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RESEÑA: The Scar Test, Teatro Soho ✭✭✭
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Por
sophieadnitt
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The Scar Test. Foto: Rob O'Kelly The Scar Test
Soho Theatre
5 de julio de 2017
3 estrellas
Reservar ahora El material promocional de The Scar Test, de Untold Arts, lo describe como «una instantánea de la vida dentro del Centro de Internamiento para Inmigrantes de Yarl’s Wood». Situado en Bedfordshire, este centro de detención ha recibido en los últimos años una cantidad nada desdeñable de críticas, con denuncias de racismo, abusos y violencia en su interior. Su población es, en su gran mayoría, femenina, y The Scar Test ofrece un vistazo a su historia. Basada en entrevistas transcritas palabra por palabra, The Scar Test no se anda con rodeos en su relato crudo y brutal, mostrando la absoluta falta de privacidad y de empatía que han sufrido quienes están detenidas. Sus vidas están estrictamente reguladas, y una sola palabra equivocada podría arruinar sus opciones de asilo y devolverlas a las circunstancias horribles de las que huían.
El reparto, íntegramente femenino y formado por cinco intérpretes, es extraordinariamente sólido, con Shazia Nicholls y Rebecca Omogbehin como destacadas. No llegamos a conocer el nombre de nadie: el texto las distingue simplemente como «Strong Lady» y «Cool Woman», entre otras. Cada actriz asume varios papeles, desde internas hasta guardias y visitantes del centro.
La pieza avanza a gran velocidad, y las intérpretes cambian de personaje con rapidez añadiéndose una prenda o modificando la postura y la manera de moverse para crear identidades claras y diferenciadas. El espacio escénico también se mantiene despejado y esencial: unas cuantas sillas y una cama plegable que las propias intérpretes entran y sacan para construir cada escena. La dirección de Sara Joyce aprovecha el espacio con gran eficacia, y aun con un elenco reducido nunca da sensación de vacío. De hecho, incluso con cinco en escena se transmite de forma convincente la sensación de hacinamiento y de falta de espacio personal.
The Scar Test. Foto: Rob O'Kelly
Las grabaciones de audio se utilizan con mesura, pero con un efecto asombroso. Una escena en la que el personaje de Omogbehin relata sus motivos para venir a Inglaterra deja una de las imágenes más impactantes de la obra. No se nos cuenta la historia con palabras: la oímos, cada disparo y cada grito de agonía, mientras el personaje permanece inmóvil, con la boca entreabierta y el cuerpo tenso por el miedo. Es un momento potente y muy conmovedor que ofrece un atisbo aterrador de su pasado.
El tema homónimo de las cicatrices aparece en más de una ocasión, ya que varios personajes hablan de las suyas. Habría sido interesante ver cómo esta idea se cerraba en círculo hacia el final, enmarcando la primera escena en la que una trabajadora de seguridad, durante una salida nocturna, insiste en que no hay nada siniestro detrás de su cicatriz. La falta de intimidad de las internas, especialmente en presencia de guardias varones, es una idea a la que se vuelve con frecuencia, con las mujeres intentando cambiarse de ropa bajo el amparo de sudaderas enormes. Esto evoluciona hacia una especie de baile poco digno, salpicado por sonidos de esfuerzo mientras se retuercen y contonean para mantenerse cubiertas.
Es una pieza que podría beneficiarse de —y permitirse— ser más larga: con poco más de una hora, da la impresión de que apenas roza la superficie de las muchas historias de Yarl’s Wood. A pesar de las interpretaciones poderosas, la escritura se siente algo inacabada, más como un trabajo en proceso que como una obra cerrada. Aun así, tal y como está, The Scar Test es una propuesta impactante, con momentos profundamente inquietantes que acompañarán al público durante mucho tiempo. Como texto de nueva dramaturgia, merece mucho la pena verlo.
Hasta el 22 de julio de 2017
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