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NOTICIAS

RESEÑA: Kenny Morgan, Teatro Arcola ✭✭✭✭✭

Publicado en

Por

pauldavies

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Paul Keating (Kenny) y Pierro Niel Mee (Alec). Foto: Idil Sukan Kenny Morgan

El Arcola Mike Poulton,

23 de septiembre de 2016

5 estrellas

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Kenny Morgan fue el amante en la vida real del dramaturgo Terence Rattigan, una relación que se mantuvo en el más absoluto secreto en el Londres de los años 40. Cuando Kenny se enamoró de un actor más joven, Alec Lennox, su vida se precipitó en la desesperación hasta que se suicidó inhalando gas frente a una estufa de gas. Cuenta la historia que, cuando Rattigan se enteró del suicidio de su antiguo amante, fue incapaz de hablar durante veinte minutos. Cuando por fin lo hizo, dijo: «Ya tengo el argumento de mi próxima obra. Se abrirá con un cuerpo tendido frente a una estufa de gas». Esa obra fue The Deep Blue Sea, y el personaje en el suelo, Hester Collyer. La introducción de Mike Poulton a la obra incluye estadísticas estremecedoras. En 1949, el año en que se sitúa la acción, alrededor de 3.000 personas intentaron suicidarse con gas de carbón. Quienes sobrevivieron —en torno a 300— se enfrentaron a procesamiento e incluso a prisión, ya que el intento de suicidio era un delito.

Simon Dutton (Terence Rattigan) y Paul Keating (Kenny). Foto: Idil Sukan

Es en este mundo de secretos, duplicidad, ilegalidad y contención donde vive Kenny Morgan, y esta producción recrea la época con un detalle casi forense, a través de los personajes, los modales, la ambientación y la interpretación más exquisita vista en Londres este año.  El diseño del destartalado cuarto de alquiler de Robert Innes Hopkins «huele a fracaso», y la sensible dirección de Lucy Bailey va retirando con paciencia la fachada de amabilidad y buenas maneras para revelar la devastación que hay debajo. Como Kenny Morgan, Paul Keating está soberbio, sosteniendo una interpretación de desesperación, desgarradora, y a la vez retratando con fuerza a un hombre decidido a no volver a ser el «secreto desagradable» de Rattigan: viviendo en un piso aparte, con todo pagado, sin dignidad propia. Como Rattigan, Simon Dutton ofrece una interpretación asombrosa y llena de matices de un hombre atrapado por su éxito, su sexualidad y la mirada implacable de la sociedad (en especial la de su madre).  Rattigan dice: «El “yo” público es el pagador del “yo” privado», y aquí vemos su doble vida, sus modales perfectos y su autodesprecio, en contraste con las miradas anhelantes hacia Kenny, que dejan al descubierto la profundidad de su amor y su deseo.

Se trata de un reparto de interpretaciones formidables.  Como el irresponsable Alec, Pierro Neil-Mee tiene el trabajo más difícil al interpretar a un borrachín bisexual tan grosero, egoísta e insensible, pero consigue revelar las presiones sociales que lo hacen infeliz y lo llevan a desquitarse con Kenny. La escena inicial es un magnífico homenaje al arranque de The Deep Blue Sea, con la excelente Marlene Sidaway como la casera, la señora Simpson, repartiendo opiniones como si fueran hechos y resumiendo la escena con pullas lapidarias de desaprobación. Su figura se equilibra con una interpretación preciosa de Matthew Bulgo como el vecino amable y sensible, Dafydd Lloyd, el lado considerado de la sociedad frente a los veredictos condenatorios de la señora Simpson.  Como el doctor inhabilitado, el señor Ritter, George Irving está estupendo, con un humor lacónico y una furia contenida ante el intento de suicidio de Kenny, cuando tantos de su pueblo judío no tuvieron elección entre la vida y la muerte durante la guerra. Lowenna Melrose aprovecha al máximo su breve papel como Norma, el ligue de Alec, punctuando la egoísta autonegación de él con dardos de verdad.

Simon Dutton (Terence Rattigan) y Paul Keating (Kenny). Foto: Idil Sukan

La hermosa obra de Mike Poulton bien podría ser la pieza que Rattigan realmente quiso escribir, y dar voz a estos personajes es una declaración conmovedora. A lo largo de la función, se hacen comentarios y se vierten opiniones sobre los actores y la interpretación, sobre la teatralidad y el juego de roles, y este subrayado de las dobles vidas está creado con exquisitez. La gente no deja de preguntarle a Kenny si necesita algo, pero lo único que de verdad necesita —vivir su vida de manera abierta y plena— es precisamente lo que se le negará. Su segundo intento de suicidio, el que tiene éxito, cierra la obra y se siente inevitable. Hay algo de ironía en que, en una época de reparto a ciegas por género, edad y etnia, de trabajos multimedia y de un teatro que busca la próxima gran novedad, un fragmento de drama naturalista bien construido pueda seguir siendo la mejor obra nueva de 2016. Imprescindible.

Hasta el 15 de octubre de 2016

RESERVA YA PARA KENNY MORGAN EN EL ARCOLA THEATRE

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