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NOTICIAS

RESEÑA: Mucho ruido y pocas nueces, Mercury Theatre Colchester ✭✭

Publicado en

Por

pauldavies

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Mucho ruido y pocas nueces

Mercury Theatre, Colchester

5/10/16

2 estrellas

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¿La única manera es Shakespeare? Ambientada en un Essex contemporáneo, en una ciudad de guarnición (insinuando, no precisamente con sutileza, que transcurre en Colchester), esta producción logra fallar en casi todos los frentes. El enfoque “TOWIE” introduce ideas algo chabacanas, y el concepto mal planteado de Pia Furtado necesita dejar de recrearse en su supuesta brillantez y centrarse en contar la historia. Todo empieza con la canción de apertura cantada en los pasillos, detrás de las primeras filas, que no pueden ver a quienes cantan, y se alarga demasiado. Esta acumulación de ocurrencias frena el ritmo y alarga la duración; por ejemplo, una escena de fiesta desesperadamente larga anula la comedia, con un upstaging espantoso que habría que cortar de raíz, y ¿por qué hacer un chiste de bragueta cuando se pueden hacer diez? (Si el reparto se lo está pasando mejor que el público, tenemos un problema). Con casi tres horas de duración, el espectáculo necesita avanzar con más brío. Aunque aplaudo la innovación, esta lectura no arroja ninguna luz nueva sobre el texto y, en el fondo, se trata de una versión cumplidora de la obra.

Menudo suspiro de alivio saber que Beatrice y Benedick —de quienes depende por completo el montaje— están muy bien. Jason Langley es un Benedick estupendo, canalla y de aire “de chavales”, quizá necesite sacar un poco más su fanfarronería al principio, pero es exactamente el tipo de chico de Essex que llena el Wetherspoons del barrio un sábado por la noche, y resulta tremendamente encantador cuando admite su amor por Beatrice. El acento de Essex de Danielle Flett me recordó al intento de Catherine Tate con el papel hace unos años, pero una vez que coge el ritmo, su Beatrice es combativa y convincente, y la pareja funciona especialmente bien en la segunda mitad. Robert Fitch está excelente como Don Pedro: autoritario cuando hace falta, amigo cuando toca, y con bonitos matices de su propia soledad y de una existencia enamorada y triste. Como Margaret, Kirsty J. Curtis aporta energía y humor, y es de agradecer que se deje a su personaje espacio para llorar a Hero.

El reparto está igual de comprometido que lastrado por el concepto. Polly Lister, como Don John, atraviesa la frivolidad y, con una dicción excelente, plasma muy bien la crueldad del personaje. Sin embargo, que la villana sea una soldado y que Conrade, uno de sus secuaces, también sea mujer, refuerza el estereotipo de que las mujeres militares son unas arpías; hacía falta un equivalente femenino fuerte que lo equilibrara. Convertir a Dogberry en un exsoldado con TEPT es una idea valiente y fascinante, pero le quita la comedia al papel, pese a la sólida interpretación de Karl Hayne. El resto de la Guardia lo interpretan miembros del coro comunitario, y se defienden muy bien, sobre todo teniendo en cuenta que algunos de los actores profesionales se tropezaron con el texto en la función de prensa. Es una pena decirlo, pero la interpretación es algo irregular dentro del conjunto.

Las cosas tampoco ayudan con el desolador diseño de escenografía de Camilla Clarke, que encierra la acción en los barracones durante la primera mitad, sin dejar que la obra se despliegue en un espacio lúdico y disfrutable. La segunda mitad no mejora, cuando la acción sale de los barracones, y desde luego la escenografía no se parece al Colchester que yo conozco. El único elemento reconocible es el autobús SOS que ofrece un respiro a los borrachos en el centro durante el fin de semana; no hay rastro de las murallas romanas ni de ninguna de las iglesias históricas que podrían haber acogido a Hero tras su plantón. Para mí, Mucho ruido y pocas nueces es una comedia romántica; de hecho, un artículo del programa lo subraya. Sin embargo, esta producción no es ni lo uno ni lo otro:  lo que la obra no es  es una comedia oscura, y aquí se le ha arrebatado gran parte de su diversión al texto. Irónicamente, como la comedia no termina de funcionar, los aspectos más sombríos de la obra resultan mucho más logrados.  Me duele decirlo, pero, en mi opinión, este es uno de los montajes más flojos que se han visto en el Mercury en los últimos tiempos. Insisto en que es mi opinión, porque a otros críticos y a parte del público les encantó, y quizá esta versión estaba destinada a dividir opiniones. Desde luego ha dado que hablar, lo cual puede ser incentivo suficiente para ir a verla y sacar tus propias conclusiones.

Hasta el 15 de octubre de 2016

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