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RESEÑA: Second Soprano, King's Head ✭✭✭✭✭
Publicado en
24 de junio de 2015
Por
timhochstrasser
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Foto: Richard Davenport Second Soprano
King’s Head Theatre, Islington
19 de junio de 2015
En esta temporada teatral en la que la conmemoración y el recuerdo del estallido de la Primera Guerra Mundial ocupan un lugar destacado, muchas de las propuestas dramáticas más exitosas son de pequeño formato. En cierto modo, este magnífico dúo, escrito por Martha Shrimpton y Ellie Routledge, e interpretado por Shrimpton y Olivia Hirst, es la imagen en espejo de Stony Broke in No Man’s Land, que reseñé aquí recientemente. Ambas son exhibiciones virtuosísticas de oficio actoral, que atraviesan varios géneros, crean múltiples personajes y mezclan tono y estilo, música y palabra para dar lugar a una combinación inefable y muy personal de humor y pathos. El resultado es que el acto de conmemorar se vuelve más complejo y, diría yo, más conmovedor que un enfoque sencillo, frontal, puramente narrativo o histórico. Como historiador a la luz del día quizá te sorprenda oírme decir esto, y a menudo la realidad es más extraña que cualquier ficción inventada. Sin embargo, mediante la disrupción, la subversión y el reordenamiento de los hechos, el arte a veces logra ahondar hasta alcanzar una verdad emocional más profunda sobre el pasado; y ese es el logro artístico de este dúo dinámico, a la altura de su deslumbrante virtuosismo técnico.
Gran parte de la acción alterna entre el frente interno, representado aquí por una cocina de Yorkshire, y el propio Frente Occidental. Comenzamos en 1914, y las hermanas Jane (Hirst) y Liz (Shrimpton) se plantean qué pueden hacer para contribuir al esfuerzo bélico. Jane decide alistarse como enfermera y Liz se queda y ayuda a llevar la oficina de correos local. Jane deja atrás a un enamorado, Henry, también interpretado por Hirst, que sigue intentando escribirle mientras desarrolla, además, una incómoda intimidad con Liz. La acción se traslada después al Frente Occidental, donde Jane aprende rápidamente tanto las posibilidades como las estremecedoras limitaciones de lo que la enfermería puede lograr. También hay escenas en las trincheras en las que Henry, ya alistado, y un amigo suyo quedan bajo fuego; y, por una cadena de accidentes, un broche talismán acaba regresando a Jane. La historia se basa libremente en las experiencias reales de la abuela de Shrimpton. Todos los episodios están salpicados de canciones: algunas recién compuestas por las autoras, otras tomadas de los géneros de music hall y cabaré de la época; algunas en solitario y otras a dúo; unas acompañadas con acordeón y otras con un piano asmático. Hay un movimiento dinámico constante que aprovecha al máximo los recursos del escenario, y una gran libertad improvisatoria, que incluso integra con éxito momentos de humor aleatorio e inesperado provocados por un suelo que chirría.
Entonces, ¿qué hace especial a este montaje? Por encima de todo, quizá, la variedad de tonos que dominan las intérpretes, tanto en lo verbal como en lo visual. Pueden cambiar en un instante de una burla mordaz, quebradiza y posmoderna que parece salida directamente de Fawlty Towers o Oh, What a lovely war!, a la vez que pasan por el miedo y el resentimiento de los soldados bajo fuego, la emoción contenida y la cálida empatía en el puesto de enfermería, y una comedia irónica a costa de la otra. El hecho de que la obra no siempre avance en el orden previsible del naturalismo te obliga a pensar con más cuidado en el tema y su significado. Y que pueda tratarse simultáneamente de distintas maneras y con distintos estados de ánimo sirve para mostrar la complejidad de los acontecimientos y los distintos puntos de vista, todos ellos válidos a la vez. También hay aquí un notable sentido visual. En las escenas de hospital, por ejemplo, Hirst alza y camina junto a camisas vacías para guiar y ayudar a soldados heridos hacia camillas imaginarias: es solo uno de los muchos gestos de conmovedora economía que capturan y destilan momentos en los que un drama tradicional se detendría durante más tiempo con menor efecto (por ejemplo, ¡casi toda una temporada de Downton Abbey!). Aunque ni mucho menos se nos dan siempre todos los datos, sí se nos ofrecen todas las emociones esenciales, y desde muchos ángulos. Es un trabajo muy sensorial: hay varios momentos brillantemente evocadores en los que ambas intérpretes realizan improvisaciones sonoras frente a un micrófono que se van amplificando y repitiendo como grabaciones… y, poco a poco, te transportan a la atmósfera de uno de esos eternos días de verano inglés, hoy perdidos, que se suponía que formaban parte de aquel verano de 1914; o bien nos hunden en los ruidos del bombardeo y la guerra de trincheras tras apenas un minuto de vocalizaciones. Técnica e intención emocional trabajan aquí codo con codo con enorme eficacia.
La pieza dura solo una hora, pero al final sientes que has acompañado a las actrices y a las autoras en un viaje psicológico más largo de lo que eso sugiere. Ambas están igual de acertadas interpretando personajes masculinos y femeninos, y diferenciándolos con claridad. Jane aparece como dedicada, íntegra y noble, pero sin rigidez ni mojigatería; Liz, en cambio, es más mundana, sensual y emocionalmente frágil que su hermana. El sufrido Henry no es especialmente espabilado, pero aun así se convierte en símbolo del Tommy de a pie, abnegado y resistente. Shrimpton añade además un magnífico cameo como una enfermera jefe de gesto duro, que oculta su creciente incapacidad para sobrellevarlo todo tras una eficiencia maniática: un tipo demasiado familiar en tiempos de guerra. La música funciona como comentario directo, como acompañamiento discreto, como material documental de la época y como sátira. Es indicio de una tendencia cada vez mayor en el teatro contemporáneo a difuminar las fronteras entre obra de teatro y musical. Este desarrollo puede beneficiar enormemente a ambos, permitiendo que los recursos emocionales y el alcance de la palabra y la música se solapen y se fundan de manera muy creativa, como olas de distintas dimensiones en la misma playa.
Esta obra tuvo una temporada muy exitosa en el Arts Theatre antes de trasladarse al King’s Head, y merece volver a verse en un espacio mayor, quizá en el Festival de Edimburgo. Entretanto, no dudes en aprovechar esta temporada actual. Seguro que seguiremos oyendo hablar de estas intérpretes versátiles y tremendamente inventivas, y de su memorable vehículo escénico.
Second Soprano se presenta en The King's Head Theatre hasta el 4 de julio de 2015
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