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Estado, Festival Pulse, Teatro New Wolsey ✭✭✭
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Por
douglasmayo
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Paul T Davies reseña Status, de Chris Thorpe, que se presenta como parte del Pulse Festival 2019 en el New Wolsey Theatre.
Chris Thorpe en Status. Foto: The Other Richard Status
Pulse Festival en el New Wolsey Theatre.
30/5/19
3 estrellas
Inaugurando el Pulse Festival, Status, de Chris Thorpe —desarrollado junto a y dirigido por Rachel Chavkin— es un espectáculo sobre un hombre que ya no quiere su nacionalidad ni su estatus; un hombre que desea escapar del relato nacional y de las construcciones culturales que le han sido impuestas. Thorpe, que es un narrador muy cautivador, nos dice que esto no es una obra sobre el Brexit, aunque arranca la noche del referéndum y cuestiona de forma constante la percepción de lo “británico”; y que el personaje, aunque se llame Chris, no es el propio Thorpe.
En un prólogo de la pieza, Thorpe relata una visita a Croacia, donde vio cómo dos policías propinaban una paliza a un hombre en un pub. Quizá con poca prudencia, Thorpe intervino, y se libró de que le pegaran únicamente por el hecho de ser británico —y, además, británico blanco—. El personaje Chris es un hombre con dos pasaportes (legalmente), y los va recogiendo para recorrer el mundo en lo que está claro que es un relato disparatado, casi una historia de “coyote”, intentando enterrar sus pasaportes en el desierto navajo, conociendo a un hombre apátrida en una torre de pisos horriblemente comercial en Singapur, hablando con un coyote que en su día fue residente de la Alemania del Este, y descubriendo que recortes de cartón son los espíritus de migrantes ahogados en el mar.
Chris Thorpe en Status. Foto: The Other Richard
Entre medias se intercalan canciones, que me recordaron al gran Billy Bragg, y la pieza es muy sólida al explorar países perdidos, nuestra propia y enmarañada historia de Imperio e invasión; además, el diseño gráfico y de vídeo crea un telón de fondo soberbio para la narración de Thorpe. Sin embargo, al final tuve la sensación de que al espectáculo le faltaba un punto de peligro y de confrontación directa: el personaje ve el programa de televisión Jeopardy, pero nunca parece estar en verdadero peligro, y se marcha con dos pasaportes y regresa con ambos. Sí plantea con eficacia que el estatus es una cuestión de privilegio, no de pasaporte, pero se me hizo una exploración demasiado larga de un relato surrealista.
PULSE FESTIVAL 2019
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