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RESEÑA: On Blueberry Hill, Trafalgar Studios 1, Londres ✭✭✭✭✭
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pauldavies
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Paul T Davies reseña On Blueberry Hill, una obra de Sebastian Barry que se representa actualmente en Trafalgar Studios, Londres.
Miall Buggy y David Ganly en On Blueberry Hill. Foto: Marc Brenner On Blueberry Hill
Trafalgar Studios
11 de marzo de 2020
5 estrellas
Sebastian Barry es uno de los mejores escritores de Irlanda; autor de numerosas novelas galardonadas. A raíz de que su hijo le confesara su orientación sexual, Barry le regaló (y nos regaló) la hermosa novela Days Without End, un libro sobre el triunfo, contra todo pronóstico, del amor gay. Sus personajes son humanos, imperfectos y a menudo quedan aplastados por sus propias inseguridades y por la educación que han recibido; escribe para el escenario de forma intermitente, ¡y quizá no tan a menudo como nos gustaría! On Blueberry Hill presenta a dos hombres, Christy y PJ, que comparten una celda de prisión, unidos por la muerte en las circunstancias más terribles, y que sienten amor el uno por el otro. Aunque no es una obra LGBTQ en sentido estricto, es un triunfo de la reconciliación y la comprensión que persisten.
David Ganly. Foto: Marc Brenner
Los personajes hablan en monólogos alternos, sin mirarse a los ojos hasta los últimos segundos de la obra. A medida que avanzan sus historias, comprendemos que están ofreciendo sus confesiones finales, a nosotros, su público y su sacerdote. PJ revela su amor por un joven y las circunstancias trágicas que le han llevado a estar en la celda, así como la homofobia interiorizada que le hizo pronunciar tres palabras ante dos testigos y que desembocó en una condena severa. Que el chico fuera el hijo de Christy y que su venganza consistiera en asesinar a la querida madre de PJ amenaza con llevar la obra hacia el melodrama, dadas las poco probables circunstancias de que ambos compartan celda.
Niall Buggy. Foto: Marc Brenner
Que ese melodrama no asome su arrepentida cabeza se debe a las soberbias interpretaciones, al sutil y doloroso diálogo de Barry —la pérdida llena la oscuridad entre los hombres— y a la magnífica producción de Fishamble, bellamente dirigida por Jim Culleton. Naill Buggy está, como siempre, excelente en el papel de Christy, el más práctico de los dos, hijo de un calderero ambulante, pragmático, pero con el corazón a rebosar de amor y también de ira. Fue un padre que acompañó a su hijo al baile del pueblo y esperó allí, para que su hijo pudiera bailar sin miedo a sufrir una paliza por ser gay. David Ganly está igual de formidable como PJ, el hombre callado, con la fe puesta a prueba y un amor que nunca se olvida. Ambos se mueven con total soltura en el intrincado diálogo de Barry, sin sobreactuar jamás el vínculo que une a los dos hombres. Con su litera como prácticamente el único elemento de escenografía y utilería, mantienen una serena majestuosidad sobre el público: interpretaciones hipnóticas atravesadas por ese humor irlandés tan característico.
Niall Buggy y David Ganly. Foto: Marc Brenner
A medida que se acerca la amenaza de que PJ consiga la libertad condicional, los hombres se dan cuenta de que no pueden vivir el uno sin el otro, y acuerdan un pacto que nos brinda el desenlace más conmovedor, interpretado con una sensibilidad extraordinaria. Sin distracciones, esta es una obra donde el poder del relato triunfa, al invitarnos a su mundo y a su historia. Muy recomendable.
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