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RESEÑA: Spamalot, Teatro de Richmond (en gira) ✭✭✭✭
Publicado en
Por
stephencollins
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Spamalot
Richmond Theatre - en gira
29 de enero de 2015
4 estrellas
Hace muchas lunas se promulgó una ley según la cual los relatos del rey Arturo y sus leales Caballeros de la Mesa Redonda serían un material excelente para los musicales. El Camelot de Lerner y Loewe dio por aprobada esa ley y demostró lo acertada que era; Spamalot, «el musical de éxito amorosamente pirateado de Los caballeros de la mesa cuadrada y sus locos seguidores», confirma la validez de la norma y lo divertido que es poner a prueba sus límites. La reposición de Spamalot dirigida por Christopher Luscombe, que ahora recala en el Richmond Theatre como parte de su gira por el Reino Unido, se zambulle de lleno en esa diversión y, al mismo tiempo, hace justicia tanto a lo musical como a lo cómico de la pieza.
No es la primera gira de la reposición de Luscombe, pero esta versión es infinitamente mejor que las encarnaciones anteriores. Cuenta con un reparto de primera, trabajador y polifacético; una dirección musical y batuta impecables de Tony Castro; una coreografía vivaz y con mucho sentido del humor a cargo de Jenny Arnold (todo ejecutado con precisión milimétrica y un entusiasmo contagioso); y un vestuario y una escenografía muy efectivos y llenos de color de Hugh Durrant. Esto último se agradece especialmente, porque en las versiones anteriores parecía haberse destinado menos presupuesto al trabajo de Durrant en estos aspectos clave, con el resultado de que los elementos inevitablemente baratos y chabacanos de la producción —que brotan de manera natural del texto— se permitían cruzar la línea: demasiado baratos, demasiado chabacanos.
Ahora, el equilibrio en la reposición de Luscombe es exactamente el correcto. El aire de «apaño» de los decorados encaja con el incesante repiqueteo de cocos del imperturbablemente jovial Patsy y ayuda a marcar el tono de tontería y frivolidad con el que hay que acercarse a Spamalot para cosechar sus muchas recompensas. Las expectativas adustas sobre el teatro musical «serio» no tienen cabida aquí; pero, si se entra con la mente abierta y un optimismo dispuesto, Spamalot es un espectáculo que merece su lugar en cualquier lista de grandes musicales cómicos.
El libreto y la partitura de Eric Idle y John Du Prez (Du Prez compuso música adicional para el escenario) remodelan grandes bloques de material de secuencias cinematográficas icónicas de Monty Python, separan el chocolate y recogen la nata caída, y dan como resultado una confección singular que, si uno se excede, puede empalagar. Es más farsa que comedia, y exige una interpretación precisa: personajes reales en situaciones irreales. Y, como rompe la cuarta pared cuando le apetece, hay espacio para excentricidades inesperadas y momentos fuera de personaje que pueden ser extraordinariamente divertidos. Luscombe acierta con el equilibrio una y otra vez.
Hay al menos dos momentos de improvisación integrados en el tejido de esta producción que, sin duda, variarán en cada función y aportan ese cosquilleo particular de la risa auténtica, no ensayada: el primero implica a Arturo intentando hacer reír a Sir Robin cuando describe a una criatura; el segundo se produce cuando los Caballeros que ahora dicen (inserte aquí palabras imposibles de recordar al vuelo o retazos de canciones) intentan hacer que Arturo se venga abajo a carcajadas. Al menos anoche, ambos pasajes funcionaron sensacionalmente bien, regalando al público risas genuinas e inesperadas.
Si alguna vez hubiera existido una película de la saga Carry On sobre Camelot, probablemente no habría tenido al talentoso Charles Hawtrey como Arturo; pero con el Arturo de Joe Pasquale aquí uno se hace una idea muy clara de cómo habría sido aquello, en imagen y sonido. Pasquale parece una reencarnación moderna de Hawtrey, aunque significativamente menos amanerada. Su sentido del ritmo es excepcional, su voz temblorosa es intrínsecamente cómica, y aporta al papel una cualidad de hombre corriente que encaja con la idea de un tipo sacado del anonimato (por una mojigata acuática) para ser coronado rey.
Con la mirada abierta, un humor seco y socarrón y una ironía suave, Pasquale compone un Arturo adorable y muy divertido. Disfruta especialmente de los momentos «de cara al público» (y el público también), pero igualmente brilla en las escenas, dejando siempre que los demás tengan su instante y hagan su trabajo. Es un intérprete generoso, y eso lo hace aún más gratificante de ver. No es cantante, pero en esta ocasión no supone un obstáculo real.
