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NOTICIAS

RESEÑA: Camino a las estrellas, Teatro Richmond (Gira por el Reino Unido) ✭✭✭

Publicado en

3 de septiembre de 2015

Por

matthewlunn

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Leon Ockenden y Olivia Hallinan en Flare Path. Foto: Jack Ladenburg Flare Path The Richmond Theatre, 2 de septiembre de 2015

3 estrellas

Comprar entradas La producción en gira de The Original Theatre Company de Flare Path viene a engrosar una década ya de por sí ajetreada para las obras de Rattigan. Desde 2010, After the Dance, Cause Celebre, The Browning Version, The Winslow Boy y la propia Flare Path han disfrutado de exitosas temporadas en el West End, y en 2011 se fundó la Terence Rattigan Society para celebrar la obra del dramaturgo. Son, como señala el programa, «firmemente ancladas en la época en la que fueron escritas y siguen siendo tan auténticas y emocionalmente cautivadoras como en el momento de su creación». Flare Path se escribió en 1941 y su impacto emocional se centra en los miedos y frustraciones que nacen de una guerra interminable, vistos a través de los ojos de tres matrimonios. Flare Path transcurre en el salón de residentes de un hotel de Lincolnshire. La llegada del galán de matiné angloamericano Peter Kyle (Leon Ockenden) provoca una ola de expectación entre los huéspedes, y especialmente en la actriz Patricia Graham (Olivia Hanninan). Esposa del teniente de vuelo Teddy Graham (Alistair Whatley), piloto en la cercana base de la RAF, Patricia se enamoró de Peter cuando trabajaron juntos en una obra. Siguieron enamorados después de su matrimonio y decidieron fugarse juntos tras reencontrarse en Londres. Sin embargo, sus planes se vienen abajo cuando el jefe de escuadrón Swanson (Philip Franks) anuncia una misión de bombardeo no programada, que Teddy y sus compañeros de la RAF, el conde Skriczevinsky (Adam Best) y ‘Dusty’ Miller (Simon Darwen), deben llevar a cabo. Mientras Patricia espera angustiada con Doris Skriczevinsky (Siobhan O’Kelly) y Maudie Miller (Shvorne Marks) el regreso de sus maridos, empieza a tener dudas, que alcanzan su punto álgido tras las consecuencias de la misión.

Leon Ockenden, Olivia Hallinan, Siobhan O'Kelly, Philip Franks, Shvorne Marks en Flare Path. Foto: Jack ladenburg

Uno de los grandes puntos fuertes de la producción fue su ambiente, impregnado de ansiedad pese al confort del hotel. El acogedor diseño de escenografía de Hayley Grindle era un refugio perfectamente materializado para los aviadores y los residentes civiles, salvo por el gran ventanal mirador, que ofrecía destellos del avance incierto de la misión. La ventana fue el foco de las escenas de apagón del acto 2: a ratos, intensamente iluminada y con las cortinas corridas; y en otros momentos, bañada por un crepúsculo frío. Este contraste construía una atmósfera casi purgatorial muy poderosa, acentuada por un diálogo eufemístico que trata la misión —«un asunto»— como si no fuese del todo real. Es como si el cielo representara un plano alternativo de existencia que, como insinúa Percy el camarero (James Cooney) en el acto 3, podemos elegir creer que encierra poco peligro. Y luego, cuando las duras realidades de la guerra quedan al descubierto, nos vemos obligados a desentrañar los mecanismos de supervivencia tanto de los pilotos como de quienes los quieren: un proceso fascinante y profundamente absorbente.

La constatación de Patricia de que su aventura con Peter es «pequeña y bastante barata» en comparación con el esfuerzo bélico resume la única debilidad realmente seria de la producción. Cuesta encontrar simpatía por Peter Kyle, y uno se pregunta por qué ella no llegó antes a esa conclusión. Ockenden capta muy bien el vacío en el núcleo de Kyle: el corazón corrompido de un actor en declive, obsesionado con su propia existencia. Sin embargo, su actitud engreída y a veces pueril con el resto de huéspedes diluye cualquier aura de estrella, y su sensación de derecho sobre el afecto de Patricia hace que apoyemos sin reservas a Teddy.

Siobhan O'Kelly y Leon Ockenden en Flare Path. Foto: Jack Ladenburg

De hecho, las cálidas interacciones de Patricia con su marido en el acto 1 quizá enmascaran en exceso sus problemas matrimoniales y, sumadas a la química irregular entre Hanninan y Ockenden, su apego a Peter a menudo resulta frustrante. No obstante, ambos intérpretes abordan estas tensiones en la segunda mitad de la obra. La súplica apasionada de Patricia para que Teddy vaya al médico tras su crisis después de la misión está magníficamente medida por Hanninan: tierna y aterrada a la vez. Por su parte, cuando Peter traduce una carta del conde Skriczevinsky para Doris, Ockenden lo presenta como el detonante de una revelación sobre su comportamiento: su voz se llena de una empatía recién descubierta y adopta un aire de introspección silenciosa. Aunque no es suficiente para cerrar del todo la relación entre Peter y Patricia, estas escenas aportan una pátina de emoción a la inevitable resolución del triángulo amoroso.

El Teddy de Alistair Whatley es la interpretación más destacada: un héroe con defectos, pero cercano, para sus hombres. El texto de Rattigan incluye un poco más de ensalzamiento del personaje de lo que a mí me gustaría —las descripciones constantes de la competencia y fiabilidad de Teddy dejan en mal lugar a Peter Kyle—, pero Whatley hace un trabajo formidable al contrapesarlo con destellos de autodesprecio y miedo, que afloran al final del acto 2. Simon Darwen y Philip Franks están también estupendos como Miller y el jefe de escuadrón Swanson. El aire de irritación perpetua de Miller no logra ocultar su afecto por su esposa —interpretada con gran sensibilidad por Shvorne Marks—, y su resignación ante su nueva vida está mediada por un fuerte sentido del deber. El jefe de escuadrón corre el riesgo de parecer una figura algo impotente —ya que no es piloto—, pero Franks resulta a la vez autocrítico y reconfortante, esforzándose constantemente por hacer lo correcto con los «hijos» sustitutos a su cargo y por sacar adelante, como puede, una situación maldita. Siobhan O’Kelly es una Doris de buen corazón y resistente, que transmite todo el peso de la pasión por su marido pese al escaso tiempo que este tiene en escena, y Stephanie Jacob es un placer como la arisca casera, la señora Oakes, perpetuamente atosigada pero con un profundo cariño por sus residentes.

Aunque el triángulo amoroso central de Flare Path puede resultar más distractor que convincente, en conjunto es una producción sólida, con un buen puñado de interpretaciones excelentes y una atmósfera admirablemente tensa. Si la gira pasa por tu zona, desde luego te recomiendo ir a verla. COMPRAR ENTRADAS PARA LA GIRA NACIONAL DE FLARE PATH

https://youtu.be/CtVdWmqU70k

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