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RESEÑA: Los Miserables, Teatro Imperial ✭✭
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Por
stephencollins
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Will Svenson y Ramin Karimloo en Los Miserables. Foto: Matthew Murphy Los Miserables
Imperial Theatre
16 de abril de 2014
2 estrellas
Los Miserables es uno de mis musicales favoritos. Recuerdo haber comprado el CD cuando salió por primera vez y escucharlo sin parar. También recuerdo, con auténtica admiración y orgullo nacional, el deslumbrante reparto original australiano, que dio vida de forma brillante a la producción original de Trevor Nunn allí en 1987. Algunas de las interpretaciones de aquella producción siguen estando entre las mejores que he visto jamás en el teatro. Vi aquella producción original más de una docena de veces durante ese primer año; tal fue el impacto.
Ahora, en el Imperial Theatre de Broadway, se presenta la nueva producción de Los Miserables de Cameron Mackintosh, dirigida por Laurence Connor y James Powell.
A juzgar por la alegría expectante del público antes de que sonara la primera nota y su respuesta casi pavloviana ante los agudos sostenidos lanzados desde el escenario, esto será un éxito. Algo que un Osric habría señalado con delectación como perfectamente palpable.
Pero a mí me dejó completamente indiferente.
Aquí el tono de dirección es el exceso: más es suficiente; mucho más es deseable; muchísimo más es oro. Todo es ruidoso, incluso los pasajes sotto voce, o, más a menudo, más que ruidoso. Parece que graznar y chirriar se prefieren a la dicción y al canto.
Hay notas alternativas interpoladas (más altas, claro), más «belts» que en un puesto de cuero en una calle de Florencia y océanos de ruido blanco desatado en lugar de un conjunto bien ajustado.
Los nuevos diseños están bastante bien y la impecable, perfecta iluminación de Paule Constable hace que todo se vea mejor de lo que tiene derecho a verse.
Pero la principal dificultad de la pieza puede resumirse con la imagen al final del soliloquio de Valjean, en el momento en que el obispo lo ha salvado y le ha regalado plata para empezar una nueva vida. Iluminado por focos desde la izquierda, la derecha y desde arriba, Valjean se rasga la túnica para revelar un pecho impecable de veintiséis abdominales, haciendo que la luz rebote en su torso finamente esculpido mientras alcanza la nota más alta.
Como podría haber dicho Cenicienta, es un pecho muy bonito... pero ¿qué tiene esa imagen que ver con Valjean o con el viaje de su personaje? Es el equivalente burdo a que María se sacara las tetas de camino a la casa de los Von Trapp mientras remata la nota final de I Have Confidence. Una imagen interesante, quizá incluso hermosa. Pero ¿por qué?
Fue la pregunta recurrente de la noche.
Algunas notas para parte del reparto:
Valjean (Ramin Karimloo): Sir Cameron no siempre tiene la razón. Mantente fiel a tus convicciones.
Javert (Will Swenson): Un trabajo precioso, pero parece que estás en la historia equivocada.
Fantine (Caissie Levy): Deja eso y canta.
Madame T (Keala Settle): Bien.
Thérnardier (Cliff Saunders): ¿De verdad? ¿En serio?
Éponine (Nikki M James): Sigue buscando el camino.
Cosette (Samantha Hill): Me gustaste mucho.
Marius (Andy Mientus): Marius no es una chica.
Reimaginar grandes producciones es de rigor en los grandes escenarios musicales del mundo. A veces, esa reimaginación puede superar la visión original.
Este no es uno de esos casos. Al menos, con este reparto y este enfoque del texto y la música.
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