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RESEÑA: Pinter Cinco, Teatro Harold Pinter de Londres ✭✭✭✭✭
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pauldavies
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Paul T Davies reseña Pinter Five, que se está representando actualmente en el Harold Pinter Theatre dentro de la temporada Pinter at the Pinter.
Luke Thallon y Jane Horrocks en Pinter Five. Foto: Marc Brenner Pinter Five The Harold Pinter Theatre, Londres.
4 de enero de 2019
5 estrellas
La temporada Pinter at the Pinter sigue regalándonos joyas y, de verdad, ya se siente como una oportunidad irrepetible de ver obras cortas y sketches de Pinter que rara vez se representan. Si hay un hilo conductor en este triple programa que compone Pinter 5, es el de voces y vidas fragmentadas que se cruzan; vínculos familiares debilitados por la falta de comunicación, ya sea cara a cara, por las ondas o en cartas nunca enviadas ni leídas.
Luke Thallon en Pinter Five. Foto: Marc Brenner
The Room es Pinter en estado puro, de 1957. Rose Hudd sirve el desayuno con ansiedad a su marido, Bert; le tranquiliza diciendo que así “mantendrá fuera el frío”, pero está claro que el frío ya está en la habitación. Hay ecos de The Birthday Party que retumban en las paredes mugrientas; su posición social queda marcada al insistir en que no están en el sótano, con sus paredes húmedas, pero el exterior es un lugar aterrador, y entonces unos desconocidos llaman a la puerta. Es la Gran Bretaña de posguerra, dañada por las bombas, ¿y quién es el hombre misterioso del sótano que sabe quién es Rose Hudd?
Luke Thallon y Emma Naomi en Pinter Five. Foto: Marc Brenner
Jane Horrocks, como Rose, sostiene la pieza con una interpretación excelente, chisporroteante de ansiedad, a la que Rupert Graves responde como un Bert casi silencioso. Nicholas Woodeson añade más inquietud como el casero, el señor Kidd, interrogando los muebles de la habitación y aporreando las tuberías. Entre sus recuerdos de su madre está el de pensar que era judía, introduciendo en la escena la idea de fuerzas hostiles que se apropian de una vivienda y de desahucios forzosos. La paranoia aumenta con la llegada del señor y la señora Sands (Luke Thallon y Emma Naomi), que creen que la habitación está disponible para alquilar. En el hermoso clímax de la obra, entra el hombre del sótano: Riley, ciego y, sin embargo, capaz de ver con claridad y de saber quién es Rose. ¿Es la Muerte que viene a llevársela a casa, con la hermosa voz de Colin McFarlane seduciendo a Rose y al público? ¿Eran el señor y la señora Sands la arena del tiempo que se agota? Oímos el llanto de un bebé cuando establecen contacto, insinuando que el ciclo de la vida se cierra (excelente sonido durante toda la función, de Ben y Max Ringham). Bert regresa y ataca a Riley, salvando a su esposa, pero ahora ella está ciega, quizá como símbolo de hacer la vista gorda ante la violencia que late a su alrededor. Es una pieza extraordinaria, bellísimamente interpretada, que por sí sola ya justifica el precio de la entrada.
Nicholas Woodeson y Rupert Graves en Pinter Five. Foto: Marc Brenner
La temporada ha hecho mucho por demostrar lo divertido que puede ser Pinter, y Victoria Station (1982) es un desternillante duelo a dos entre el controlador de una central de taxis y un conductor perplejo que parece no saber dónde está, pero sí sabe que se ha enamorado del pasajero que duerme en el asiento trasero. Rupert Graves y Colin McFarlane están soberbios aquí: la frustración creciente del controlador deja al descubierto el estado de dicha confundida del conductor. ¡Es una liberación de tensión muy necesaria después de The Room! La tercera obra es Family Voices, de 1981, que delata un poco sus orígenes radiofónicos. Pero, como en todas las piezas, la excelente dirección de Patrick Marber aporta al texto una energía estimulante, pero controlada, mientras Luke Thallon (particularmente brillante), Horrocks y Graves interpretan a padres e hijo escribiéndose noticias falsas entre sí, en una obra sobre padres abandonados.
Colin McFarlane en Pinter Five. Foto: Marc Brenner
Volvemos a las habitaciones frías y vacías con las que comenzó la velada, y Pinter 5 queda enmarcada de forma preciosa por estas voces perdidas, desesperadas y aún en busca de amor. Hasta ahora, esta es la selección de Pinter que hay que ver si solo puedes ver una; es un festín para la vista y el oído.
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