NOTICIAS
RESEÑA: Tori Scott - Thirsty, Festival Vaults ✭✭✭✭✭
Publicado en
Por
julianeaves
Share
Tori Scott Tori Scott: «Thirsty»
Vaults Festival
14 de marzo de 2018
5 estrellas
Este espectáculo fue una auténtica delicia. Arrancó con un himno de alto voltaje, «I'm Feelin' Sexy And Free», y la voluptuosa fuerza de la naturaleza que es la diva estadounidense Tori Scott empezó tal y como pretendía continuar. ¡Y vaya si continuó! No se dejó nada en el tintero en su implacable despliegue de carisma, fuerza, belleza vocal y expresividad, todo ello entreverado con su ingenioso y descarado comentario neoyorquino: «Este no es un espectáculo que vaya a hacerte feliz. No te va a cambiar. No te irás pensando que el mundo es un lugar mejor. (Pausa) Más bien lo contrario».
Pero antes de llegar a los chistes —¡oh, tantísimos chistes!— tuvimos que acompañarla en el himno poderoso nº 2, «Climb», aportando aún más swing al sonido de su trío de primera: el director musical Adam Wachter al piano, Jamie Wilkins al bajo y Lisa Martin a la batería. Wachter y ella son viejos colegas de Nueva York, y están tan compenetrados que a ella le pareció estupendo presentarlo como «soltero, vers-bottom»: Scott no es, desde luego, ajena a sus seguidores, y el público gay es uno de los más importantes y queridos. A la manera de la Bette Midler de los tiempos de los baños de St Mark's, juega con esa platea tanto como con el público de gin-tonic llegado desde Hampstead y Holland Park, que también la adora y acude en números más que respetables a rendirle pleitesía.
Y, ¿por qué no?, si uno puede olvidarse de la realidad (uno de sus objetivos declarados) en compañía de una antiheroína tan entrañablemente vampírica, que sirve a cucharones las anécdotas sórdidas que descontextualizan buena parte de su repertorio. Así, una historia chispeante sobre un pasajero del metro que se le exhibe en un acto de autogratificación enlaza, con inquietante pertinencia, con «Zing, Went The Strings Of My Heart». Es una mujer grande, con una voz grande y un descaro colosal, y puede, tan ricamente, doblar el tempo después de ese número para abordar también «The Trolley Song», con Wachter aportando abundantes efectos orquestales vistosos en su instrumento de dedos ágiles.
Un sentido de cuasi-realidad se coló con algunas historias de cotilleo del mundo del espectáculo, muy bien escogidas, que se apoyaban en sus propios orígenes y nos contaban lo de los «padres gays» que la acogieron en las profundidades aculturales del Arlington (Texas) provincial, donde el primer musical que descubrió fue «Evita». Señal para: «What's New, Buenos Aires?», con un repaso saltarín y latinizado por parte de la banda, puesta a punto. Y después, una historia de «poppers» nos llevó a un medley de «I'm Flying» y «Wake Me Up When It's Over». De ahí pasamos a reflexiones algo más sobrias sobre el estado actual de la nación estadounidense, mezcladas con el funk luminoso de «Tightrope» de Janelle Monáe, aquí con más alma de la que quizá estemos acostumbrados a escuchar. Scott ya tiene unos años más, y encuentra resonancias en estas canciones que las cantantes más jóvenes sencillamente no saben que existen (a no ser, claro, que sean Judy Garland).
Eso nos condujo a otro territorio musical: «Under Pressure» de Queen y Bowie. Escuchar lo que la voz extraordinaria de Tori Scott hizo con ella fue una maravilla: cada vez que crees que ya la tienes medida, te lleva a un sitio nuevo. ¡Y cómo lo interpreta, además! Este número se hizo al estilo Lindsay Lohan, con trepadas maniáticas por el auditorio, arriba y abajo por el pasillo, rematado con la observación: «Según Google, esa es la versión estadounidense del NHS».
Siguiente parada: «And I Feel Like I Just Got Home» de Madonna, ofrecida con más gravedad de la que cabría pensar posible, incluso en manos de una cantante así. Fue deslumbrante. Y lo mejor estaba por llegar. A través de una anécdota sobre unos horribles hipócritas baptistas del sur de Texas, escuchamos la voz de Hozier en «Take Me To Church». Una voz sencilla y pura, que va construyendo hasta un ataque más broncíneo. Y luego, entre cálidos recuerdos de borracheras adolescentes, nos regaló un descarado «And Then He Kissed Me» y «Do What You Want With My Body»: malos recuerdos de beber, que nos atan con —cómo no— «Chain of Fools», y esto mezclado con «I've Had A S**t Day». Aún más recuerdos de vodka nos llevaron a algunas historias de Tinder, y eso nos catapultó a una versión en francés, increíblemente honesta y precisa, de «La vie en rose». ¡Sublime!
Una transición inteligente —propia de la maestra en estas lides— nos condujo a una interpretación sentida y conmovedora de «Wrecking Ball» que Scott consiguió enlazar, nada menos, con «The Man That Got Away». Este último número realmente paró el espectáculo: lo hizo con una fidelidad muy cuidadosa al fraseo de Garland y, a la vez, con adornos vocales y coloración tonal, algunos tomados de Doris Day, otros de Dinah Shore, que lo convertían plenamente en suyo. Wachter estuvo perfectísimo en el acompañamiento. Y nos quedó clarísimo que no solo es la reina del repertorio pop moderno: también se inscribe con firmeza en la tradición de los grandes intérpretes del American Songbook. Qué maravilla.
El alivio tras este dolor emocional llegó en forma de una desenfrenada y ebria embestida por «I'm Miss Beehive 1963» de «Hedwig and the Angry Inch», que culminó en una ovación en pie para «What's Going On», interpretada con toda la artillería texana. Naturalmente, tenía que haber un bis, así que tuvimos un dulce y precioso «Do You Wanna Dance?», con un corazón angelical a lo Karen Carpenter mezclada con Diana Ross. Oh, sí, señorita Scott. Sí que queremos. ¡Más pronto, por favor!
DESCUBRE MÁS SOBRE TORI SCOTT
Recibe lo mejor del teatro británico directamente en tu bandeja de entrada
Sé el primero en conseguir las mejores entradas, ofertas exclusivas y las últimas noticias del West End.
Puedes darte de baja en cualquier momento. Política de privacidad