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NOTICIAS

RESEÑA: Reality, Ovalhouse ✭✭✭

Publicado en

15 de junio de 2015

Por

danielcolemancooke

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Reality. Foto: Richard Davenport Reality

Ovalhouse

11 de julio de 2015

3 estrellas

A los adolescentes de hoy se les suele describir como la primera generación que ha crecido con realities en la tele a todas horas. ¿Quién mejor, entonces, para interpretar una exploración distópica de los peligros de la búsqueda de la fama que The Bridge Theatre Company, un grupo de jóvenes actores en ciernes?

Reality sigue a un grupo de chavales hambrientos de fama que reciben una última llamada para The Hostage, un nuevo reality en el que esperan acercarse a la fama y la fortuna. Los aspirantes a estrella son sometidos a una serie de pruebas cada vez más sádicas e inquietantes por el productor desquiciado Oscar (Jack Stimpson), con el fin de demostrar que tienen lo que hace falta.

El productor infernal de Stimpson es hipnótico y se vuelve más retorcido e imprevisible a medida que avanza la obra. Muchos de los momentos más potentes llegan cuando los personajes están verdaderamente bajo presión: obligan a los aspirantes a realizar tareas humillantes, a volverse unos contra otros y a someterse a un escrutinio brutal. Pronto, las historias cuidadosamente construidas de los personajes empiezan a venirse abajo gracias a una serie de revelaciones impactantes.

Aunque es una obra que a ratos brilla, el texto (un encargo original de la muy apreciada Georgia Fitch) resultaba bastante irregular. Quizá, en un mundo en el que de algún modo ya vamos por la decimosexta edición de Gran Hermano, la mayoría del material cómico y dramático sobre la telerrealidad ya se ha explotado (I Can’t Sing, Black Mirror, Game, incluso El show de Truman). Como consecuencia, es un auténtico reto dar con algo que se sienta fresco y incisivo: las historias lacrimógenas, las premisas absurdas y la explotación de lo “real” casi han pasado ya de la parodia. Por eso, aunque la obra por fin estalla en vida cuando aparece Oscar, las escenas iniciales sí se notaban un poco manidas.

Aunque es totalmente comprensible dada la naturaleza del proyecto, el número de personajes del elenco también fue en cierto modo un lastre. Gran parte de la “audición” transcurría con doce personajes distintos en un escenario muy pequeño. Además de que a menudo había personajes fuera de la vista del público, a algunos apenas se les daba tiempo o espacio para desarrollarse más allá de un estereotipo regional (algo que tampoco ayudaba, ya que se les mencionaba por su ciudad de origen). Se notaba que, conforme algunos de los personajes se iban cansando de su moderna cámara de tortura y abandonaban el escenario, la obra mejoraba como resultado (igual que el Gran Hermano real, si lo piensas…). Tras un segundo acto absorbente y tenso, Reality empezó a perder un poco el rumbo hacia el final, con un desenlace que no hacía verdadera justicia a la tensión previa.

Varios de los jóvenes y talentosos intérpretes de Reality han conseguido ofertas de prestigiosas escuelas de arte dramático, y no cuesta ver por qué. Las interpretaciones fueron muy sólidas en conjunto, con un reparto que mostró una capacidad increíble para los acentos (mención para la coach de dialecto Izo FitzRoy, que quizá nunca vuelva a tener que entrenar un acento de Grimsby). Todos demostraron una madurez y una profundidad notables en sus trabajos, y a menudo sobresalían al abordar temas realmente duros; por ejemplo, el monólogo de Scarlett (Nora Lempiere) sobre su reciente aborto, perfectamente medido. El mencionado Jack Stimpson tiene claramente un futuro prometedor, dando con la mezcla justa de exageración y escalofrío como antagonista de la pieza. Otros que llamaron la atención fueron Cameron Essam como el dulce rarito Darren, Kitty Archer como Anya, el desafortunado objeto de su afecto, y Louie Webb como Tyler, cuya fachada de tipo duro empieza a resquebrajarse cuando recibe una noticia demoledora.

La puesta en escena fue ingeniosa y eficaz de principio a fin, con un uso astuto de pantallas alrededor del escenario que acentuaba la sensación claustrofóbica de la obra. Las pantallas a menudo emitían imágenes en directo, y el reparto se turnaba para moverse con la cámara, creando un efecto dinámico fantástico. Se aprovechó al máximo en algunos de los momentos más logrados: una serie de clips muy bien construidos que ponían en cuestión nuestros prejuicios sobre los personajes. El diseño de sonido de Tom Hackley también merece una mención, con una banda sonora al estilo Gran Hermano que ayudaba a aumentar la tensión antes del espectáculo.

Reality es una producción de The Bridge Theatre Company, un curso gestionado por el departamento de teatro de la BRIT School. Está claro que es una iniciativa magnífica, que permite al alumnado trabajar con profesionales del sector para producir, montar y promocionar su propia obra. La pieza también ha contado con el apoyo económico de la Andrew Lloyd Webber Foundation. En un mundo en el que los realities ofrecen un camino más rápido y fácil hacia la fama, qué alegría ver a jóvenes actores en ciernes con las oportunidades y los recursos que necesitan para florecer de verdad. Aunque el texto no siempre tuvo ese “factor X”, desde luego es cierto que en la BRIT hay talento.

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