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RESEÑA: ¡Yo sí! ¡Yo sí!, Upstairs At The Gatehouse ✭✭✭

Publicado en

Por

rayrackham

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Ray Rackham critica el musical de Tom Jones y Harvey Schmidt, I Do! I Do!, que se está representando actualmente en Upstairs at the Gatehouse.

I Do! I Do! Upstairs at the Gatehouse

3 estrellas

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«El matrimonio es algo muy bueno, aunque está lejos de ser fácil»; así cantan los personajes Agnes y Michael en el poco repuesto musical de Harvey Schmidt y Tom Jones, I DO! I DO!, que se estrenó anoche en Upstairs at the Gatehouse. Escribir bien sobre el matrimonio está lejos de ser fácil, e I DO! I DO! no siempre da en el clavo. Quizá la razón por la que se repone tan raramente sea que el hechizo que convirtió a Mary Martin y Robert Preston en un auténtico éxito en 1961 ahora —incluso con un libreto revisado y actualizado— parece ligero, anticuado y manido. Sin embargo, hay mucho que celebrar en la producción de Joseph Hodges, dirigida con gran soltura y, cabe suponer, también coreografiada; en particular, las interpretaciones bellamente matizadas de Gemma Maclean como Agnes y Ben Morris como Michael, y el virtuosístico acompañamiento del director musical Henry Brennan, que consigue que un piano solo y alguna percusión intermitente suenen como una orquesta de cámara.

Se nos dice que la pieza abarca cincuenta años en la vida de una pareja, que se casa al inicio del espectáculo y, de forma algo insólita, sigue junta cuando cae el telón. Hay una boda, unos cuantos nacimientos, una aventura extramatrimonial, más de una reconciliación, tropiezos profesionales, problemas existenciales y más nupcias. Hasta ahí, muy COMPANY, y ahí reside el problema; a diferencia de la obra maestra de 1970 de Sondheim/Furth, que recibió una puesta al día postmilenio, I DO! I DO! parece muy marcada como una pieza de museo anterior a la revolución sexual; examina las relaciones sin necesidad de explorar el hecho de que dos personas conviviendo acabarán, de manera natural, teniendo al menos algún conflicto. De hecho, en momentos clave en los que la cosa podría ponerse interesante, el musical casi sale corriendo de sí mismo; como si Schmidt y Jones fueran conscientes del lado oscuro de la dicha conyugal, pero no tuvieran tiempo o energía suficientes antes del entreacto o del telón para abordarlo.

Donde I DO! I DO! brilla es en el trabajo de Hodges y su equipo, que ofrece una producción pulida y ágil, segura, melodiosa y divertida. El humor es el ingrediente clave aquí, y cuando I DO! I DO! se ocupa de las idiosincrasias cómicas del matrimonio, despega de verdad. La secuencia inicial del segundo acto, con los dos padres debatiendo sus distintos enfoques para lidiar con un niño revoltoso, es una delicia; una comedia física muy bien dirigida en un trío, con un tempo cómico brillante por parte de los protagonistas y un libreto conciso y genuinamente gracioso.

Un musical para dos puede hundirse o navegar según el talento de su reparto, e I DO! I DO! no podría haber soñado con una pareja mejor. Maclean, en particular, tiene la oportunidad de mostrar el triple talento que claramente posee (un «Flaming Agnes» exquisitamente bailado acompaña su vis cómica y unas voces deslumbrantes), mientras que Morris funciona mejor cuando parodia con delicadeza la pomposidad innata del hombre privilegiado; lo que permite que el público actual no llegue a detestar del todo al personaje tanto como quizá debería en el primer acto y, por fin, se ría con él en el segundo. Ambos están en plena forma vocal, dominan el escenario y transmiten cariño de principio a fin.

Interpretaciones finamente afinadas, una puesta en escena segura y una dirección musical ambiciosa y muy bien ejecutada elevan este espectáculo dulce pero anticuado, con mucho que disfrutar.

Hasta el 16 de noviembre - Upstairs at the Gatehouse

 

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