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RESEÑA: Comedia en negro, Teatro Minerva, Chichester ✭✭✭✭
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Por
stephencollins
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Black Comedy en el Minerva Theatre de Chichester, con Robyn Addison, Paul Ready y Marcia Warren. Foto: Alastair Muir Black Comedy Minerva Theatre, Chichester. 26 de julio de 2014 4 estrellas
Han pasado casi 49 años, casi al día, desde que se estrenó en Chichester la extraordinaria farsa de Peter Shaffer, Black Comedy, protagonizada por Derek Jacobi, Maggie Smith y Albert Finney. Ahora, en el Minerva Theatre, se presenta una reposición dirigida por Jamie Glover, y es una delicia.
La premisa central es única. Un joven y su novia esperan con ansiedad la llegada del padre de ella y de un posible comprador de su obra artística. De repente, se va la luz y quedan sumidos en una oscuridad total. Una vecina mayor entra a trompicones, asustada en la oscuridad. Después llega el padre militar, furioso por lo poco preparado que está el joven. Luego aparece por sorpresa el vecino al que el muchacho le ha tomado prestados muebles para impresionar al posible comprador. La otra novia del joven llega inesperadamente y se hace pasar por la limpiadora para intentar despistar. Entonces llega el técnico de la luz y, por último, el comprador millonario.
Al comenzar la obra, el público está en completa oscuridad. Luego, cuando saltan los plomos, se encienden las luces del escenario: así, un escenario totalmente iluminado significa que los actores están a oscuras; un patio de butacas completamente negro implica que los actores están con luz; y la semipenumbra se reserva para los momentos de “iluminación” con cerillas encendidas y linternas de mano.
Hay infinitas oportunidades para una acción física precisa y milimétrica, peligrosa por momentos, mientras la joven pareja intenta sostener sus engaños y devolver los muebles y adornos del vecino sin que este se dé cuenta. La gente se cae por las escaleras, se golpea con muebles o puertas, se enreda con cables del teléfono o asas de maletas, vuelca sin querer mecedoras, se mete de lleno en trampillas abiertas… es un festival de caídas y comedia física. Kate Waters (directora de movimiento) y Glover han coreografiado cuidadosamente cada bocado de hilaridad.
Y buena parte es realmente desternillante; de carcajada abierta, de hecho.
Con gran acierto, Glover ha optado por un ambiente completamente de época, de modo que la sensación es muy de comedia televisiva de los sesenta, lo cual le sienta de maravilla.
El reparto es de primera.
Paul Ready está magnífico como el desdichado joven con dos chicas y sin muebles. Su comedia física es excelente: puede caer por un tramo de escaleras con un aplomo envidiable. Tiene ese estilo nervioso, atolondrado y de chavalería que Richard O'Sullivan llevó a una precisión de orfebre. Con su pelo apelmazado y una montaña creciente de mentiras descaradas, concentra gran parte del foco cómico.
Robyn Addison le da un apoyo estupendo como Carol, su novia tontorrona y parlanchina, y está deliciosa como rubia despistada. Jonathan Coy es meticuloso y volcánico como su padre militar: en el gag con la mecedora está graciosísimo, sin dejarte respirar. Esa sensación de estar a punto de estallar, con las mejillas rojas como la chimenea, es una maravilla.
Rosalee Craig está en plena forma como la otra mujer, y especialmente bien cuando finge ser la limpiadora. Tiene un toque muy fino para la tontería y la comedia, y aquí funciona de maravilla.
Shaun Evans saca su John Inman interior en una interpretación medida y exquisita del vecino remilgado y quisquilloso, a partes iguales sensibilidad camp y estereotipo con picardía. No resulta en absoluto ofensivo por el contexto de época, pero sobre todo por la calidez y el estilo que Evans aporta a todo. Literalmente hizo venir abajo la sala con una frase aparentemente casual ("¿Seguro que es la hora?") cuando, en la oscuridad, Ready le susurra a Craig que le espere en el dormitorio, Evans lo oye y cree que Ready se refiere a él. No podía ni respirar.
También hay un trabajo excelente de Mike Grady como el sufrido empleado de la compañía eléctrica y de Samuel Dutton como el millonario excéntrico y sordo; Dutton hace el paseo más vertiginoso hacia una trampilla abierta, y parece totalmente accidental.
Pero el gran lucimiento es de la extraordinaria Marcia Warren, que interpreta a la solterona asustada del pasillo. Está magnífica, clava cada frase y crea alegría sin esfuerzo a partir de muy poco. El momento en que se da cuenta de que le han dado ginebra en lugar de bitter lemon es realmente hilarante, solo superado por el instante en que descubre que, en la oscuridad, puede servirse más ginebra sin que nadie la observe y procede a emborracharse a conciencia. Una comedia fina y precisa.
Andrew D Edwards aporta un decorado de dos niveles sobre un escenario en avance, tremendamente útil para sostener la comedia. Los elementos están dispuestos con cuidado para que parezcan colocados al azar, de modo que cuando se revela el motivo de su posición no suena forzado ni tonto. El vestuario es deliciosamente retro y añade su propio encanto al conjunto.
Es divertidísima y muestra la magia que puede tener el teatro cuando el objetivo es, sencillamente, entretener.
4 estrellas
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