NOTICIAS
RESEÑA: Cenicienta y la Judía Mágica, Teatro 503 ✭✭✭✭✭
Publicado en
4 de diciembre de 2015
Por
matthewlunn
Share
Cenicienta y la judía mágica. Foto: Jack Sain Cinderella and the Beanstalk Theatre503 29 de noviembre de 2015
5 estrellas
La pantomima tiene el potencial de ser singularmente insoportable. Los niños son críticos despiadados, y décadas de expectativas pesan mucho sobre las producciones flojas. El lugar que ocupa el género en la cultura popular británica hace que sea muy difícil que un espectáculo guste a todo el mundo: debe ser lo bastante original como para diferenciarse de cientos de otras pantomimas, pero también lo bastante inclusivo como para atraer a varias generaciones de familias. Lo maravilloso de Cinderella and the Beanstalk de Sleeping Trees es que no gira en torno a celebridades, chistes de actualidad ni una ristra interminable de dobles sentidos. En su lugar, disfrutamos de tres actores cómicos de enorme talento que, a la vez, subvierten y celebran el género, con resultados desternillantes. Cinderella and the Beanstalk combina las tramas de dos de nuestras pantomimas más perdurables, mientras mete en el escenario “tantos personajes de cuento como pudieran buscar en Google”. Joviales y con esmoquin, los autores (James Dunnell-Smith, Joshua George Smith y John Woodburn) abren la función explicando que su pieza mostrará el talento de docenas de intérpretes. El problema es que la única persona de la que se acordaron para contratar es Mark, el músico (Mark Newnham), así que solo les queda una opción: interpretar ellos mismos a todos los personajes y confiar en que, de algún modo, funcione. Eso marcó el tono de la gloriosamente absurda función que vino después.
Los tres actores están sencillamente magníficos: no solo sacan adelante su infinidad de papeles con gran ingenio y energía, sino que además son una compañía extraordinaria. Aunque la premisa central no domina la narración, sí da contexto al aire deliberadamente amateur de la producción. Asistimos a numerosas discusiones en pánico sobre quién hará tal o cual personaje, y las escenas inevitablemente caóticas que siguen no solo son hilarantes por sí mismas, sino que además presentan a los intérpretes con un encanto muy entrañable. Momentos como los intentos de Woodburn, él solo, de representar una conversación entre el Príncipe Azul y las dos hermanastras malvadas, o la liberación simultánea de los ocupantes de la prisión pantomímica de Rumplestiltskin, se ven potenciados por la absoluta expresión de desconcierto de los actores. Sumado a su ágil baile —la escena inicial en la corte del príncipe, hablando del próximo baile, marca el listón muy alto—, la función adquiere una fisicidad deliciosamente impredecible que enganchará por igual a pequeños y mayores.
Cenicienta y la judía mágica. Foto: Jack Sain
Aunque el slapstick, ejecutado con maestría, nos hizo a todos reír —desde la incapacidad de Smith para controlar su atrezzo de Rumplestiltskin hasta el absurdamente poco intimidante bosque “malvado” (“¡Oh no, un hombre cayendo!”)—, las carcajadas más sonoras llegaron con una serie de momentos cómicos al paso (y genuinamente sorprendentes). La cara de decepción de Woodburn cuando su príncipe se da cuenta de que se ha terminado su polo, el cameo de Dunnell-Smith como Campanilla (una Barbie con alas en un palo, presumiendo de un marcado acento cockney) y la canción bobalicona de Smith sobre el trabajo en equipo (“simple, pero imposible de mejorar”) son el tipo de escenas que te harán reír mucho después de que termine el espectáculo. Ya sea ayudando al nacimiento de una ternera, haciendo un animado baile navideño o recreando escenas clave de ‘Solo en casa’, su incontenible tontería garantiza que todos estemos dentro del chiste.
Como en toda gran farsa, la pieza está impecablemente coreografiada, y el atrezzo se utiliza con un efecto tremendamente divertido: la judía mágica en horizontal y el uso que hace Dunnell-Smith de un edredón enorme se quedarán grabados en la memoria. El alegre decorado en tonos pastel también es un valioso recurso cómico, tanto como paisaje onírico surrealista como arena en la que los intérpretes pueden saltar sin parar. Las puertas del lado izquierdo del escenario se aprovechan de maravilla: un actor puede irrumpir, rodar o arrastrarse por una y salir por la otra como un personaje distinto, para especial deleite del público más joven. Y, sin embargo, a la hora de crear las escenas, la mayor mención se la lleva el discreto músico de Mark Newnham. No solo demostró una habilidad excepcional con varios instrumentos, sino que su expresión permanente de terror contenido fue casi imposible de superar. Esto encaja de forma brillante con el final “con giro”, cuando las circunstancias le obligan a subir al escenario y llevar la pantomima a un desenlace felizmente disparatado.
Cinderella and the Beanstalk es una producción deslumbrantemente ingeniosa, repleta de chistes que disfrutará toda la familia. James Dunnell-Smith, Joshua George Smith y John Woodburn son talentos cómicos sublimes, con interpretaciones excepcionales que se ven realzadas por la coreografía y los deliciosos acompañamientos musicales de Mark Newnham. Llévate a los tuyos a verla, y te garantizo que lo pasaréis en grande juntos. Cinderella And The Branstalk se representa en Theatre 503 hasta el 2 de enero de 2016
Recibe lo mejor del teatro británico directamente en tu bandeja de entrada
Sé el primero en conseguir las mejores entradas, ofertas exclusivas y las últimas noticias del West End.
Puedes darte de baja en cualquier momento. Política de privacidad