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RESEÑA: Miss Hope Springs - De Las Vegas a Weimar en The Two Brewers ✭✭✭✭✭
Publicado en
10 de marzo de 2018
Por
julianeaves
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Miss Hope Springs: de Las Vegas a Weimar
The Two Brewers
23 de febrero de 2018
5 estrellas
Hope Springs es el Rolls-Royce de los números drag, no solo por su habilidad para cocinarse todo el material ella misma —en especial las canciones, exquisitamente trabajadas y pegadizas—, sino también por las ingeniosas, meditadas y plenamente realizadas puestas en escena que imagina como vehículo para cada espectáculo. Da la impresión de que, a medida que pasa el tiempo, sus montajes están cada vez más desarrollados teatralmente: se alejan de la simple rutina de “chica al teclado que canta un par de cancioncillas y suelta algunos chistes rápidos y camp”, y se adentran más y más en una comedia basada en personajes y situaciones. La ilusión que se nos ofrece aquí es la de una veterana vedette de Las Vegas, venida a menos y varada en las desocupadas costas de Dungeness, a la que le proponen un puesto inesperado en Das Kabarett Vaudelesque, en Berlín: se hace la maleta con disciplina, se ciñe a toda prisa un impermeable oscuro, y nos lanzamos a un relato de sus luchas artísticas y personales en el corazón del cabaret y de las divisiones geopolíticas. En realidad, es todo una ilusión: todo es obra de Ty Jefferies, una presencia indomable en el escenario, con un apetito incansable por el trabajo duro y por el oficio.
Y, además, el resultado es divertidísimo. Desde el acertado arranque, ‘There Is Ever A Place To Wander’, un romántico levantatelón cromático al estilo de Jerry Herman, queda establecido un tono balanceante pero agridulce. Después entra en juego la narrativa y pasamos a una canción de “yo quiero”: ‘I Want To Sing In A Berlin Cabaret’. Esto pisa claramente el terreno del teatro musical; lo que ocurre es que está en manos de una sola intérprete. Para quienes la hayan visto en otros trabajos, aquí no hay trío: solo un par de manos hábiles y una sencilla Joanna. Y es todo lo que necesitamos (aunque resulta facilísimo imaginar estos números con un tratamiento más grande —y más caro—: son endiabladamente buenos). Pero así es como a menudo se ve a Hope Springs: tanto en locales glamurosos y deslumbrantes como en bares gais cutres.
El chiste aquí es que el Muro de Berlín atraviesa el local de lado a lado. Hope aparece por la parte de Berlín Oeste, donde nadie la conoce, pero el personal, malencarado, sugiere amablemente que quizá podría probar en el ala de Berlín Este del club. Y así, descarada y emprendedora, cruza el Muro, con todo el atuendo, ¡casi la única persona que ha “escapado” de Berlín Oeste para entrar en la RDA! Se presenta en la puerta de artistas de DKV-Ost, donde la recibe el portero alto, altísimo, y robusto, robustísimo (sabemos el tipo: lo hemos visto por Berlín, oh, tantísimas veces): Hans Zoff. Este nombre tan oportuno es puro material de Carry On... y hay más, muchísimo más, del mismo calibre por venir. Una sencilla chanson réaliste nos conduce a entender mejor a quién podríamos encontrar y qué podrían estar haciendo en ‘Das Kabarett Vaudelesque’.
Tras unas peripecias entretenidas con una maleta y un cambio de boas, y el colocarse un sombrero de copa con un aire muy vivaracho (sí, SÍ sabemos quién solía llevar uno de esos), nos lanzamos a una especie de versión de lectura poética —lejos del piano— de ‘Marlene Stole My Act’, una revelación de Fifi, una de las intérpretes veteranas del nuevo lugar de trabajo de Hope. Es un relato de arrepentimiento doloroso, como buena parte del material de Hope, pero —igual que en las letras de Lorenz Hart— la pura belleza, lo hermoso del giro de las frases, el entretejido de las rimas, eleva el contenido por encima de cualquier atisbo de sentimentalismo: hay tanta alegría en la escritura, tanta energía, que es imposible que te deje hundido.
Luego llega una encantadora canción “de lista”: ‘I Love Berlin’, que en realidad trata de casi cualquier sitio EXCEPTO de esa ciudad. Da igual. Es ingeniosa, y un preludio bien rematado para las elegantes tristezas de ‘My Friend The Moon’, un número de una melancolía tan exquisita que conquista los corazones de todos los presentes. Después, avanzamos a paso lento por otro pellizco de poesía, esta vez a la manera de Gertrude Stein: ‘The Obitch-uary Of Tilly Losch’. Y a continuación suena un número de un espectáculo titulado ‘Baby Steps’: ‘Wanda’ es un retrato de personaje de juventud disipida; una historia endeble, sí, pero forjada con el hierro de la voluntad creativa de Hope. Sigue más música: el hermoso fox-trot lento de ‘Joe’, ejecutado con una asombrosa doble boa (suena a movimiento de patinaje sobre hielo, y es igual de complicado de clavar). Y en poco tiempo, como es natural, es el marido distanciado, Irving, desde un parque de caravanas en Dungeness, quien rescata a nuestra heroína de su encierro en el infierno del realismo socialista; y entonces toca decir Aufwiedersehen a este lugar tan encantador... y colar de forma sigilosa una última reaparición del tema marca de la casa de Hope: ‘The Devil Made Me Do It’.
¡Wunderbar!
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