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RESEÑA: Bang Bang, Teatro Mercury ✭✭
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Por
pauldavies
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Bang Bang
Mercury Theatre, Colchester.
4 de marzo de 2017
2 estrellas
No cabe duda de que el Mercury, en su primera producción de Made in Colchester de 2017, dio un gran golpe al hacerse con la adaptación que John Cleese ha realizado de la farsa de Feydeau Monsieur Chasse. El propio Cleese también ha sido magníficamente activo a la hora de promocionar y apoyar el espectáculo, ayudando a elevar aún más el perfil de nuestro queridísimo teatro regional. Sin embargo, su implicación quizá también le haya hecho un flaco favor, al disparar las expectativas demasiado alto para lo que, en última instancia, es un ejemplo flojo del género de la farsa.
La trama —si es que puede llamarse así— gira en torno a aventuras extramatrimoniales que tienen lugar cuando el marido se va de caza (de “presa” femenina), y a lo que sucede cuando las parejas acaban coincidiendo en el mismo piso parisino para llevar a cabo esas actividades adúlteras. Hay muchas cosas admirables en la producción, sobre todo el excelente diseño escenográfico de David Shield: una preciosa recreación de época, con una revelación estupenda durante el cambio de escena entre el Acto I y el Acto II. De hecho, hay que felicitar al equipo al completo por una puesta en escena ajustada y muy eficaz. El reparto se deja la piel intentando que la función funcione. Richard Earl está estupendo como el Dr. Moricet: su desesperación por acostarse con alguien va en aumento a medida que avanza la obra, y sus intentos de borrar las huellas después están medidos al milímetro. Es un personaje muy Basil Fawlty, con la Leontine de Caroline Langrishe en modo Sybil; y, con Oliver Cotton interpretando muy bien a un Duchotel desconcertado, el trío central encaja. Peter Bourke ofrece una intervención deliciosa como Cassagne, y los apartes al público funcionan bien: cuanto más subidos de tono, mayores eran las carcajadas; quizá era un aspecto a desarrollar aún más. Lo mejor de todo es Jess Murphy como la criada Babette, compartiendo comentarios con complicidad con el público, y tocando el violín con gran belleza en ese inspirado cambio de escena entre el Acto I y el Acto II.
Y ahí está el problema. Si un cambio de escena es uno de los momentos más destacados de un espectáculo, entonces el texto está en apuros. Cuando entré en el teatro, fuera seguía siendo 2017. Y, sin embargo, viajé en el tiempo a ese tipo de teatro y de farsa que llenaba los escenarios hasta los años setenta. Hay hectáreas de exposición. Es una época en la que un hombre besando accidentalmente a otro se presenta como la máxima amenaza a la masculinidad. Una época en la que la misoginia abunda, tanto en la actitud general hacia las mujeres como, en concreto, cuando la Condesa revela que tuvo una aventura con un domador de leones porque, después de ver cómo pegaba a sus leones, le entró curiosidad por descubrir cómo pegaba a las mujeres. ¿En serio? ¿En 2017? Tampoco ha ayudado a esta producción que el actual megaéxito de farsa del West End, The Play That Goes Wrong, visitara este teatro hace apenas unas semanas, subrayando aún más lo arcaico que resulta este tipo de farsa.
Hasta el 11 de marzo de 2017
Fotos: Robert Day
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