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RESEÑA: Getting Better Slowly, New Diorama Theatre ✭✭✭✭
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Por
sophieadnitt
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Mejorando poco a poco New Diorama Theatre
3 de octubre
4 estrellas
Una mañana, Adam Pownall se despertó y descubrió que su cuerpo, lenta pero inexorablemente, empezaba a apagarse. Comenzó en las extremidades, antes de pasar al pecho, al rostro y, finalmente, arrebatarle la capacidad de hablar o incluso de parpadear. ¿El culpable? El síndrome de Guillain-Barré, una enfermedad rara que puede provocar parálisis completa a los pocos días de contraerla. Ahora, a través de una propuesta en gran medida física, Adam cuenta su historia. Hay ciencia para quien la quiera, pero también una enorme dosis de humanidad.
Además de ser el productor creativo, el propio Pownall protagoniza el espectáculo, aportando una sinceridad palpable y una vulnerabilidad entrañable al papel de «Adam», una versión ficcionalizada de sí mismo. Esto lo hace especialmente conmovedor cuando habla de su familia, en particular de la culpa de su madre por estar dándole la lata para que sacara la basura y del deseo desesperado de Adam de que su hermano deje de ser tan inusualmente amable y, por una vez, se ría de él y le tome el pelo como haría cualquiera.
El público empatiza y celebra su recuperación tanto como lo hacen las figuras de su relato y, aunque su mera presencia sobre el escenario ya desvela que se recupera, hay momentos de auténtica incertidumbre en los que incluso el patio de butacas olvida que la supervivencia de Adam está asegurada. Ayuda que tanto Pownall como su compañera de reparto, Kitty Randle, resulten enormemente carismáticos. La pareja aprovecha la intimidad del teatro para sostener la mirada del público, conectar con él e incluso dirigirse a él directamente.
Donde Pownall realmente brilla como artista, sin embargo, es al transmitir el dolor: un dolor físico, debilitante. Lo retrata de forma soberbia y hay instantes en los que parece a punto de desmayarse por la agonía insoportable que padece. Su fisicidad es extraordinaria, más aún cuando relata el estado de deterioro al que llegó su cuerpo durante una larga estancia en cuidados intensivos. La naturaleza física de la obra muestra otra victoria: Adam cuenta su historia a través del movimiento que le fue arrebatado.
Randle, que de forma destacada asume el papel de la enfermedad además de un amplio abanico de personajes secundarios, es como un duende malicioso, que se mueve a toda velocidad por el espacio y utiliza a Adam como si fuera un armazón para trepar. Un juguete. Como síndrome de Guillain-Barré, oscila entre deleitarse morbosamente con el sufrimiento que provoca y quedarse algo sorprendida por su propia fuerza, como una niña malhumorada que en el fondo nunca pretendió hacer daño a nadie… ¿o sí? Sea como sea, Randle ofrece una interpretación fascinante y está a la altura de la capacidad física de Pownall.
El texto de Nick Wood se nutre de horas de conversaciones grabadas con Adam, sus amigos y su familia. Por suerte, Wood evita caer en lo empalagoso, aunque en varios momentos roza un exceso de solemnidad. Afortunadamente, el estilo coloquial de Pownall se abre paso, al igual que los matices de su familia, para crear algo demasiado auténtico como para pasarlo por alto. Al principio, el diálogo resulta un poco rígido mientras los dos intérpretes van entrando en calor, pero al final la honestidad de la obra se impone, volviéndose fluida y conversacional a medida que Pownall y Randle atraviesan a toda velocidad esta función de poco más de una hora.
Por otro lado, el diseño de iluminación de Howell Thomas resulta prácticamente impecable y muy agradable de ver, lo que compensa con creces la escenografía, algo torpe. La dirección de Tilly Branson mantiene el ritmo a un buen paso y, de repente, todo termina mucho antes de lo que el público querría.
En conjunto, los grandes puntos fuertes de Mejorando poco a poco están en sus intérpretes y en la enorme carga emocional de su historia. Transcurre en un mundo pequeño, pero perfectamente delineado, en el que todos podemos reconocer un lugar que ocuparíamos. En cuanto al objetivo de Pownall de concienciar sobre el Guillain-Barré, se cumple de sobra. Y, de paso, ha creado un espectáculo extraordinario.
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