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RESEÑA: Sikes y Nancy, Trafalgar Studios 2 ✭✭✭

Publicado en

13 de diciembre de 2014

Por

stephencollins

Sikes y Nancy

Trafalgar Studios 2

11 de diciembre de 2014

3 estrellas

Paredes negras sencillas. Seis sillas de madera lisas, antiguas, de estilo tradicional. Un hombre desgarbado está sentado en una, mirando hacia abajo; quizá mascullando, quizá rezando, quizá simplemente estando. La iluminación lo recorta de manera sugerente, como si anunciara algo ominoso. Va vestido completamente de negro: camisa negra con cuello, pantalones negros, calcetines negros y zapatos negros. Sus labios, de un rojo sangre estridente, son la única gota de color en un océano de negrura. Está inmóvil.

Entonces se apagan las luces de la sala y él cobra vida con rapidez: atento, imperioso. Su rostro y sus facciones se retuercen, lentamente pero de forma grotesca. Fagin, el judío delincuente, quizá el personaje más célebre de Dickens, aparece de pronto, más grande que la vida (punto al que volveremos) y encarga a Morris Bolter (alias el odioso Noah Claypole) que vaya en busca

de Nancy y la espíe, pues ha empezado a desconfiar de ella de manera tajante. Casi se puede oír al Big Ben marcando la cuenta atrás hacia su asesinato, tan cargada de promesa inquietante y absorbente está cada palabra que Fagin pronuncia con tono lúgubre. Esto es Sikes & Nancy, una adaptación de capítulos de Oliver Twist, de Charles Dickens, a cargo de James Swanton, que además interpreta el texto, en una producción actualmente en cartel en Trafalgar Studios 2, como parte de un programa doble con Las expectativas de Miss Havisham bajo el título Dickens With A Difference.

Pocas veces se han dicho palabras más ciertas. Esto es Dickens con una diferencia. Sin duda. Y ambas producciones no podrían ser más distintas entre sí.

Las adaptaciones dramáticas del vil asesinato de Nancy a manos de Bill Sikes, su amante y verdugo, no son una idea nueva. El propio Dickens concibió la noción el 14 de noviembre de 1868. El autor era bien conocido por sus impresionantes recitales dramáticos de fragmentos de su obra tan querida y celebrada, pero no estaba seguro de que Sikes & Nancy funcionara o, quizá más correctamente, de que resultara atractiva para el público de su época. Charles Kent, que asistió a aquella representación original, anotó lo siguiente en sus diarios: "Se presentaron cuatro de los seres imaginarios de la novela; o, mejor dicho, fueron producidos ante nosotros, cada uno por separado, como encarnaciones reales. En ocasiones, durante alguna de las primeras escenas, era cierto que se oía la voz suave de Rose Maylie, mientras que también se pronunciaban allí, a intervalos, unas cuantas palabras de peso por parte del Sr. Brownlow. Pero, por lo demás, los interlocutores eran cuatro, y solo cuatro, a saber: Nancy, Bill Sikes, Morris Bolter, alias Noah Claypole, y el judío Fagin. Entre esos mismos personajes no habría quizá cuatro, en todo el ámbito de la ficción, más ampliamente contrastados. Y, sin embargo, por muy contrastados, por completo disímiles que fueran en sí mismos, los extraordinarios poderes histriónicos de su creador le permitieron presentarlos a la vista con una rapidez de sucesión o alternancia tan asombrosa por su mezcla de facilidad y precisión que los propios personajes parecían no solo estar ante nosotros en carne y hueso, sino que a veces casi podría haberse dicho que estaban allí simultáneamente. Cada uno, a su turno, tal como era retratado por él —quiero decir, retratado por él no solo en el libro, sino por él mismo en persona— era, a su manera, una obra maestra acabada".

Sin embargo, no es ese el enfoque que adopta Swanton. Sí: busca tallar los personajes por separado, y lo hace de un modo verdaderamente extraordinario, pero hay también una coherencia entre ellos que proviene de cómo utiliza la voz y del estilo interpretativo que Swanton abraza.

