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RESEÑA: Cómo Ser Niño, Teatro Orange Tree ✭✭✭✭

Publicado en

Por

sophieadnitt

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Sophie Adnitt reseña la obra How To Be A Kid de Sarah McDonald-Hughes en el Orange Tree Theatre

Katie Elin-Salt y Sally Messham en How To Be A Kid. Foto: Jonathan Keenan How To Be A Kid

Orange Tree Theatre

Cuatro estrellas

Reserva ahora El texto promocional del Orange Tree Theatre para How To Be A Kid es, en mi opinión, un poco engañoso. Describe cómo Molly, de doce años, cocina, friega y prepara a su hermano pequeño Joe para ir al colegio, así que supuse que exploraría el mundo de una joven cuidadora. Con la recomendación de edad de 7 a 11 años, pensé que se presentaría de un modo más accesible para niños que no hubieran vivido algo así. Sonaba prometedor. Sin embargo, al ver el espectáculo, esta coproducción con Paines Plough y Theatr Clwyd es en realidad bastante distinta.

Para los adultos entre el público, resulta conmovedor ver con claridad todo lo que está ocurriendo; tras una pérdida familiar, la madre de Molly y de Joe (de seis años) empieza a sufrir algo que nunca se nombra propiamente, pero que se parece mucho a una depresión. Molly asume de manera informal el papel de madre sustituta, pero después de un accidente en casa, es puesta bajo tutela. Conocemos a Molly cinco semanas después, mientras se prepara para volver a casa y dejar atrás a su nueva mejor amiga Taylor, y descubrimos que gran parte del valor que muestra hacia fuera proviene de su apodo, Supergirl. Supergirl puede con todo... hasta que, de repente, se topa con algo que ni siquiera sus superpoderes pueden arreglar.

Katie Elin-Salt y Sally Messham en How To Be A Kid. Foto: Brian Roberts

El peculiar texto de Sarah McDonald-Hughes aborda una infinidad de temas, como el duelo, la salud mental y la responsabilidad: asuntos de peso, pero tratados con calma y sensibilidad, sin condescendencia. Hay además una doble capa de relevancia, ya que cuestiones como la muerte se explican con delicadeza a Molly y Joe (y a los niños en la sala), mientras que los adultos, atando cabos rápidamente y entendiendo lo que pasa un paso por delante, sienten empatía por el reto de quien tiene que explicarlo.

Con sonido de Dominic Kennedy y diseño de iluminación de Peter Small, la ausencia de escenografía se resuelve de forma excelente. Estallidos de pop y luces de colores señalan los ratos de juego despreocupado de Molly y Taylor, y las ensoñaciones de Molly dentro de su propia imaginación. Los distintos recorridos por el auditorio del Orange Tree se aprovechan con efecto cómico, especialmente cuando la intérprete Sally Messham corre de un punto a otro, llegando adrede tarde a su marca. Con 50 minutos de duración, es el tiempo ideal como introducción al teatro para su público infantil, y la música previa al comienzo —temas de One Direction y Little Mix— provoca desde el principio susurros entusiasmados de reconocimiento entre los niños presentes. La dirección de James Grieve tiene la energía suficiente como para mantener atentos incluso a los más fáciles de distraer, sobre todo cuando Joe imita a sus dinosaurios favoritos.

Sally Messham, Katie Elin-Salt y Hasan Dixon en How To Be A Kid. Foto: Jonathan Keenan

Con un reparto reducido de tres, solo Katie Elin-Salt permanece como un único personaje, Molly, durante toda la función.  Hasan Dixon salta de un papel a otro, pero pasa la mayor parte del espectáculo como Joe, el hermano de Molly, «extremadamente, extremadamente molesto», dirigiéndose a varios miembros del público con un tono simpáticamente cercano. Pero el verdadero punto fuerte del reparto es Sally Messham como Mamá/Nan/Taylor/prácticamente todo el mundo. Con una gama de acentos y sutiles cambios de postura a su alcance, Messham es una intérprete sensacionalmente versátil.

Aun así, este cambio constante de personajes no está exento de problemas: tanto Messham como Dixon llevan el mismo vestuario durante toda la obra, de modo que la diferencia entre personajes puede resultar algo confusa para el público más joven. Cuando Messham, como Taylor, se va y vuelve inmediatamente como Mamá, se oyó un murmullo de confusión de una niña en mi zona del patio de butacas. Algunos chistes caen de manera un poco rara y provocan una reacción mínima, y el flujo continuo de narración de Molly se vuelve algo cansino por momentos.

Pero, en conjunto, es una propuesta muy bien calibrada: se tratan temas serios, pero se sensibiliza a un público joven de un modo que no asusta ni subestima su inteligencia. Como herramienta para abrir conversaciones, además de ser una pieza teatral bastante entretenida, How To Be A Kid es una producción de gran calidad, entrañable y sorprendentemente compleja.

RESERVA ENTRADAS PARA HOW TO BE A KID EN EL ORANGE TREE THEATRE

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