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NOTICIAS

RESEÑA: Los Jones Realistas, Teatro Lyceum ✭✭✭✭

Publicado en

Por

stephencollins

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Foto: Sara Krulwich The Realistic Jonses

Lyceum Theatre

13 de abril de 2014

4 estrellas

No recuerdo la última vez que se viera en Broadway una obra que jugara tanto con la forma del teatro dramático como The Realistic Joneses, un nuevo texto de Will Eno, que vive su estreno en la Gran Vía Blanca en el Lyceum Theatre, en una producción dirigida por Sam Gold.

Cuenta con un reparto estelar: Toni Collette, Michael C Hall, Tracy Letts y Marisa Tomei. Cuatro nombres enormes en el cartel deberían, en teoría, garantizar un volcán dramático infalible.

Eso cabría pensar.

Pero la gran virtud de esta obra es su capacidad para ser completamente cotidiana, para ocuparse de la minucia trivial de la vida diaria, a la vez que explora el terror lento y creciente de las enfermedades degenerativas que borran la mente y socavan el alma.

Y el gran regalo de la escritura es que la narración dramática se presenta de forma fragmentada y dislocada, ofreciendo la exposición lineal en pedazos quebrados. Mientras escuchamos los efectos de la enfermedad y los vemos desplegarse en la vida de los personajes, el público vive su propia experiencia sensorial, que le hace cuestionar lo que cree saber o lo que pensaba haber oído; le obliga a detenerse y replantearse acciones y reacciones y, poco a poco —y solo con la ventaja de la retrospectiva—, todo cobra algún tipo de sentido.

Eno se asegura de que, para comprender la miseria de una mente que desaparece, el público sienta que no ha estado prestando atención; la información llega revuelta, a menudo tantalizadoramente imprecisa, un torbellino de percepciones y pensamientos que nunca terminan de asentarse, que tiemblan y se desvanecen a medida que emergen nuevos datos.

Por suerte, el altísimo nivel interpretativo garantiza que este arriesgado juego con el público no se pase de la raya.

Cada intérprete está impecable. Nadie tiene un momento flojo ni una escena desafinada. Todo se ejecuta con precisión, oficio pulido y una sensación de grandeza. Esto último es crucial, dada la absoluta normalidad de las vidas de estas personas.

Porque, claro, las enfermedades de la mente alcanzan a todo el mundo, grandes y pequeños, y pueden ser devastadoras y humillantes sea cual sea la posición del que las padece. Tareas sencillas se convierten en obstáculos insalvables: recordar cómo caminar puede resultar tan difícil para un electricista enfermo como, con la misma intensidad, para un estadista.

Hay dos parejas en el centro de la acción: Collette y Letts (la familia Jones) y Hall y Tomei (otra familia Jones). Aparentemente no tienen nada en común salvo el vecindario, pero pronto se descubre que la cosa no es tan simple.

A lo largo de unos 100 minutos, en escenas a modo de breves viñetas de la vida de ambas parejas y de la manera en que se entrelazan o chocan, la obra ofrece un retrato realista de vidas vividas con capacidades cada vez más mermadas. Algunas escenas son horribles, otras son divertidas, y otras resultan tan incómodas y violentamente embarazosas como cualquier cosa que se pueda ver sobre un escenario.

Pero todo suena verdadero, es realista, tal y como sugiere el título de la obra.

Ninguno de los actores busca lucirse, ni intenta convertir la función en «su» función ni persigue el foco. Cada uno trabaja con los demás para que esta pieza difícil funcione. Todos están magníficos.

En términos de trabajo de conjunto, es difícil ponerle una pega. Cuatro retratos nítidos, limpios y concentrados de una vida perfectamente ordinaria que se agria; relaciones desgarradas por el dolor y el cuidado.

Algunos pasajes son bastante líricos, pese a su cotidianeidad, y es en la evocación global de esa sensación de pérdida de control que acompaña a las enfermedades degenerativas donde Eno brilla especialmente.

Es una obra difícil de amar, pero es inteligente e intrigante en todos los sentidos.

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