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NOTICIAS

RESEÑA: La Habitación Aburrida, Festival Vault ✭

Publicado en

Por

julianeaves

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The Boring Room

Vaults Festival,

7 de febrero de 2018

1 estrella

Quizá alguien nos está gastando una broma elaborada con este evento de título tan deprimente, pero el director, Tom Crowley, tenía especial empeño en que fuera a verlo y lo reseñara.  Ahora que ya lo he visto, no entiendo por qué.  Tampoco entiendo por qué pensó que el texto merecía producirse.  Y no puedo evitar preguntarme qué pensaban buenos intérpretes como Emily Stride, Jamie Laird y Michael Keane cuando se dejaron convencer para prestar su talento a su… ejem, ejecución.  No merece ni de lejos tanto esfuerzo.  Y, si estás pensando en ir, piénsatelo muy bien antes de hacerlo.

El autor del texto, Olly Allsopp, ha tenido la poco original idea de reunir a una convención de escritores de suspense y novela negra y —de tres en tres— hacer que charlen entre ellos, muy al estilo del ‘Huis clos’ de Sartre: tres individuos mal avenidos atrapados en una habitación sin carácter específico y con vidas igual de faltas de sustancia y peso.  Pero, hay que decirlo, ahí terminan todas las similitudes con esa obra maestra del existencialismo.  En lugar de enredarnos en las personalidades de tres individuos que podrían representarnos fácilmente, nos quedamos escuchando, a considerable distancia, los intercambios fríos y sin pasión de actores que se hacen pasar por grandes artistas.

Si vas a jugar a ser el barón Frankenstein, resucitar nobles espíritus y reanimarlos a tu imagen y semejanza, entonces —como ese entrometido ingeniero biológico aficionado— más te vale tener un motivo muy sólido para hacerlo.  ¿Pero cuál es el de Olly?  No tengo ni la más remota idea.  En el primer, ejem, ‘montaje’ (se anuncia como una ‘trilogía’, lo cual suena de lo más grandilocuente), Stride se lleva la etiqueta de ‘Christie’.  ¿Pero cuál?  En sus réplicas no había nada que la anclara al mundo o a la mente de la creadora de decenas de brillantes misterios de asesinato.  Eso sí, por un momento pareció —fugazmente— recordar a aquella otra Christie de un drama gris y sin acontecimientos, ya sabes, la que Howard Brenton describió como ‘enamorada’.  Eso, en potencia, podría haber sido una dirección interesante.  Pero no.

Mientras tanto, a Laird lo llamaban ‘Doyle’.  Así que, inevitablemente, no dejaba de preguntarme dónde estaba Bodie.  Y entonces caí en la cuenta de que se suponía que era Sir Arthur Conan (no el Bárbaro) Doyle.  Ese Doyle.  Ah.  En ese caso, ¿por qué Agatha Christie se habría dirigido a él de una manera tan torpe y zafia como ‘Doyle’?  Creo que lo habría llamado ‘Sir Arthur’, ¿no te parece?  De hecho, estoy seguro de que lo habría hecho.  Estaba demasiado bien educada como para hacer menos que eso.  Pero, está claro, a Allsopp le importan un comino esas sutilezas.  Pero si no te interesan cosas así, ¿para qué molestarte con la señora Christie (que va precisamente de pequeñas esnoberías de estatus social y de cómo aprisionan la mente, etcétera)?

No tengo ni la más remota idea.  Cada vez resultaba más irritante estar sentado en un teatro, acosado por preguntas tan obvias y de puro sentido común, y tener que pensar que quien pergeñó este texto consideraba esas dudas indignas de él.  Bueno, si a él no le importaba eso, ¿por qué iba a importarme a mí las tonterías que luego les metía en la boca a sus desafortunados actores?  Ah, y después aparece otro intérprete: Poe.  No: tampoco Alexander.  Era ese tipo de EE. UU.  Otro delegado en la convención de los Mejores Escritores de Suspense de Todos los Tiempos.  Y así seguía.  Y seguía.  Y seguía.  Dos ‘montajes’ más de lo mismo.  Los pobres actores teniendo que asumir más ‘personas’: Stride pasó a ser ‘Violet’ y luego ‘Iris’; Laird pasó a ser ‘Adrian’ y ‘Louie’; y Michael Keane abandonó su Poe, poco teletubby, para convertirse en ‘Lee’ y después en ‘Max’.  Y si a estas alturas estás perdido con tanto intercambio de personajes, bienvenido al club.  Todos estos supuestos ‘personajes’ sonaban exactamente igual entre sí.  Si Olly tiene oído para el diálogo, es solo para escucharse a sí mismo.  Y si el texto no le daba al reparto nada con lo que trabajar para diferenciar sus distintos ‘papeles’, entonces Crowley tampoco podía hacer nada para ayudarlos.

Espero que al menos les estén pagando.

DESCUBRE MÁS SOBRE EL VAULT FESTIVAL

Lee nuestro avance del Vault Festival 2018

 

 

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