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RESEÑA: Seth Rudetsky con Cheyenne Jackson, En línea ✭✭✭✭✭
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julianeaves
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Julian Eaves reseña a Seth Rudetsky y Cheyenne Jackson, que participan en la entrega más reciente de The Seth Concert Series, emitida en streaming.
The Seth Rudetsky Concert Series con Cheyenne Jackson
Domingo 2 de agosto y lunes 3 de agosto
En streaming
5 estrellas
Los tonos brillantes, nítidos como el cristal, de este emocionante tenor, Cheyenne Jackson, estallan en una llamarada de sonido en technicolor con ‘Stand By Me’ (Leiber y Stoller) al comienzo de esta nueva entrega de los maravillosos cabarés online de Seth Rudetsky. Cheyenne (a veces ‘Shy’, para abreviar) lucía estupendo con una elegante chaqueta azul Yves Klein y camisa blanca, con sus ojos azul pálido brillando de la forma más favorecedora. Qué extraordinario producto del lejano extremo oeste, de las tierras fronterizas del norte de Idaho y el estado de Washington, donde en invierno caen nevadas de más de un metro, y el joven Cheyenne tenía que salir a eso si necesitaba el retrete exterior o un vaso de agua. En fin, si has visto la película que tomó su título de esa canción de apertura, probablemente te hagas una idea general del territorio intenso que se recorre en este bolo.
Después llegó ‘Something’s Coming’, la canción de Stephen Sondheim de ‘West Side Story’ de Leonard Bernstein (es complicado), mostrando el anhelo, el impulso, de un chico que quiere algo distinto, algo más emocionante, de algún modo, en algún lugar... Cheyenne tiene una voz magníficamente dramática, que se desliza y serpentea entre una fuerza enfática y un pianissimo etéreo; a veces rodea la letra con aparente naturalidad y, otras, golpea la historia con tal intención que te dan ganas de acompañarle, vaya donde vaya. ‘Bésame mucho’ (texto en inglés de Sunny Skylar para el arreglo de Consuelo Velázquez sobre la melodía de Enrique Granados), a continuación, fue una invitación tan evidente como cualquiera —incluso el más reacio— podría desear, y aprovechó de forma delirante su registro grave, meloso y denso, de barítono. Todo este desarrollo vocal, al parecer, le fue posible simplemente escuchando a otros cantantes —buenos— y yendo allí donde sus voces llegaban, por muy alto o muy bajo que fuese.
Seth Rudetsky y Cheyenne Jackson
Pero también tuvo la enorme suerte de tener que esperar y esperar y esperar hasta bien entrados los veintitantos, lo que permitió que su voz madurase hasta que encontró el impulso para mudarse a Nueva York y ser cover de Mark Kudisch (después de mudarse a Seattle, ya lo había sido allí en una producción de gira). Kudisch le dio el mayor empujón entre bambalinas de todos los tiempos al conseguir que fuese su cover en Broadway, un movimiento afortunado que, tras apenas seis semanas, acabó con Cheyenne interpretando el papel durante quince días mientras Kudisch se marchaba a hacer ópera. ¡Por fin había llegado ese ‘algo’ que estaba por venir! Sí, la vida real de verdad es así de loca: y si alguien cuestiona la credibilidad de las tramas de los musicales, que eche un vistazo a la demencial realidad que suele esconderse detrás.
También podríamos mencionar que esta semana el show estrenó un diseño nuevo muy acertado, con una ventanita para Seth mientras sonaban los números, y la pantalla dividida reservada solo para la conversación, con un fondo relajante en degradado de azul a lila. La tecnología avanza: seguía habiendo algunos fallos de sonido, pero nada con lo que no pudiéramos lidiar. La elección, colocada con mucho ingenio, de ‘A Little Less Conversation’ del musical inspirado en Elvis ‘All Shook Up’ (el primer papel protagonista de Shy) mostró sus credenciales rock’n’roll, ¡y las llevó hasta un do agudo! Antes ya había clavado un sol grave; eso le da un rango de dos octavas y media con el que jugar. ¡Debe de ser un sueño para cualquier director de casting! ‘Don’t Walk Away’, una exuberante canción de ELO, fue otro gran número para su tenor lírico de vuelo alto, procedente del deliciosamente chiflado ‘Xanadu’.
Después nos adentramos en su mejor faceta de galán de los años cuarenta, casi al estilo Chet Baker, con ‘Old Devil Moon’ de ‘Finian’s Rainbow’ (Burton Lane-E.Y. Harburg). A continuación, Cheyenne interpretó una canción propia, un hermoso himno de inspiración folk dedicado a su difunto padre: ‘It’s OK to be gentle,/ It’s OK to be kind’. Y luego nos habló de su matrimonio con su marido, Jason, y de su vida juntos, que suena a lo más perfecto imaginable: tienen hijos y cocina casera todos los días, ese tipo de cosas hermosas. Con un punto pícaro: ‘Teenage Dream’ de Katy Perry (con su estribillo ‘Don’t Ever Look Back’) fue la canción que mejor encajaba para este momento del cabaré; y de ahí se construyó un gran número de ‘The Full Monty’, la preciosamente country ‘Like The Breeze Off The River’, una canción exquisita y maravillosa de David Yazbek. Fue todo de lo más reconfortante.
Y de ahí a ‘Hope’, de Jason Robert Brown; una obra suya de 2016 y, quizá, una especie de himno para la era Trump, aunque, hasta donde yo sé, el presidente estadounidense no la ha estado poniendo en sus mítines. También funciona igual de bien para este último medio año de ‘tiempos extraños’. Después llegamos a un espectáculo que funcionó bien en Broadway pero nunca llegó al West End: ‘The Roar Of The Greasepaint, The Smell Of The Crowd’, de Leslie Bricusse y Anthony Newley, y su fabulosa, exitosa y suntuosa ‘Feeling Good’. Lo que nos llevó a un gran final con el siempre encantador y más casero John Denver y su ‘Leaving On A Jet Plane’, con toda la familia Jackson —esta familia Jackson: dos padres, dos peques— cantando a coro. Entretenimiento familiar perfecto.
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