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RESEÑA: Unexpected Joy, Southwark Playhouse ✭✭✭✭
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sophieadnitt
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Sophie Adnitt reseña Unexpected Joy, un nuevo musical de Bill Russell y Janet Hood que se representa actualmente en el Southwark Playhouse.
El reparto de Unexpected Joy. Foto: Pamela Raith Unexpected Joy Southwark Playhouse
Cuatro estrellas
Reservar ahora Ambientada en Provincetown, Cape Cod, Unexpected Joy sigue una semana en la vida de tres generaciones de mujeres. Rachel, esposa de un tele-evangelista televisivo de extrema derecha, ha llevado a su hija Tamara a visitar a su abuela (o «glam-ma»), la estrella del pop baby boomer Joy. Como una de las dos mitades de Joy and Jump (Jump, el difunto padre de Rachel), Joy fue una sensación musical y ahora está preparando un concierto homenaje un año después de la muerte de Jump. Rachel lleva tiempo desaprobando el estilo de vida medio hippie de su madre: fumar marihuana, participar en protestas feministas y, sobre todo, no haberse casado nunca con su padre. Pero en esta visita Joy tiene un secreto que compartir con su hija tan estirada y su nieta rebelde. Por fin se casa. Con una mujer.
Janey Fullerlove (Joy), Kelly Sweeney (Tamara), Jodie Jacobs (Rachel) en Unexpected Joy. Foto: Pamela Raith
El libreto de Bill Russell se mantiene en un tono ligero, pese al potencial para el melodrama. Los cuatro personajes están bien construidos, alternando facetas entrañables con otras menos amables. A pesar de las opiniones antagonistas de Rachel, resulta refrescante que nunca se la presente como una villana sin matices; y, a la inversa, Joy tampoco aparece como una santa que todo lo sabe. Pese a lo reducido del elenco, en ningún momento da la sensación de que falte alguien; se insinúa lo suficiente un mundo más amplio fuera de las escenas. Incluso la banda, liderada por Gareth Bretherton, se integra en la acción como los músicos de Joy, recibiendo a Tamara y Rachel con asentimientos tranquilos y silenciosos. Y además es desternillante. Los silencios tensos entre familiares enfrentados se estiran hasta el límite y el público se parte de risa durante la mayor parte de la velada. Unas cuantas referencias modernas, sorprendentemente bien medidas, traen la acción totalmente al presente, y en conjunto el texto resulta cálido y cercano.
Melanie Marshall (Lou) y Janet Fullerlove (Joy) en Unexpected Joy. Foto: Pamela Raith
La escenografía sencilla de Verity Johnson permite que la acción se desplace con fluidez de un tiempo a otro y de un lugar a otro, con algunos toques boho que sugieren el interior retro de la casa de Joy. Esa sencillez también deja que las interpretaciones se lleven el protagonismo… y vaya si lo hacen.
Melanie Marshall, como Lou —la prometida activista y feminista de Joy—, es una delicia cómica, con algunas frases dolorosamente graciosas, y además cuenta con una gran voz, plena, que las acompaña. Su interpretación de She’s Got a Mind of Her Own es una presentación fantástica del personaje: segura de sí misma y con la dosis justa de autoconciencia. Jodie Jacobs es otro de los grandes aciertos, logrando incluso que empaticemos con la estricta Rachel en medio de unos potentes agudos que levantan el patio de butacas. En su debut profesional, Kelly Sweeney está más que a la altura como la hija Tamara. Y Janet Fullerlove, como Joy, es divertidísima: atrapada entre la espada y la pared, liándose un porro con total naturalidad a mitad de canción y apareciendo en el ensayo con resaca tras una noche desastrosa.
Janet Fullerlove como Joy en Unexpected Joy. Foto: Pamela Raith Las canciones son irregulares; el tema homónimo, utilizado primero como dúo y después como reprise final, es maravillosamente pegadizo. Los números de Joy and Jump capturan ese aire sesentero y lucen muy bien las voces del reparto. Like a Good Girl, la canción que compone Tamara —aspirante a compositora—, es un temprano deleite cómico que se recrea en la desfachatez. Sin embargo, cuando la obra se vuelve más introspectiva y los personajes cantan sus pensamientos en lugar de actuar, las rimas simples y las estructuras básicas se hacen mucho más evidentes. Los números «en concierto» funcionan muchísimo mejor. Además, para una duración de 100 minutos, hay demasiadas canciones metidas con calzador. En conjunto, es una pieza cálida e ingeniosa, que explora las dinámicas de generaciones cambiantes sin la angustia innecesaria que tan a menudo se le añade. El hecho de que sea tan centrada en lo femenino es un componente clave de su atractivo: ver historias de madres e hijas en primer plano, en lugar de las de padres e hijos, es un cambio estupendo. El final queda bastante abierto, pero de una manera prometedora y esperanzadora. A pesar de sus defectos, Unexpected Joy es una sólida nueva propuesta dentro del teatro musical y, con un poco de pulido, podría convertirse en una pequeña joya.
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