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NOTICIAS

RESEÑA: Las Aventuras de Pinocho, Teatro de Greenwich ✭✭✭✭✭

Publicado en

Por

stephencollins

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Las aventuras de Pinocho

Greenwich Theatre

8 de agosto de 2015

5 estrellas

Uno olvida lo oscura y lúgubre que es en realidad la historia de Pinocho. Es un cuento como para pasar miedo, más que un cuento de hadas, aunque haya un hada. A las mentes pequeñas les encanta la emoción de un buen susto. Abrir esas mentes a verdades sombrías y realidades honestas es tan importante como enseñar buenos modales y que todo el mundo debe ser tratado por igual.

El teatro puede desbloquear —o, mejor dicho, mantener desbloqueada— la imaginación. El teatro concebido para divertir y cautivar a las mentes jóvenes es esencial. Se amplían horizontes, se vencen miedos, se alcanza comprensión. Hoy en día, a menudo se sustituye la sencillez y el gozo de “hacer teatro” por el espectáculo; escenografías enormes e impactantes, vestuario y efectos especiales parecen importar más a los productores que estimular la imaginación de un niño, tocarle el alma o hacer que sus pensamientos salgan disparados en un rayo de luna. Más nunca es suficiente y rara vez se piensa que Menos puede ser Más.

Por suerte, el espectáculo no es el dios que rige la producción de Las aventuras de Pinocho, actualmente en cartel en el Greenwich Theatre. No significa que sea una producción libre de espectáculo —no lo es—, pero aquí el deslumbramiento nace de la combinación entre lo que sucede en escena y la imaginación del público. Si te dejas llevar, te embarca en un viaje salvaje y gratificante, donde la nada puede ser algo, zorros, gatos y grillos pueden hablar, una misma cara pertenece a distintos personajes, la traición acecha a la vuelta de la esquina, y la magia y la fuerza del amor y la lealtad pueden salvar el día.

La directora Bronagh Lagan se asegura de que la sencillez y la honestidad definan la propuesta. El elenco de cinco intérpretes trabaja sin descanso para implicar y cautivar al público joven para el que se concibió esta pieza. A juzgar por la feroz concentración y las sonrisas entusiasmadas en los rostros de los niños y niñas de la sala, Lagan y su compañía han dado de lleno con el equilibrio perfecto. Absorbidos no solo por la historia, sino por la manera de contarla, los más pequeños prestaban una atención silenciosa y total, maravillándose de lo inventivo y accesible que puede ser el teatro en vivo. No cabe duda de que algunos allí no habían visto nada parecido antes; pero les gustó, podían imitarlo jugando en casa, y volverían encantados a por más.

Pinocho es, por supuesto, una marioneta. Una marioneta de madera y quizá la más famosa que ha conocido el mundo. Por eso, es acertado que la función comience con un teatro de sombras, mientras se presentan los personajes principales y se cuenta el trasfondo de la soledad de Gepetto. Está realizado de manera preciosa, pero sin concesiones. El triste destino de la esposa de Gepetto se explica con claridad y de frente: los pequeños entienden que esto no va a ser todo risas y diversión. Se despierta el interés.

La manipulación de marionetas, en su sentido más amplio, se utiliza a lo largo de la obra de distintas maneras, de modo que proporciona un hilo conductor nítido en toda la aventura. Se convierte en metáfora de la manipulación y, por tanto, da mucho que masticar a los adultos en la platea. Esto es especialmente cierto en la sección de Terra Di Ragazzi, cuando las cosas salen terriblemente mal para Pinocho y Lampwick.

Los distintos personajes se sugieren mediante añadidos al vestuario y trabajo actoral de caracterización. La sencillez de este enfoque da excelentes resultados: el público al que va dirigido está atento a los pequeños cambios, reconoce a los distintos personajes y sigue la acción sin esfuerzo. Con suerte, los adultos a su cargo también.

