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NOTICIAS

RESEÑA: Graeme Of Thrones, Teatro Charing Cross ✭✭

Publicado en

8 de octubre de 2017

Por

julianeaves

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El reparto de Graeme Of Thrones Graeme Of Thrones 

Charing Cross Theatre

6 de octubre de 2017

2 estrellas

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Las parodias y los pastiches son muy divertidos, pero se dividen en dos categorías muy claras: los que se apoyan en historias que ya conoces y los que consiguen defenderse por sí solos aunque no estés familiarizado con la obra original que los inspira.  Este espectáculo, desde luego, no entra en la segunda categoría.  Sin un buen conocimiento de la interminable serie de televisión «Game of Thrones», no tendrás ni la más remota idea de quiénes se supone que son los personajes, qué están haciendo, dónde sucede todo esto, cuándo o —sobre todo— por qué debería importarte.  Y esa fue, tristemente, la posición en la que me encontré anoche, cuando me arrastré hasta el Charing Cross Theatre para ver la función de las 22:00 —sí, has leído bien—: 90 minutos de agotador recorrido por las incomprensibles peripecias de un puñado de figuras completamente impenetrables.

Ahora bien, pude observar con facilidad que había un buen número de espectadores a mi alrededor en la sala que claramente «pillaban» las interminables referencias televisivas y se reían de vez en cuando con la caricatura de saldo de sus originales ficticios.  Si eres de los suyos, no te regateo ni por un instante tu conocimiento superior.  Ve y ríete con ellos.  Pero si no sabes ya bastante del programa —90 minutos no es precisamente una porción pequeña de tu noche—, yo me pensaría muy seriamente si merece la pena arriesgarse.  Los autores de este entretenimiento no han encontrado la manera de hacerlo «accesible» a los no iniciados: los avatares de ese inmenso plantel de personajes que entran y salen del escenario del Charing Cross Theatre se quedan, para ellos, en tierra de nadie.

Los lectores habituales de mis críticas (¿hay alguno?) quizá conozcan mi costumbre —es más, mi debilidad— de mencionar por su nombre a cuantos participantes pueda en cada espectáculo que voy a ver, y de etiquetar sus esfuerzos, buenos, malos o indiferentes, con versiones por lo general bastante bien escritas de sus apellidos.  Pues bien, en este caso eso no va a ocurrir, principalmente porque ni yo ni el resto del público recibimos ninguna información por escrito sobre de quién era el trabajo que estábamos viendo.  Me pareció extraño.  Quiero decir: ¿cuánta gente trae un espectáculo al West End y luego hace todo lo posible por ocultar la identidad de quienes participan y de los responsables?  Muy pocos.  ¿Y qué clase de gente haría algo así?  ¿Qué podría motivar semejante secretismo?  Solo cabe preguntárselo… y uno se lo pregunta.

Lo único que sé es que vi a tres personas sobre las tablas.  Había un hombre alto y moreno, con bigote y una voz de formación clásica.  Bien podría estar en «Showstopper» haciendo de «director», y sospecho que quizá lo haya visto en un papel así no muy lejos del CXT.  Luego estaba una mujer, menuda y elegante, que probablemente fue quien mejor trabajo hizo de la noche al intentar que su material funcionara con ignorantes desconcertados como yo.  Le ayudó mucho su capacidad para «conectar» con el público, no solo mediante el único —y bastante logrado— momento de participación del público, que ejecutó con aplomo, creando una especie de «experiencia compartida» para quienes, como yo, nos sentimos horriblemente excluidos de la gran mayoría de lo que se decía o hacía en escena.  Y después estaba su comparsa, otro chico, al que —de nuevo— puede que haya visto o no en otra cosa, y que se defendió con bastante simpatía como el «underdog».  Ojalá hubiera podido entender de qué iba todo esto.  Este es un espectáculo que, si alguno lo es, clama desesperadamente por un «narrador» que tienda un puente entre el jolgorio de la acción y los pobres diablos que van al teatro —imagínate— ¡sin haber hecho los deberes!

En cuanto a quiénes puedan ser el/los guionista/s, director/es, productor/es, diseñador/es, etc. de este invento, no tengo ni la más remota idea.  Es una pena, porque aparecen algunos objetos de atrezzo muy logrados a través de la pared trasera rasgada de una tensa cortina blanca, incluidos unos títeres atractivos; me gustaría que el público supiera a quién hay que agradecerle eso.  Hay —mucha— música atronadora, que puede o no proceder de la banda sonora de la serie.  Sobre ese asunto, en el texto hay varias referencias punzantes a abogados, derechos de autor y litigios, y no es descartable que la ausencia total de «nombres» localizables en cualquier lugar en relación con este espectáculo tenga algo que ver con el temor a posibles acciones civiles.  Así que, si eres un abogado emprendedor, con ganas de labrarte un nombre, o con clientes que —piensas— merecen un trato mejor por su trabajo ya de por sí excesivamente bien pagado para HBO (de donde procede la serie, y lo digo en comparación con lo que gana la gente que trabaja en el teatro), entonces este show podría merecer una visita investigadora.

Por lo demás, es estrictamente para adictos.

ENTRADAS PARA GRAEME OF THRONES

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