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RESEÑA: Princess, LOST Theatre ✭✭✭
Publicado en
Por
julianeaves
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Foto: Aidan Orange Photography Princess
LOST Theatre
16 de noviembre de 2016
3 estrellas
Un delicioso experimento de narración es este entretenimiento fascinantemente innovador: la pieza teatral «interdisciplinar» del compositor-escritor-coreógrafo-cantante-director Stuart Saint. Tomando como punto de partida la archiconocida historia de «Alicia en el País de las Maravillas», Saint sacude al público con una potente banda sonora pregrabada de fusión ochentera, con él mismo a la voz (una voz bastante atractiva, no muy distinta a la de Mark Almond), mientras una ecléctica compañía de ocho intérpretes (siete aquí, por lesión) representa las escenas arquetípicas de las aventuras de una heroína de cuento en su búsqueda. Para ello, emplea movimientos tomados de muchos estilos diferentes: comercial; teatro musical; contemporáneo de corte más experimental; ballet; danza urbana. Es divertidísimo y se pasa volando en poco más de una hora, acumulando muchos más momentos de placer que de calma.
Los bailarines, por tanto, son clave en la función. Morgan Scott, como figura del conejo blanco, resulta sensual y sereno, elegante en gestos largos y sinuosos, con un físico disciplinado que se mueve y mantiene posiciones sin esfuerzo visible, comunicándose con el público de forma directa y segura. La suya es una interpretación destacada dentro del grupo y está claro que es un artista con mucho recorrido. Travis Sumner y Onyemachi Ejimofor proceden del mismo vivero del London Studio Centre que él, pero sus pasos no exigen el mismo grado de precisión implacable: son más afables, humorísticos, relajados y conversacionales. En esto, las chicas se les acercan más que el esquivo conejo: a Naomi Peaston, Louise Andree Douglas y Helen Scott se les asignan papeles de carácter, como a Sumner y Ejimofor, interpretando muchos personajes distintos con un magnífico sentido de sus peculiaridades y de la diferenciación entre ellos. Están en escena durante la mayor parte de la función, y el ritmo es agotador: Scott, en particular, es llevado a través de una serie de espléndidos saltos y elevaciones, que claramente disfruta. Jennie Dickie, por su parte, tiene que interpretar el papel de «Alicia/Princesa» de manera bastante directa, y lo hace con notable claridad y calidez: es el personaje al que sentimos más cercano, y nos identificamos con su viaje con facilidad e interés.
La coreografía recompensa la atención minuciosa, y posiblemente la presencia de algunas pantallas de TV en la parte frontal del escenario —concepto de diseño de Mary Colhisey— oculta detalles importantes. En conjunto, eso sí, el aspecto es atractivamente contemporáneo: la narrativa es lo bastante simple como para seguirse. Pete Ayres ilumina todo con solvencia, y el sonido de Simon Kitts y Sam Dyson es correcto (aunque echamos de menos poder oír con claridad las letras de Saint para seguirlas). Lana Avis y Gwen Jones son las «coreógrafas residentes», y material adicional proviene de Mo Jen. Saint tiene algo entre manos y esperamos verlo desarrollarse más.
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