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RESEÑA: Sirenas, Teatro Mercury de Colchester ✭✭✭✭✭
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pauldavies
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Paul T Davies reseña Sirens, de Kenny Emson, actualmente en cartel en el Mercury Theatre de Colchester.
Jesse Akele en Sirens. Foto: Pamela Raith Sirens. Mercury Theatre, Colchester.
2 de noviembre de 2021
5 estrellas
Las obras de Kenny Emson están arraigadas en el Essex de clase trabajadora, donde se compra vino barato en la tienda de licores del barrio, se comparten cigarrillos entre amantes y posibles parejas, el amor puede empezar en el garaje de la zona, y los bloques de pisos en altura cantan sobre el potencial y las oportunidades desperdiciadas. Son auténticas, poéticas, y Sirens bien podría ser su mejor obra hasta la fecha.
Simon Darwen y Tanya Loretta Dee. Foto: Pamela Raith
Rory y Gemma irrumpen en la estación de la RNLI de Mersea Island cuando tienen 17 años: él quiere huir y dejar la isla; ella quiere que se dé cuenta de que no está bebiendo. Él ha robado la recaudación benéfica para poder escapar, y el tiempo se difumina: la escena dos transcurre diecisiete años después, y vemos las consecuencias de aquella noche. Ahora es —y a ojos de la isla siempre será— un exconvicto, y está intentando tejer conexiones tensas pero tiernas con su hija de 17 años, Isla. La tercera escena avanza otros diecisiete años, y Rory y Gemma son ya de mediana edad, contemplando la pérdida y los lazos que los atan a la isla y a la comunidad.
Simon Darwen y Jesse Akele. Foto: Pamela Raith
Es una producción magníficamente interpretada: los tres intérpretes habitan por completo sus personajes y transmiten una multitud de cosas no dichas, promesas rotas y emociones tan fuertes como las tormentas de invierno. Simon Darwen está sobresaliente como Rory, capturando la incomodidad y la torpeza de la angustia adolescente y el amor, para madurar hacia una mediana edad frágil, comprendiendo que la vida está en lo cotidiano, y que quizá pueda salir adelante. Como Gemma, la excelente Tanya-Loretta Dee plasma su necesidad de amor en el primer acto y a una mujer desgastada por la pérdida en la última escena; y Jesse Akele está fantástica como Isla: combativa, descarada, inocente a los 17, lista para escapar de la isla rumbo al gran mundo de Chelmsford.
Tanya Loretta Dee y Simon Darwen. Foto: Pamela Raith
La obra funciona tan bien por su delicadeza. La escena final destroza el corazón porque los personajes no se rebelan contra la llegada de la noche y porque, como también dijo Dylan Thomas, el tiempo pasa. La directora Bethany Pitts deja que la obra respire; el ritmo es tan perfecto como las olas que oímos en la orilla, y el diseño es un triunfo: llena el espacio de estudio de tiempo y de vida, y la zona hundida no es solo un bote salvavidas, sino el hueco que siempre se abre entre los personajes. Es un comienzo excelente para la temporada Mercury Originals, y te animo a conseguir una entrada antes de que tengas que pelear por una.
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