El libreto es directo, juguetón y lleno de lucidez. Los personajes quedan definidos con precisión y rapidez. El autor Brian Hill y el compositor/letrista Neil Bartram forman un tándem consumado; su musical de 2009, The Story Of My Life, ha cosechado éxito internacional. La partitura es divertida y melódica, con muchos números sobresalientes. Se nota la influencia de Sondheim y Rodgers en la escritura musical, y es algo muy positivo. Canciones como "What Will You Be?", "Money Grows On Trees", "Terra Di Ragazzi" y "Being Real" son soberbias, con líneas melódicas luminosas y acompañamientos pegadizos. Vibran de placer.

El director musical Freddie Tapner ha hecho un trabajo de primera. El canto y la interpretación instrumental son magníficos y el equilibrio está finamente calibrado. Se entiende prácticamente cada palabra que se canta, algo especialmente crucial para oídos pequeños. La reducida banda ofrece un acompañamiento excelente y bien enfocado, lleno de vitalidad, que te reta (casi) a no bailar o moverte al ritmo.

El reparto también es de primer nivel.

Christian James es un Pinocho maravilloso. Captura por completo la sensación de extrañeza y separación del personaje (al ser madera viva), así como el deseo de un recién llegado por explorar y el impulso infantil de rebelarse. La secuencia en la que aprende sobre mentir y el crecimiento de su nariz es realmente deliciosa, al igual que la forma en que se afeita rápidamente el exceso antes del regreso de Gepetto.

Su viaje por el mundo, con los ojos muy abiertos e ingenuos, su comprensión rudimentaria del comercio y de los oportunistas, su disposición a confiar… todos estos rasgos se ponen en primer plano cuando las aventuras de Pinocho comienzan al desobedecer a Gepetto y elegir ir al circo en lugar de a la escuela. James lo transmite con maestría y muestra también la creciente comprensión de Pinocho del mundo y las consecuencias de las duras lecciones aprendidas.

Además, se divierte muchísimo con el papel, a veces con delicadeza y otras con exuberancia. Tiene una voz de tenor excelente y firme, y sabe cómo sacarle el máximo partido. Da todo el valor a la partitura de Bartram. "Being Real" es un placer especial. También baila y ejecuta con ligereza y precisión la alegre coreografía de Grant Murphy.

Martin Neely está en plena forma vocal como Gepetto y aporta calidez y empaque al papel de padre. A ratos tierno y luego temeroso (por Pinocho), Neely encarna al padre primerizo preocupado. Su alegría nítida al reencontrarse por fin con el díscolo Pinocho está transmitida con belleza y emoción. Rachel Louise Miller, como el Hada y Narradora, aporta la figura parental femenina y se mantiene serena y encantadora de principio a fin. Canta con esa radiancia especial que requieren las hadas; cada nota es clara, como una campanilla.

Miller también interpreta a Annette y al conductor, dos de los muchos personajes con los que Pinocho se cruza en su viaje. Da a todos sus papeles distinción y matiz, al igual que Ceris Hine, cuyos roles incluyen al Gato parlante, el Titiritero y Mary. Me gustó especialmente la energía indómita de su Gato y la fanfarrona seguridad con la que dibujó al Titiritero depredador.

La compañera de travesuras de Hine, en su faceta de Gato, es el Zorro parlante, interpretado con energía y deslumbramiento por James Charlton. Con buen porte, instinto de showman, una voz de tenor fina y sonora con agudos maravillosamente libres, y un gran talento para sonreír y bailar, Charlton es una elección perfecta tanto para el Zorro como para Lampwick, su otro personaje principal. También da vida a una alusión titiritera a Jiminy Cricket; un detalle encantador. Charlton tiene una relación excelente con el público y un estilo claro y natural con sus compañeros. Carga de energía cada escena en la que aparece y los dos números en los que participa son auténticos robaescenas.

Lagan ha capitaneado una producción excelente de un musical interesante y absorbente, que ofrece un enfoque fresco —y, a la vez, felizmente a la antigua— para entretener y estimular (sobre todo) a las mentes jóvenes. Sales con unas ganas —desesperadas— de poder llevar a los más pequeños a mucho más teatro como este.

Fotos: Claire Billyard

Las aventuras de Pinocho se representa en el Greenwich Theatre hasta el 23 de agosto de 2015

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