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RESEÑA: Simbad El Marino, Theatre Royal Stratford East ✭✭✭
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julianeaves
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Marianna Neofitou, Julian Capolei, Gabby Wong y Ben Goffeen en Sinbad el Marinero. Sinbad el Marinero
Theatre Royal Stratford East
Miércoles, 14 de diciembre de 2016
3 estrellas
Reservar entradas para Sinbad el Marinero Qué historias tan maravillosas componen el compendio de relatos que nos han llegado en Occidente como «Las mil y una noches», y, de entre todos sus personajes, qué emocionantemente atractivos resultan los más conocidos: Alí Babá; Aladino; y… Sinbad. De ellos, este último tuvo la suerte de que la narradora de esos cuentos mágicos, la siempre inventiva Sherezade, le concediera el formato ideal para crear una saga de largo recorrido: ¡el viaje de aventuras! Seguro que solo la intrépida tripulación de la USS Enterprise ha viajado más que él. «Las noches árabes» le otorgan siete travesías, pero casi palidecen ante el aluvión de «secuelas» posteriores que han lanzado todo tipo de creadores, especialmente en los siglos XX y XXI, en incontables versiones filmadas y televisivas.
Cuáles de esos relatos se han saqueado —o no— para confeccionar esta última propuesta es difícil de decir. El libreto sale de la pluma de Paul Sirett, que aquí también firma las letras de las numerosas canciones del espectáculo, con más letras y la música a cargo de Wayne Nunes y Perry Melius. Cuentan con un reparto de 12 intérpretes, y todo el mundo tiene al menos un personaje bien desarrollado que interpretar. Incluso hay dos héroes: Sinbadda (Gabby Wong) aparece (muy de vez en cuando) como la hermana de la protagonista, en un papel tan importante y tan poco escrito que probablemente recordará, a quienes ya peinan canas, las apariciones de Janet Webb en «The Morecambe and Wise Show» (sin duda, el resto de su papel acabó en el suelo del Departamento Literario; pero para cuando llega el gran número de «Girl Power» cerca del final, uno esperaría que incluyera las inmortales palabras: «Gracias por verme a mí y a mi pequeño programa»).
Michael Bertenshaw, Gabby Wong, Johny Amobi, Marianna Neofitou en Sinbad el Marinero.
Aun así, el protagonismo se lo lleva el encantador personaje del título, interpretado por el alegre Julian Capolei, que disfruta de la ayuda de un fiel compañero: el astuto mono Funky (una marioneta manipulada y con voz de Gemma Salter); tenemos dos tandas de villanos: por un lado, el malvado cortesano, el príncipe Naw-Ze Uzz (Michael Bertenshaw, que sabe perfectamente cómo meterse al público de Stratford en el bolsillo); y, por otro, el capitán Green Beard (un Alim Jayda bastante camp) y su secuaz, el apuesto Clanker de voz de trompeta (Josephine Melville); hay una «dama» (dame) clásica de la panto, la Nurse (en la figura de Johnny Amobi, de voz magistral, que tiene buen oficio a la hora de hacer subir al público al escenario para que se avergüencen de forma divertida y con muchísimo buen rollo); hay una Principal Girl en forma de princesa (la valiente Marianna Neofitou), su viudo y orgulloso padre es el sultán (Ben Goffe); y la ayuda sobrenatural (del tipo tradicionalmente limitado) llega de la mano de la adorable genio verde Uz (la brillante cómica Rina Fatania, con una voz tan potente como agradable). Y hay otros (muchos) papeles interpretados por miembros de la compañía.
La trama aquí es que la Princesa se casará con quienquiera que devuelva al Palacio el Cofre Dorado desde una isla donde abundan las dificultades, entre ellas un monstruo de nueve cabezas y plátanos psicodélicos. Todo arranca con unas animaciones muy ingeniosas de Pete Bishop y Kevin Baldwin, que sitúan todo el espectáculo de forma clara y directa para el Público Joven (que, a partir de ahí, mira con atención despierta durante toda la función). El Theatre Royal no es el escenario más opulento de Londres, pero aquí logra hacer mucho con muy poco, con un giratorio bien aprovechado y algunos módulos de tarimas, además de una iluminación preciosa del experto David Plater, todo ello en una producción muy, muy ágil del Director Artístico Kerry Michael. El vestuario también es tan espléndido como permite el presupuesto. A Harriet Barsby y Jenny Tiramani les debemos el aspecto visual del montaje. Hay un movimiento escénico sencillo a cargo de Kamilah Beckles. Robert Hyman es el director musical, y aunque mantiene todo bien atado y demuestra un entusiasmo evidente por el sonido de su banda, pequeña pero muy eficaz, el diseñador de sonido Andrew Johnson favorece tanto el foso que grandes tramos de letras se pierden entre el estruendo pop rebotado. Uno pensaría que sería bastante fácil bajar un pelín el volumen de la banda. Los actores y el público lo agradecerían mucho.
Alim Jayda y Josephine Melville en Sinbad el Marinero
Mucho menos fáciles de resolver son los problemas del libreto, que tiende a amontonar incidentes sin estructurar necesariamente sus elementos en un conjunto coherente o lógico. Por ejemplo, el espectáculo comienza con los piratas malvados presentándose, y no está nada claro por qué disfrutan de ese privilegio. Michael hace lo que puede para que todo avance lo más rápido posible y no nos quedemos rumiando esas incomodidades, pero se multiplican. Gran parte del texto es más «contar» que «mostrar», lo que hace que muchas escenas expositivas se vuelvan verborreicas y estáticas, y vayan drenando la energía que el director intenta constantemente insuflar a la acción. La acción del primer acto parece culminar en el momento de partir hacia la peligrosa isla donde se encuentra el cofre… pero no. Aún queda un buen trecho antes de que llegue por fin el descanso.
Con todo, hay una magnífica dirección de luchas de Ian McCracken, un precioso número de claqué de Phillip Michael Thomas y unas ilusiones asombrosas de Scott Penrose (yo estaba sentado en la quinta fila y NO TENGO NI IDEA de cómo las hicieron). En conjunto, el espectáculo tiene un aire honesto y terrenal, y ofrece algo nuevo, al tiempo que reúne casi todos los ingredientes «tradicionales» (salvo la escena del concurso de repostería en la jungla, que tenía tantísimas ganas de ver y que, al final, no apareció). Algunas personas probablemente solo van al teatro para ver la panto navideña, y esta desde luego no decepciona. A otras quizá les inspire a ponerse al día y leer las hermosas historias de las que nace el personaje del título. Y otras simplemente agradecerán que esto les proporcione dos horas y media en las que no tienen que intentar entretener a sus hijos: el espectáculo lo hace por ellos.
Hasta el 21 de enero de 2016
Imágenes - Sharron Wallace
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