Sin duda, Swanton posee una de las voces más impresionantes y melodiosas de cualquiera menor de 40 años que haya pisado un escenario londinense en los últimos tiempos. Es profunda, de obsidiana, llena de colores aterciopelados y tonos ácidos y cortantes: las vocales son redondeadas —a menudo demasiado—, las consonantes nunca se tragan, a cada una se le da su peso y atención; el timbre de su voz es notable, evocando el tipo de impresión que Scofield o Gielgud podían dejar suspendida en el aire tras sus frases y oraciones.

Pero no elige emplear las nociones tradicionales de tono, ritmo y pausa para ayudar a diferenciar a los personajes que interpreta en rápida sucesión. No. Su voz se mantiene, en general, en un lugar central, y la amplía con la fisicidad: dedos extendidos, manos entrelazadas, manos encorvadas, mentón alargado, figura encorvada, figura encogida, la altura que nace de la certeza de la convicción y de una autoridad enorme y violenta que hace que todo su cuerpo parezca más alto, más grueso, más ancho de lo que es; cambios en la manera de usar la boca; y los ojos, sobre los que ejerce un control total. No parpadea cuando no quiere y no teme mostrar el blanco de la parte inferior de los globos oculares.

Todo ello alimenta el regusto Grand Guignol de la pieza. Cuando llega la sangre, es a la vez sorprendente y abundante. La escena del ahorcamiento es monstruosamente efectiva, al igual que el momento en que, en modo Sikes, describe la quema del arma con la que asesinó a Nancy y el único mechón de su pelo desapareciendo entre las llamas.

Dadas las muchas películas y el musical teatral tan querido, la gente tiende a olvidar lo brutal que es el asesinato de Nancy por parte de Sikes y dónde ocurre en realidad: la habitación que comparten, donde ella lo espera, dormida, a su regreso. Es espantoso. Y, para su enorme mérito, Swanton transmite hasta el último átomo del horror de ese acontecimiento.

Le ayuda una iluminación sencillamente asombrosa de Matt Leventhall. Cada cambio de ánimo, de escena, de personaje está profundamente respaldado por la pericia de Leventhall. Es un prodigio verlo. Y ayuda enormemente a cubrir los fallos de la producción. También lo hace el humo/niebla fantasmal, que aparece de manera inesperada pero bienvenida.

Porque, aunque Swanton es absolutamente extraordinario, necesita un director. Al final no queda nada claro cuál es el sentido de la función. Hay demasiado recrearse en el lenguaje y la fisicidad, y no suficiente contraste entre las extremidades exaltadas y lo cotidiano y corriente; de modo que, aunque se ve y suena de maravilla y la historia se cuenta con un escalofrío impecable, simplemente no termina de funcionar.

Swanton está haciendo algo más que contar una historia ricamente detallada interpretando a todos los personajes. Dickens ya lo hizo. Swanton está haciendo otra cosa que involucra todo su cuerpo y su voz fenomenal. Actúa desde la punta de la cabeza hasta la punta de los pies; cada parte de él está en juego en todo momento. Es fascinante de ver, pero, al no romper nunca el estilo, empieza a empalagar.

Quizá Swanton esté desarrollando una forma totalmente nueva de estilo interpretativo y simplemente haya que ajustarse a ella. Incluso si ese fuera el caso, un director sin duda sería beneficioso.

Muchas de las escenas son de dos personajes y Swanton necesita, sencillamente, encontrar una manera de distinguir con mayor agudeza entre cada uno de los dos en escena: uno es siempre el excesivo y el otro, en comparación con el primero, es siempre más "normal". Esta distinción debe formar parte del tejido de la fisicidad de Swanton y de su destreza vocal para que se alcancen los altos y bajos de la pieza. En este momento hay una uniformidad que le roba al trabajo la eficacia global que debería tener. Si vuelas siempre con el sol en los ojos, al final no puedes ver adónde vas.

Aun así, te deja un Fagin imborrable, un Sikes monstruosamente brutal, una Nancy asustada y desechada, un Brownlow cauto pero aristocrático, y un Bolter/Claypole horrendo, resbaladizo y repugnante. Sales del teatro sin tener del todo claro cómo se supone que debes reaccionar ante lo que has visto, pero con la certeza de haber contemplado a un maestro artesano en acción.

Sikes y Nancy se representa hasta el 3 de enero de 2015 en Trafalgar Studios 2

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