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RESEÑA: Mess, Teatro Albany ✭✭✭✭

Publicado en

Por

editorial

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Mess

Albany Theatre

20 de mayo de 2015

4 estrellas

Reseña de James Garden

Mess, de Caroline Horton, es probablemente el retrato más honesto de un trastorno de la conducta alimentaria que puede encontrarse sobre un escenario. Creada e interpretada por Hannah Boyde y Seiriol Davies, con Caroline Horton al timón, la pieza utiliza de forma muy deliberada una buena dosis de comedia y la ruptura de la cuarta pared para tranquilizar al público.

Hay un recurso encantador por el que Josephine, interpretada por Horton, explica que esto «no es la producción real» y que «cuando la producción se transfiera, esto será lo que ocurra», para llevar al público de la mano. Crea una atmósfera de sencillez que encaja a la perfección con la obra. Siempre existe el peligro, en trabajos donde la dramaturga también actúa, de que la pieza se resienta de algún modo por falta de más miradas externas, pero ese no es el caso en Mess. Horton habita su mundo con belleza, bajo la excelente dirección de Alex Swift. Al encarnar a un personaje con un trastorno alimentario —algo ante lo que uno podría tender a apartar la mirada—, Horton, en cambio, exige nuestra atención, incluso cuando su interpretación se mantiene frágil.

Boris, el amigo íntimo de Josephine, está interpretado por la estupenda Hannah Boyde, en un reparto deliberadamente cruzado por género que, paradójicamente, acerca mucho más al público a la acción, pese a resultar inicialmente distanciador. Boyde aporta al escenario una sensación de asombro casi propia de una presentadora de televisión infantil, y mantiene ese aire de principio a fin con total soltura y control.

La partitura original y las canciones, extraordinariamente eficaces, corren a cargo de Seiriol Davies, en su papel de Sistahl. Josephine y Sistahl discuten a lo largo de la obra por la elección de efectos de sonido e incluso por canciones concretas que él «compone» para ella y que, al final, a ella le parecen insuficientes. Pero es precisamente en estos momentos metateatrales donde brillan los tres personajes.

El texto puede resultar muy didáctico por momentos: una gran montaña de peluche rosa y un edredón con un paraguas se señala explícitamente como representación visual de la enfermedad de Josephine; y, aun con esa señalización tan evidente, el impacto emocional de ver a Caroline Horton escondida en la cima, con la mirada de un ciervo deslumbrado, puede ser directamente desgarrador.

Últimamente hay una tendencia clara a las obras con tres o cuatro intérpretes en las que los personajes se dirigen de forma muy consciente al público, con un grado de autodesprecio y humor para contar historias extremadamente íntimas y personales. Hiraeth, en el Soho Theatre, funcionó en un registro muy similar con gran éxito, al igual que Scarlet, en el Southwark Playhouse. Quizá esta experiencia metateatral sea un recurso estructural tan popular porque es económica, pero, especialmente en Mess, resulta tremendamente eficaz. Ojalá gire más y llegue a más lugares.

Descubre más sobre Mess en la web de China Plate

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