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RESEÑA: The Quentin Dentin Show, Grabación del Reparto Original de Londres ✭✭✭✭
Publicado en
10 de septiembre de 2018
Por
julianeaves
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Julian Eaves reseña la grabación original del reparto londinense de The Quentin Dentin Show.
La grabación original del reparto londinense de The Quentin Dentin Show 4 estrellas Compra un ejemplar ahora Hay algo especialmente apropiado en que un espectáculo que va sobre música pop se presente en formato de álbum. De hecho, las producciones teatrales de ‘Quentin Dentin’ (y ya van ocho, reflejando la constante reescritura de la obra por parte de su creador Henry Carpenter) han tenido, de un modo u otro, más pinta de conciertos de rock and roll en directo que de montajes de un musical “de libreto” convencional. Y, de hecho, la más reciente en el Tristan Bates Theatre, con un libreto remodelado por el sagaz escritor e intérprete Tom Crowley y en una producción de Adam Lenson, subrayaba aún más ese aspecto, con músicos vestidos con monos blancos repartidos alrededor de una sugerencia esquemática de un interior doméstico. También ocurre que es esta versión de la partitura la que sirve de base para la grabación del álbum del reparto. El nuevo ingrediente mágico aquí es el productor discográfico (y cofundador de The Kooks) Paul Garred. Garred y Carpenter llevan una vida paralela trabajando en al menos otro gran proyecto, y aquí se aprecia un altísimo grado de compenetración entre ambos. El disco arranca con un montaje mugriento de murmullos de radio de fondo, muy al estilo de los “álbumes conceptuales” de los años setenta que vuelven a estar de moda. Después entramos en un tema titular de Britpop contundente y cargado de sintetizadores, que suena como un bastante convencional tema de “quiero”. Garred deja a las voces todo el espacio que necesitan, y estaríamos encantados de pasar más tiempo en su compañía, pero la mayoría de las pistas son tan breves que rozan lo lacónico. Del mismo modo, en la escritura de Carpenter, las letras —ingeniosas y muy bien trabajadas, con un filo sociopolítico a menudo mordaz— se precipitan a toda velocidad, tanto que uno se descubre deseando una oportunidad para tomar aire, procesar todo lo que está oyendo y digerirlo. https://www.youtube.com/watch?v=rlnlSD87fhU Aun así, la alegría de canciones como ‘Lemons’ es un placer. En el papel protagonista, Luke Lane canta con precisión y respeto por las notas y las palabras; es divertido, pero quizá un pelín demasiado formal y pulcro: le vi en escena como el Bastard en ‘King John’ en The Globe y sé que puede ser mucho más gamberro si quiere, y este personaje parece pedirlo a gritos. En contraste, como la chica, la Nat de Shauna Riley, bellamente medida y con más rodaje en el espectáculo —tras sobrevivir a múltiples cambios de guion, de escala y de teatro—, convierte ‘Holiday’ en un triunfo absoluto; una pieza que, efectivamente, se escribió pensando en su voz real. Tiene auténtica madera de “hit”, pero —otra vez— quizá se termina antes de que llegue a engancharnos de verdad y a atraparnos. Lo mismo ocurre con ‘Friendzone’, que es un número encantador, y tan corto. ‘(Making) People Like You’ —un título que, si mantienes el gerundio, contiene varios juegos de palabras brillantísimos— sale mejor parado, gracias a su estrecha integración en el libreto. Y luego, el escalofrío helado de ‘Too Weak To Refuse’ tiene una belleza hipnótica a lo Bowie, y estaríamos encantados de saborear su momento un poquito más de lo que aquí se nos concede. Tal como está, antes de que la música nos seduzca de verdad, pasamos rápidamente a ‘The Quentin Dentin TV Show’, otra canción con otro gancho clarísimo y un ritmo disco funk. La letra es sencillamente sublime, haciendo rimar la línea del título (‘tee-VEE show’) con ‘In ev’ry language and credo’, un ejemplo típico de la maestría de Carpenter. Lo interesante de este número, sin embargo, es que insinúa un viaje para el personaje protagonista, y eso es algo que —todavía— está en gran medida ausente de este entretenimiento. Mientras el paisaje musical del espectáculo se ha cultivado con mimo, su forma dramatúrgica sigue siendo obstinadamente esquiva. Eso sí, me cuentan que se avecinan nuevas reescrituras. Pero, cuando tenemos rock and roll tan apabullante como el de ‘The Blame Game’, ¿de verdad importa tanto? En algunos aspectos, este espectáculo ahora mismo funciona mucho mejor como álbum que sobre el escenario. ‘Life’, por ejemplo, es un número que puede recolocarse para aparecer mucho antes en el orden del show: de hecho, más que ningún otro, es un magnífico “preparador de escena”, y parece un número de apertura en todo menos en su ubicación. Su mensaje universal conecta con el público con mucha más fuerza que la particularidad del actual telón de apertura. Del mismo modo, ‘Get Happy’ da la sensación de pertenecer a la exposición, contándonos muchísima información sobre quién es Quentin y permitiéndonos sentirnos un poco más cerca de él, o al menos creer que lo estamos. ‘Take Your Medicine’ (que yo siempre pienso como ‘The Brain Machine’) nos devuelve a la velocidad de la narrativa final, impulsándonos hacia el clímax de la historia y el choque central entre humanidad y mecanización; es un agradable trallazo tipo himno de estadio, casi garantizado para poner a saltar y a hacer pogo, en una simpatía extática, a la gente afortunada de las localidades de platea. (Bueno, quizá.) Curiosamente, el pop lírico mucho más inglés (The Kinks se encuentran con The Beatles… ¡MUY Beatles!) de ‘All Together Now’ podría provocar la misma reacción vertical: brazos extendidos y balanceándose suavemente de izquierda a derecha, un final a lo a cappella con palmas. Con un estallido de aplausos enlatados. Y un corte asesino de interruptor. Es muy rock and roll.
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