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RESEÑA: Xara Vaughan, Crazy Coqs ✭✭✭✭
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julianeaves
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Julian Eaves reseña Xara Vaughan canta Wanderlust - Las canciones de Ty Jeffries en Crazy Coqs, en Brasserie Zedel.
Xara Vaughan. Foto: John Thornton Xara Vaughan canta 'Wanderlust': las canciones de Ty Jeffries
Crazy Coqs, Brasserie Zedel
27 de septiembre de 2018
4 estrellas
Xara Vaughan es un fenómeno extraordinario en la escena del cabaré londinense: es Londres, con el sonido de la ciudad en la voz y el empuje chispeante de su energía en sus movimientos ágiles y su marcado corte rubio. Y ya ha pasado por buena parte de lo que la capital puede ofrecer; antes de, en su encarnación más reciente, convertirse en una asombrosa fuerza eléctrica sobre el escenario, regalándonos versiones inolvidables de canciones de ayer y de hoy. En el repertorio del gran Ty Jeffries (cuyo alter ego, Miss Hope Springs, ha sido llamado por un crítico —sí, ese sería yo— «el Rolls-Royce de los números drag», y gran dama de la canción de cosecha propia), ha encontrado un montón de material nuevo que suena como si pudiera salir del Gran Cancionero Americano y, aun así, habla de lleno al corazón del presente, con todas sus contradicciones y confusiones. Trae consigo a un nutrido grupo de fans habituales y mantiene con ellos un ingenioso toma y daca a lo largo de todo el espectáculo. Es una fiesta entre amigos, y aquí todos somos amigos. Puede que el parloteo tenga algún que otro borde sin pulir, pero nada suena nunca menos que auténtico.
Vaughan arrancó con la pegadiza canción que da título al show y la hizo totalmente suya, con una personalidad firmemente marcada: interpretación astuta, sentido del humor preciso y una voz con cuerpo capaz de resonar en toda la sala. También asistimos al inicio de su relato personal: una historia que comienza con cómo la expulsaron del colegio a los 13 años, un recuerdo contado con esa actitud descarada que enseguida se perfila como su sello, afrontando sin miedo los altibajos de estar siempre en movimiento, buscando inspiración incluso en las circunstancias más difíciles.
'Different Mountain to Climb' no podría haber estado mejor elegida para ilustrar este recorrido. En un registro de mezzo más áspero y oscuro, con potentes notas de pecho, dicción impecablemente clara y —lo mejor de todo— los diptongos seguros que delatan a una cantante de verdad, con los brillantes dedos de Ryan McKenzie al piano de cola acompañándola (entrando con valentía a última hora para sustituir al director musical habitual, indispuesto), fue otro bombazo. Con historias de Archway trenzándose en la actuación, cambia a una especie de «Sprechgesang» londinense, como un toque de sal y vinagre sobre una ración humeante de las mejores patatas fritas de la ciudad. Se adueña de sus canciones. Controla la iluminación. Empezando por 'Shanghai Lily', lo siguiente fue un popurrí de temas del musical en desarrollo de Ty, basado en la película de Hitchcock: 'Shanghai Express'. Entre florituras modales, se lanza a otra voz: dramática, exclamativa, saboreando las letras inteligentes y elegantes con un fraseo melódico perfectamente medido. Abarca la chanson, 'I found my love', conmovedora y exquisita, equilibrada por el pizpireto descaro, de ritmo estrofado y de zapateo, de 'They were the best days of my life'.
Después, 'Cookie's song' nos llevó a un terreno más seguro, más «familiar», antes de que llegara otra letra ingeniosa y bellamente construida en la preciosa 'Melt into you', cuyas palabras quedan enmarcadas por una reminiscencia de sus días haciendo lap dance en el local de Peter Stringfellow. ¿Y qué mejor manera de yuxtaponer eso que con 'Home town girl', una viñeta con aire sesentero de brillo canalla y sueños rotos, de un patetismo poderoso. Eso nos condujo a la historia de 'Wanda', que volvió a mostrar a Xara dominando la sala, haciéndonos palmear en su relato de depravación moral, y mezclándolo con su propia historia de rehabilitación, hasta celebrar su séptimo mes consecutivo de sobriedad. Está radiante.
Transición hacia la quietud de 'North Star', un grito audazmente desnudo y sencillo a favor de la simplicidad y la honestidad, coronado por una nota aguda brillante; y luego fuimos cerrando con una reprise de 'A different mountain to climb', que nos llevó al desenlace sorpresa: la sobrecogedora y expuesta, sentida 'Cold', llena de pasión y glamour en su anhelante desbordamiento de emoción.
Una artista de primera. El Rolls-Royce está en buenas manos: toma todas las curvas con aplomo, se mantiene firme en la carretera y sigue con fuerza, aunque le vendría bien un pulido más. Atentos a lo que venga. Ahora es habitual en esta dirección y seguro que se dejará ver en muchos otros sitios.
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