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RESEÑA: Orlando, Teatro Garrick de Londres ✭✭✭
Publicado en
6 de diciembre de 2022
Por
libbypurves
Nuestra propia theatreCat, Libby Purves, reseña la producción de la Michael Grandage Company de Orlando, protagonizada por Emma Corrin, en el Garrick Theatre.
Emma Corrin en Orlando. Foto: Marc Brenner Orlando
Garrick Theatre
3 estrellas
Comprar entradas UNA MANADA DE WOOLFS MERODEA EN TORNO AL CAMBIO DE GÉNERO
Una Virginia Woolf con gafas, de aspecto ansioso, en una sensata falda marrón y un cárdigan tristón nunca es suficiente, así que la producción de Michael Grandage arranca, con generosidad, con toda una manada de Woolfs —nueve, nada menos— en la nueva versión de Neil Bartlett de la fantasía caprichosa y feminista, ya clásica, de la autora. Ellas/ella están ahí para contar y ayudar a contar la historia de un joven favorito de la corte de Isabel I que, milagrosamente, sigue viviendo como una inocente persona cualquiera, apenas envejeciendo mientras encuentra amor, pérdida y aventura y se transforma en mujer en algún momento entre las épocas georgiana y victoriana. Y, crucialmente, resentida de manera particular por ser mujer en esta última.
Lo cual es perfectamente comprensible, ya que fue entonces cuando nació Woolf, y de ese mundo tuvieron que abrirse camino ella, sus heroínas y su amante Vita Sackville-West hasta su suicidio en 1944.
Debra Baker, Oliver Wickham y Akuc Bol. Foto: Marc Brenner La multitud de Woolfs funciona bien, expresando la necesidad humana de ser muchas personas distintas, sin quedar atrapadas en un solo papel. Hay una ironía interesante en ello, porque la neurosis de género de nuestra época y una política de identidad envarada a menudo se sienten más como una trampa que como la libertad que Orlando exige para “honrar la felicidad y obedecer el deseo, sea cual sea la forma en que llegue”. El libro sigue siendo fascinante, y de hecho una versión reciente, con muchísimo menos presupuesto, en el Jermyn (https://theatrecat.com/2022/05/15/orlando-jermyn-st-theatre-wc2/) me llevó de vuelta a él, encantada por el filo cómico particular de aquella producción y su alegre desenfado.
Pero la versión de Neil Bartlett me resultó, de algún modo, un tanto decepcionante: ligera aunque ingeniosa y traviesa, a ratos mezclando con descaro un Shakespeare de pega bastante horrible (me gusta lo de la “puercoespina lujuriosa”) y robando guiños tanto de Con faldas y a lo loco como de Cabaret. La puesta en escena es preciosa: niebla en la Frost Fair de 1603 en Londres, movimiento constante, y los absolutamente gloriosos vestuarios de Peter McKintosh: no solo para la divina Orlando, sino que se ponen y se quitan a toda prisa mientras las Woolfs se convierten en todos los demás personajes con los que él/ella se cruza. También hay buenos chistes, y Deborah Findlay como “Mrs Grimsditch”, la ayudante de vestuario que acompaña a Orlando a través de los siglos, es un regalo cada vez que aparece. En teoría debería ser un acierto total para la generación de género fluido, pero la persona de esa generación a la que llevé conmigo no quedó muy impresionada: le pareció anticuada en sus distinciones. También observó que si hubiera estado en el Edinburgh Fringe habría encajado. Mientras que aquí, en el West End… no tanto.
También coincidimos en que nos habría gustado que Neil Bartlett hubiera añadido con valentía una coda en la que Orlando atravesara a toda velocidad la liberación de la mujer y llegara hasta el presente para enfrentarse a nuestros propios prejuicios. Pero una vez que la autora muere en los años 40, se acaba: queda solo un poco de filosofía de “sé feliz” y un paseo hacia la luz. Además, quizá si se hubieran mantenido algunos de los encuentros con grandes poetas del original, habría resultado un guiso más sustancioso.
En fin. Una cosa es segura: Emma Corrin va a recibir proposiciones enamoradas de la mayoría de los supuestos 74 géneros. No las hay más monas, más andróginas, con ese aire de gamin/gamine, desde el primer descarado destello de “sus” atributos bajo una camisa isabelina hasta los volantes de “sus” calzones del siglo XVIII y el vestido de tenis de los años 40. Hay también una simpatía gallarda y, si estabas aprovechando una de las 10.000 entradas a 10 £ prometidas por la MGC, saldrías de lo más satisfecho. En lo recreativo, si no quizá en lo intelectual. Aun así, para ser justos, también hay muchas entradas normales por debajo de 60 £, lo cual, para una producción del West End con 11 intérpretes, es impresionante hoy en día. Así que no te eches atrás. Enamórate de Corrin, quizá. Pero no esperes un trueno.
En cartel en el Garrick Theatre hasta el 24 de febrero
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