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RESEÑA: Death Of England Delroy, Teatro Nacional Online ✭✭✭✭✭
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pauldavies
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Paul T Davies reseña Death of England: Delroy, de Roy Williams y Clint Dyer, que se emitió en streaming online debido a las interrupciones del confinamiento. Vuelve al Olivier Theatre en la primavera de 2021
Michael Balogun en Death of England: Delroy. Foto: Normski Death of England: Delroy.
Streaming limitado del National Theatre; vuelve al Olivier en abril de 2021.
5 estrellas
Atravesando la pandemia como un coloso, la obra en dos partes de Roy Williams y Clint Dyer (la primera, Death of England, se estrenó a principios de este año) se ha forjado a partir de la experiencia y la observación para crear dos monólogos que condensan actitudes inglesas, fragilidad, intolerancia y estoicismo ante los enormes asuntos de nuestro tiempo. Con un detalle casi forense, se aseguran de que no apartemos la mirada de la injusticia, y aun así están templadas en fuegos de pasión y emoción. En la primera conocíamos a Michael, conmocionado por la muerte de su padre racista; ahora escuchamos a Delroy, el mejor amigo negro de Michael. Ambas piezas recorren el Brexit, el fútbol, el orgullo inglés y las derrotas, y en esta ocasión miramos a Inglaterra a través de la experiencia de Delroy. Camino del hospital, donde su novia (la hermana de Michael) está dando a luz a su hija, Delroy es parado, registrado y metido en un calabozo. Incapaz de contener su rabia, lo conocemos por primera vez cuando le colocan una pulsera electrónica, y nos guía por los acontecimientos hasta la llegada del primer confinamiento nacional.
Michael Balogun en Death of England: Delroy. Foto: Normski
La producción ha afrontado muchos retos, incluido que la noche de estreno fuese también la última, al imponerse el segundo confinamiento, y que Michael Balogun asumiera el papel cuando el actor original cayó enfermo. Ofrece una interpretación soberbia, capturando sin fisuras la complejidad de Delroy. Este es un personaje que votó por el Brexit, que votó conservador; trabaja como agente judicial. Con su corpulencia y seguridad, el eje central de la obra es cómo él —y los hombres negros— son interpretados y moldeados por la mirada blanca. Lo detienen por su aspecto más que por cualquier delito; no se le da tiempo a explicar su situación. Balogun te atraviesa con su vulnerabilidad, mientras Carli, la madre de su hija, la madre de ella y el sistema dibujan de él la imagen que ellos ven, no la que vemos nosotros. Aunque Delroy es el protagonista, desfilan muchos otros, incluida la madre de Delroy, a quien amenazaron con deportar durante el escándalo Windrush y que, aun así, sigue furiosa con Delroy por no mostrarse dócil y sumiso durante su detención. Para quienes conocemos la primera obra, cuando Delroy y Michael se encuentran, se convierte en un núcleo electrizante, cuando ambos mundos vuelven a chocar. Los temas de identidad y pertenencia bullen por todo el auditorio.
El excelente diseño, de Sadeysa Greenaway-Bailey y Ultz, dialoga con la primera obra, representada sobre una cruz de San Jorge, con atrezzo simbólico que encarna a los demás personajes. La dirección de Clint Dyer acierta en cada golpe de la escritura, equilibrando la rabia con el miedo, la energía con la quietud y la vulnerabilidad con la fuerza necesaria para llenar el Olivier con distancia social (el público enmascarado, entre los asientos vacíos, se parece un poco a un jurado; y supongo que lo somos). Estas dos obras han sido lo más destacado de mi año teatral, obligándome a mirar de nuevo cosas que sé que son ciertas, y merecen de sobra cualquier minuto que les dediques, ya sea en streaming o en directo.
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