde que un carnívoro vegetal, cantando a pleno pulmón, nos robó el corazón por primera vez. Tras muchos y estupendos reestrenos, Little Shop of Horrors ha sido reinventado con imaginación por la directora Maria Aberg entre los árboles y la frondosidad del Regent's Park Open Air Theatre.
Todas las canciones más memorables de Howard Ashman y Alan Menken se mantienen intactas, pero en lugar de una voz masculina fuera de escena, la planta alienígena Audrey II irrumpe desde su follaje como una criatura descarada y pavoneante, vestida de forma fabulosa con un ceñido conjunto verde y morado. A los fans de toda la vida —como yo— nos lleva un momento acostumbrarnos, pero, interpretada por la drag queen estadounidense Vicky Vox, esta encarnación de género fluido acaba complementando a la perfección el aire camp y kitsch del ambiente sesentero del montaje. Con una voz rotunda y visceral, canta con sensualidad “Feed Me” y “Suppertime”, funcionando como el contrapunto ideal del recatado y friki Seymour, que la cuida y satisface su necesidad de sangre.
Vicky Vox como Audrey II en Little Shop Of Horrors. Foto: Johan Persson
Con mucho encanto y una voz fantástica, Marc Antolin está perfecto como Seymour: dulce y empollón, pero dispuesto a hacer “cosas malvadas de lo más sangrientas” para conquistar el amor de Audrey, su compañera en la floristería. Jemima Rooper la interpreta como una mujer inteligente y tenaz, marcada por la vida y por los hombres, y, aunque no procede del teatro musical, deja ver una bonita voz, especialmente en el desgarrador “Somewhere That's Green”.
Inspirado en los grupos femeninos de los años 60, el trío formado por Chiffon, Ronnette y Crystal aporta unas armonías riquísimas, interpretadas con gran brío por Renée Lamb, Christina Modestou y Seyi Omooba, comentando la acción como un coro griego con alma desde el número inicial, “Little Shop of Horrors”, hasta “Ya Never Know” y “The Meek Shall Inherit”. Forbes Masson tiene un atractivo canalla como Mushnik, el dueño de la floristería, mientras que Matt Willis se entrega a su papel de villano como Orin, el novio sádico de Audrey, de cuero de pies a cabeza.
Seyi Omooba, Renee Lamb y Christina Modestou en Little Shop Of Horrors. Foto: Johan persson
Con una coreografía impresionante de Lizzi Gee, el ritmo no decae en ningún momento, impulsado por una orquesta de 10 músicos que rara vez guarda silencio, bajo la dirección musical de Cat Beveridge. Todo ello se enmarca en una magnífica escenografía urbana diseñada por Tom Scutt, dominada por la marquesina destartalada de un autocine que evoca el Sueño Americano hecho trizas por la pobreza con su elocuente mensaje: “Closed god bless America”. Con el mundo de Skid Row aún muy presente en la vida estadounidense, y con la constante fascinación por invasiones apocalípticas de zombis o alienígenas, Little Shop of Horrors sigue resultando de plena actualidad. Pero, pese a sus temas oscuros y su letal vida vegetal, esta nueva producción rebosa vitalidad y una energía estimulante, con una partitura que es un placer constante.
En cartel hasta el 22 de septiembre de 2018
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