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RESEÑA: Un Cuento de Navidad, Lost Theatre
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Por
julianeaves
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Canción de Navidad
LOST Theatre
Jueves, 22 de diciembre de 2016
Este año, el emprendedor y acogedor teatro LOST de Wandsworth Road lleva a escena esta eternamente popular historia de fantasmas de Dickens en una producción amateur muy cuidada. La elección es interesante. Esta versión fue creada a principios de los 90 por Mike Ockrent y Lynn Ahrens para Radio City Productions, concebida para el inmenso escenario del Madison Square Garden, con música de Alan Menken y letras de Ahrens. La producción original, repuesta durante una década cada Navidad, fue dirigida por Susan Stroman. Combina escenas más íntimas con Scrooge conversando con distintos personajes —y, después, con apariciones— junto a números espectaculares para el conjunto y una orquesta enorme a todo gas.
Desde luego, no se trata de la película británica de 1970 con Albert Finney en el papel protagonista, convertida en musical escénico poco después del estreno de la versión de Ahrens, Mencken y Ockrent, con libreto, música y letras de Leslie Bricusse, con la que Tommy Steele ha estado de gira intermitentemente en los últimos años. No: para eso habrá que esperar a que Bill Kenwright saque la siguiente etapa de su recorrido por el país. Esta es la versión estadounidense, que además se ha visto muy recientemente en Londres; de hecho, fue solo a comienzos de esta semana cuando la disfrutamos en formato concierto de la mano de la London Musical Theatre Orchestra, con Robert Lindsay al frente, llenando el Lyceum Theatre en el día libre de 'The Lion King'. Y, de forma significativa, con la presencia de nombres como los anteriores en el papel principal, queda claro que esta es una historia que necesita carisma en su centro.
Esta producción del director artístico, Mark Magill, en colaboración con Martin John Bristow, fue un trabajo de conjunto, y Magill amplía ingeniosamente el espacio escénico más allá de la plataforma y hacia la platea con su lúgubre escena de calle (trasera) del primer periodo victoriano para dar cabida a su impresionante elenco de 22 intérpretes. Con vestuario de Magill y del coreógrafo James Thacker (que ofrece de todo, desde cuadrillas hasta claqué), la compañía encajaba a la perfección. Y Bristow lo iluminó con eficacia. El teatro se concibe como una organización comunitaria y esta producción lo demuestra claramente al atraer a un público amplio.
El reparto abarca desde miembros del LOST Youth Theatre (que ofrecieron interpretaciones admirablemente claras y seguras), jóvenes profesionales de la interpretación (con voces formadas y potentes y buenas dotes de baile), intérpretes más veteranos que regresan al teatro tras un paréntesis, y personas con amplia experiencia amateur que buscan dar el salto al ámbito profesional. Esto hace que la experiencia como espectador sea fascinante. La partitura es bastante exigente, con una cantidad muy elevada de números musicales; por lo general, el elenco se movió con más seguridad en los pasajes corales, aunque los jóvenes profesionales a menudo resolvieron con soltura las a veces complicadas líneas solistas. Se utilizaron pistas pregrabadas para acompañar a los cantantes (que a veces iban amplificados y a veces no).
Baste decir que el conjunto fue bien recibido por el público local, que acudió al teatro con su fiel aprecio y su buen talante.
(Dado el carácter amateur de la producción, no se otorgan estrellas.)
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