Todd Carty se lo pasa en grande como Patsy, repiqueteando discretamente sus cocos, poniendo muecas tontas y ofreciendo un apoyo cálido a su querido rey. Tiene muchos momentos mudos de auténtico deleite cómico y arranca Always Look On The Bright Side Of Life con verdadero aplomo. También saca partido del falso momento triste en I'm All Alone, y prepara con afiladísima precisión la magnífica frase dicha como quien no quiere la cosa por Pasquale: «Patsy, es de la familia». Es una interpretación con mucho corazón.
Como la deslumbrante y deliciosa diva entre las divas, la Dama del Lago, Sarah Earnshaw está estupenda. Tiene uno de esos registros de soprano potentes, valientes y de acero inoxidable que uno imagina tan versátiles y fiables que servirían hasta para el chorro de arena; perfecta, en todos los sentidos, para las exigencias vocales y la destreza que se requieren aquí. Come With Me, The Song That Goes Like This, Find Your Grail y The Diva's Lament son una gozada de ver y escuchar con la Dama de Earnshaw a pleno rendimiento vocal. Tampoco se deja ni un truco cómico. Es, de verdad, una actuación formidable.
La compañía es muy reducida, así que todo el mundo interpreta múltiples papeles. Con enorme pericia, hay que decir. A menudo resulta difícil averiguar quién hace qué, lo cual habla muy bien de la habilidad de cada intérprete. Richard Meek es desternillante como el inverosímil Sir Galahad, con pelo a lo David Cassidy, y convierte la vanidad y el narcisismo en todo un arte bajo esa apariencia. Está igual de divertido como el tosco y varonil padre-rey del inverosímilmente gay príncipe Herbert de Richard Kent, pero casi irreconocible. La precisión y el detalle que aporta a ambos personajes son excepcionales; y tampoco se queda corto como el Caballero Negro, recurriendo a una dicción imperturbable para lograr un gran efecto cómico con auténtica destreza.
Will Hawksworth está espléndido como el algo asustado, a menudo un poco sucio y quizá demasiado guapo Sir Robin, y su dicción y ataque son ejemplares en You Won't Succeed In Showbiz (que presenta una letra actualizada para mantener la pertinencia al hablar de la idea de que hacen falta «estrellas» para que los espectáculos funcionen, y distinguirse de la versión de Broadway, que se centraba, con precisión de bisturí, en la necesidad de la participación de judíos para que un show en Broadway sea un éxito). También está en gran forma como el alcalde finlandés en la tonta y «pescadísima» secuencia inicial, y muestra aún más recursos cómicos como el guardia. Además, es un excelente bailarín.
La versatilidad es clave en este reparto: tantos pueden encargarse de cada tarea requerida de manera extraordinariamente eficaz. Richard Kent lo ejemplifica en sus distintos papeles, todos interpretados con auténtico brío, personalidad y distinción. Vaporoso y aniñado como el príncipe Herbert, con una interpretación «de alféizar» que se lleva el protagonismo (hilarante); con tweed y aire de maestro como el Historiador; chiflado y bobalicón como Not Dead Fred (gran baile); despectivamente francés desde las almenas como soldado que provoca; y cristalino, con un timbre precioso, como el juglar del endiablado número de trabalenguas, el trabajo de personaje de Kent es notablemente efectivo.
Jamie Tyler, del mismo modo, exhibe gran versatilidad y talento como Sir Lancelot (que entra y luego sale del armario; su escena disco es para llorar de risa), el altivo provocador francés (magnífico), el salvaje Tim el Hechicero y el estupendo Caballero del Ni. Tiene un encanto temerario que resulta delicioso en todos los sentidos. Josh Wilmott, igualmente tocado por la varita del encanto, es muy eficaz como Sir Bedevere, un guardia parlanchín, el leal Concorde y una Mrs Galahad muy combativa, a lo Ena Sharples. Una delicia.
Los cuatro miembros del Ensemble —que trabajan como auténticos titanes— (Daniel Cane, Abigail Climer, Matthew Dale y Holly Easterbrook) son un auténtico regalo: todos, triple amenaza. Atención al guiño a Mary Berry.
Uno de los aspectos clave del éxito de esta reposición es la disciplina que cada persona en escena —y Castro y su banda— aporta a las distintas exigencias de Spamalot. La dirección de Luscombe es clara, cuidadosa y vivaz, y el reparto entrega sin fallo lo que promete.
El viejo dicho reza que «el tempo lo es todo»; es cierto, y nunca lo es más que en el tempo de esta reposición alegre y entretenidísima de un musical que no pretende otra cosa que divertir a su público como es debido.
De verdad, merece la pena verla.
Para más información sobre la gira de Spamalot de 2015, visita nuestra página de la gira de Spamalot.
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