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PRÓXIMAMENTE: The Break - un nuevo musical

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Por

julianeaves

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El descanso Arts Theatre,

Viernes, 6 de octubre de 2017

Vista en una lectura dramatizada sobre el propio escenario de la producción actual de la sala principal, 'The Toxic Avenger', Aria Entertainments de Katy Lipson ofreció una muestra más ambiciosa de lo habitual para este texto, que le llegó en la última ronda de propuestas de 'From Page To Stage'.  Y, en efecto, a diferencia de la mayoría de las obras que llegan a ese festival, esta pieza está más completa, más cerrada y lista para ponerse a prueba en un escenario a plena escala, como obra independiente y no como parte de un programa más amplio y variado.

Se trata de un musical de larga duración, ambientado en Irlanda del Norte y centrado en las tribulaciones de una familia corriente, una que exhibe rasgos que a menudo se entienden como típicos de los hogares irlandeses: un padre bravucón pero sentimental; una madre dócil, más bien pasiva; un hijo rebelde e iconoclasta; una hija apasionada y decidida.  Hay un elemento externo aquí: el hijo viene acompañado de un “amigo”, y, en un giro novedoso —quizá un guiño a la contemporaneidad—, el amigo es un hombre y además su pareja.  Pero, cuanto más nos adentramos en su historia, advertimos otro rasgo destacado: aunque procede de una tierra marcada por el sectarismo, este relato irlandés no parece identificar la afiliación religiosa de los personajes que conocemos o —si lo hace— no convierte ese dato en un elemento central de su pasado.  En su lugar, a través de una sucesión de escenas breves configuradas con bastante libertad, recorremos un periodo turbulento en sus vidas emocionales, en el que los obstáculos que deben superar nacen más de ellos mismos que de imposiciones externas.   Es un enfoque intrigante y poco habitual para contar historias en el teatro musical, y uno que constituye un proyecto fascinante para su desarrollo.  Reunido con brillantez en un tiempo récord por Bronagh Lagan, con orquestaciones, arreglos y dirección musical de Matthew Reeve (colaborador habitual de Dillon en estos apartados, y que trabaja en una hermosa sintonía con los objetivos y la sensibilidad del autor), iluminado con sencillez por Nic Farman y con el equilibrado diseño de sonido de Charles Parry, el resultado fue una lectura sólida y convincente.

Dicho esto, el mayor descubrimiento que nos ofrece está, sin duda, en el talento para componer canciones del autor del libreto, la música y las letras, Drew Dillon, un nombre ya familiar por sus trabajos como actor en exitosos espectáculos del West End como 'Warhorse' y 'The Play That Goes Wrong'.  Aquí demuestra los frutos de una habilidad más reciente y, al mismo tiempo, de un talento que empezó a cultivar en la adolescencia: escribir canciones.  Como compositor, se revela como uno de los mejores talentos que trabajan ahora mismo en el país: sus canciones poseen un atractivo inmediato y poderoso.  De carácter audaz, con un ritmo muy marcado, melodías elegantes y una voz madura y compleja tanto en el contenido como en el estilo de las letras, es un autor que, sin duda, será muy solicitado por los mejores artistas de escena y de estudio.

El reparto puede darse por afortunado de tener este material en sus carpetas de repertorio.  Lewis Cornay impulsa buena parte de la acción como el hijo dinámico, Ben, y cautiva con su magnífico tenor lírico, sacando mucho partido a sus escenas con su interés amoroso: el atractivo y dramáticamente creíble Nick de Edd Campbell Bird.  Las tensiones se encienden con frecuencia entre Ben y su hermana, Katie, encarnada por la presencia menuda y angulosa de Caroline Kay, que ofreció una lectura del papel finamente observada y sensible a sus muchos matices.  Como los padres, el patriarca gruñón, Patrick, cobró verosimilitud en manos expertas de Cornelius Clarke, con una admirable solidez y una estupenda interpretación vocal.  El espectáculo, sin embargo, parece reservar sus mejores momentos para la madre, Louise, que, pese a lo que ella misma protesta, parece el personaje más duro y resiliente del conjunto; y gracias a la expresión magistralmente trabajada de Shona White, con sus extraordinariamente bellas intervenciones, conmovió tanto los corazones como las mentes.

Es difícil adivinar cuál será el siguiente paso de este espectáculo: desde luego, hay mucha gente interesada.  Pero puedo decirles que Dillon apenas ha empezado a hablarnos a través de este medio: en estos momentos trabaja en otros dos montajes, tan distintos entre sí en enfoque y forma como lo son de esta primera declaración, fuertemente autobiográfica.  Qué alegría haber podido estar presentes en el lanzamiento de una carrera tan prometedora.  Sigan atentos a su evolución: verán —y oirán— maravillas.

(No se otorgan estrellas a obras en proceso.)

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