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NOTICIAS

RESEÑA: Todos a Bordo, Electric Theatre Guildford ✭✭✭✭✭

Publicado en

Por

julianeaves

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¡Todos a bordo!

Electric Theatre, Guildford

Jueves 25 de septiembre de 2016

5 estrellas

Alex Parker y Katie Lam forman una extraordinaria pareja de compositores para teatro musical: amigos desde la infancia, en los últimos dos años se han puesto a escribir canciones juntos, canciones que han ido creciendo hasta convertirse en espectáculos. Hace dos años estrenaron su primer show, 'Amateur Dramatics', con una producción amateur de gran nivel en el querido “territorio” de Alex: el encantador Electric Theatre junto al río. Tras un concierto de canciones para 'The Railway Children' y con un par de cientos de temas ya a sus espaldas, la colaboración se adentra en una etapa de desarrollo rápido y seguro. 'Amateur Dramatics' está a punto de entrar en un proceso de taller profesional. Y, justo a tiempo, llega su siguiente espectáculo de larga duración, presentado con aún mayor esplendor por equipos creativos y técnicos profesionales, además de banda. Los resultados son realmente impresionantes.

La acción transcurre en un crucero en 1975, poblado de personajes deliciosamente exóticos y divertidos, tanto entre la tripulación como entre los pasajeros. Es en el dibujo de personajes donde Parker y Lam brillan: 21 raros de distinta índole —cada uno un arquetipo sacado de la comedia británica “clásica”— desfilan por las cubiertas, los salones y los camarotes, y todos tienen una historia fascinante que contar. Es un espectáculo perfectamente concebido para lucir el talento de una compañía amateur entusiasta y ambiciosa, y aquí esa función se cumple de forma brillante, con una sensación de conjunto armónico creada por el constante cambio de foco de una trama a otra, sin permitir que ninguna domine sobre las demás. El intrépido dúo también produce su propio trabajo, pero lo hace con cuidado, respetando las convenciones y los códigos del mundo del que su arte ha surgido.

Su partitura, del mismo modo, se reparte de forma “democrática” entre el amplio reparto, otorgando sus encantos por igual a los variados recorridos emocionales de esta galería de números y personajes familiares. En ese sentido, recuerda a la comedia musical de corte clásico, basada en la revista; y no es de extrañar: a Alex y Katie les encanta ese formato y lo utilizan para describir lo que hacen. Y funciona. Les permite crear números musicales sencillamente preciosos, que expresan con delectación las expectativas y la emoción, los amores y las frustraciones, las pérdidas y los arrepentimientos, en la comedia de la vida. Aquí, la lista de canciones ofrece melodías especialmente bien trazadas, con letras ingeniosamente variadas y a menudo conmovedoramente eficaces.

La apertura, de aire himnótico, 'The Most Wonderful Ship', está puesta en escena con aplomo de West End y señala la capacidad de estos autores para apuntar al ámbito comercial. Le sigue una ristra de números de personaje —el contundente 'I Want More' del propietario del barco, la ingeniosa canción-lista de conjunto 'Take It In' y el sorprendente dúo 'It's Not The Same'— que subrayan la versatilidad de este equipo de escritura. La obra sigue abarcando variantes como el número disco que se roba el show, 'Close The Door', y el exquisitamente agridulce “once o’clock number” 'It Doesn't Matter Now': como tarjeta de presentación artística, difícilmente podrían haber ideado algo mejor. Esta propuesta musical está muy por encima de buena parte de lo que logra abrirse paso en el mercado.

La diferencia está en el libreto. Katie tiene un oído precioso para el diálogo y su texto siempre da gusto escucharlo: además de saquear 'Anything Goes' o 'The Gay Divorce', bebe de las comedias de Ealing, las películas de Carry On, las sitcoms y cómicas como Victoria Wood, y con alegría dobla y moldea los tópicos, los giros, los modismos y el vocabulario para ajustarlos a sus propias necesidades. Es divertidísimo dejarse llevar por el viaje que propone. Maneja un reparto enorme de personajes igual de atractivos, y cualquiera de ellos podría ser —cuando toma la palabra— el personaje más maravilloso del relato. Y cada uno tiene mucho que decir, lo que se nota en la duración total: para una comedia musical ligera, es generosa.

Sospecho que, si y cuando el equipo decida que está listo para entrar en la liga profesional —y parece que ese momento no queda lejos—, sabrán exactamente cómo hacerlo. Son auténticos currantes del teatro. Alex, con su trayectoria como director musical muy respetado en un amplio abanico de títulos del repertorio (actualmente de paso por el Queen's con Les Mis), y Katie, con su experiencia en el mundo empresarial: son gente que sabe sacar el trabajo adelante.

Mientras tanto, tenemos esta producción deslumbrante de Charlotte Conquest, llena de caracterizaciones milimétricas y transiciones fluidas, con la ayuda de Indiana Collins. La estética está diseñada e iluminada con elegancia por el ingenioso Declan Randall. Jordan Lee Davies sale airoso en su debut como coreógrafo, con el eficaz apoyo de Jessica Burrage. Sara Scott evoca con gusto los looks de los 70 en sus muchísimos, muchísimos vestuarios, y Sam Cox y Lauren Appleby cargan con la ardua tarea de acertar con el pelo y las pelucas —y lo consiguen. El sonido, estupendamente generoso, es de Andrew Josephs, y a través de él escuchamos no solo las maravillosas voces del elenco, sino también las orquestaciones de Martin Higgins: Martin es “el tercer hombre” de este magnífico tándem creativo, y aquí su trabajo suena espectacular en manos de una banda reunida por Parker con algunos de los mejores jefes de sección del West End: no se oyen muchas bandas profesionales tocar tan bien como esta, y menos aún bandas amateur.

Y la compañía, entregando toda su energía por una canción y un baile, hace de esto la maravilla que es: una noche de juerga y, además, un hito en el desarrollo de otro gran equipo británico de escritura para teatro musical. ¿Hacia dónde irán después?

Fotos: Darren Bell

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