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RESEÑA: Killer Joe, Trafalgar Studios ✭✭✭✭
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Por
pauldavies
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Paul T Davies reseña a Orlando Bloom en Killer Joe, de Tracy Letts, actualmente en cartel en Trafalgar Studios, Londres.
Orlando Bloom como Killer Joe Cooper. Foto: Marc Brenner Killer Joe Trafalgar Studios
5 de junio de 2018
4 estrellas
Los llaman “basura de parque de caravanas”: estadounidenses que se han quedado fuera del Sueño Americano y han acabado estrellándose contra el asfalto agrietado de los cimientos de la sociedad. Chris ha urdido un plan para hacerse con la herencia de su madre, que cree que irá a su hermana Dottie, a quien su madre intentó asesinar cuando era un bebé, dejándola supuestamente con daño cerebral. (Aunque es bastante más inteligente que su hermano.) Tras convencer a su padre, Ansel, se ponen en manos de Killer Joe Cooper, un detective que, como trabajo extra, también mata por encargo. Les perdona el pago y pide a Dottie como “adelanto”. Claro, cuando el dinero no llega, Killer Joe empieza a desatar su venganza sobre la madre de todas las familias disfuncionales.
Orlando Bloom como Killer Joe Cooper. Foto: Marc Brenner
El gran reclamo aquí es Orlando Bloom, y no podría haber elegido un papel más perfecto para sacudirse su imagen impecable y heroica de las sagas cinematográficas. Sórdido y violento, Bloom domina el escenario sobre todo a través de la quietud y de movimientos depredadores, de acecho. Impone desde la calma: este hombre no se va a ninguna parte; incluso cuando aparece fugazmente desnudo, se toma su tiempo para salir de la habitación, y la familia se va aterrando cada vez más. Aunque vocalmente se mantiene un poco en un solo registro (un poco más de variación entre ternura y violencia enriquecería aún más el personaje), sostiene la atención del público de principio a fin. Como Dottie, Sophie Cookson está magnífica, proyectando vulnerabilidad e inocencia y, a la vez, acertando de lleno con los matices de inteligencia. Adam Gillen chisporrotea de energía, igual que las luces que no dejan de saltar en la caravana; Neve McIntosh clava a la bocazas y manipuladora madrastra Sharla; y Steffan Rhodri está excelente como el padre, Ansel, sin demostrar jamás afecto de manera consciente.
Adam Gillen y Steffan Rhodri como Chris y Ansel Smith en Killer Joe. Foto: Marc Brenner
Parte del simbolismo es un poco demasiado evidente —por ejemplo, cómo parpadean las luces cuando Joe deja salir a su depredador sexual—, y la iluminación resulta algo excéntrica por momentos. Pero la música es excelente, encaja a la perfección con la acción, y el magnífico diseño de escenografía de Grace Smart es claustrofóbico y acerca el patio de butacas a lo que ocurre.
Orlando Bloom como Killer Joe Cooper y Sophie Cookson como Dottie Smith en Killer Joe. Foto: Marc Brenner
Mientras algunos dramaturgos contemporáneos parecen rehuir las situaciones confrontativas que ellos mismos plantean, la obra de Tracy Letts, escrita en 1993, va directa a la yugular. Es una pieza inquietante; su humor es de un negro antracita y, si no te sientes incómodo viendo la actitud de Joe hacia las mujeres y la violencia, quizá debas revisar tu brújula moral. Letts complica aún más nuestra reacción al convertir a Joe en la única persona capaz de ofrecer a Dottie salvación y rescate. La comida de pollo para llevar es la cena más tensa y absorbente desde que los Macbeth invitaron a unos amigos a cenar, y la dirección certera de Simon Evans estira la tensión hasta un final tan hilarante como electrizante, que alcanza niveles griegos de tragedia y comedia familiar. Letts hace saltar por los aires el mito de que la familia es un sistema basado en el amor incondicional y el apoyo, y de que el hogar es un santuario. Absorbente y divertidísima, ¡esta reposición de un clásico del teatro estadounidense es imprescindible!
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