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RESEÑA: Los Puentes de Madison County, Menier Chocolate Factory ✭✭

Publicado en

Por

sophieadnitt

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Sophie Adnitt reseña el musical de Jason Robert Brown The Bridges of Madison County, actualmente en cartel en el Menier Chocolate Factory, en Southwark (Londres).

Jenna Russell (Francesca) y Edward Baker-Duly (Robert). Foto: Johan Persson The Bridges of Madison County

Menier Chocolate Factory

Dos estrellas

Comprar entradas Siempre me impresiona cómo el Menier Chocolate Factory consigue transformar por completo su auditorio de una producción a otra, y en esta ocasión no es diferente. Encajado con precisión en una esquina y con dos plataformas giratorias, el diseño de Jon Bausor solo se ve empañado en contadas ocasiones por algún estruendo audible entre bambalinas y por un porche que tiembla visiblemente al entrar y salir cuando toca, como un intérprete con nervios. Por suerte, no se aprecia nada de esa inquietud en el reparto, reducido pero con mucho talento, de The Bridges of Madison County. Basada en la novela de 1992 (que más tarde se convirtió en la película, bastante más conocida, con Clint Eastwood y Meryl Streep), la adaptación musical de Jason Robert Brown y Marsha Norman llega a Londres dirigida por Trevor Nunn y encabezada por la siempre brillante Jenna Russell.

Gillian Kirkpatrick (Marge) y Paul f Monaghan (Charlie)

Es una pena, entonces, salir del teatro con la sensación inevitable de que estas dos horas y cuarenta y cinco minutos no las vas a recuperar. El primer acto, en particular, parece alargarse eternamente, y una estructuración algo extraña en el segundo hace que todo parezca avanzar a trompicones durante más tiempo del que realmente dura. Aquí podría recortarse muchísimo sin que el argumento —lo que hay de él— se resienta. Con su marido e hijos fuera en la feria estatal, la italiana Francesca (Russell) mantiene una aventura de cuatro días con Robert (Edward Baker-Duly), un fotógrafo que ha recalado en su pueblo de Iowa para hacer fotos de los puentes de la zona. Y, ejem, eso es todo. Hay un montón de relleno sobre el viaje de la familia a la feria y un número entero dedicado a Marian, la exmujer de Robert, por lo demás ausente (aunque en manos de la voz privilegiada de Shanay Holmes es de lo mejor de todo el espectáculo): resulta agradable, sí, pero te preguntas qué pinta aquí.

Maddison Buleyment (Carolyn) y Jenna Russell (Francesca). Foto: Johan Persson

También está el hecho de que, entre Francesca y Robert, apenas hay química. Su romance se siente forzado; sus primeras interacciones parecen más las de vecinos cordiales que las de una pareja atrapada por una atracción repentina. Cuesta apoyarles como pareja, además, pese a que el montaje se esfuerza muchísimo por justificar la infidelidad: en el acto 2, el por lo demás razonable marido de Francesca, Bud (Dale Rapley), sufre un trasplante de personalidad de la noche a la mañana y pasa a ser, de repente, un bruto que detesta a los niños. La aventura en la que se sostiene la obra termina pronto en el segundo acto, y el resto lo ocupa un extraño montaje de graduaciones y bodas (¿quizá para sugerir que Francesca tomó la decisión correcta al quedarse con su familia aburrida?), acompañado por un número musical de corte blues que choca con el estilo, tan apoyado en las cuerdas, del resto del espectáculo. Esto también se alarga más de la cuenta.

Dale Ripley como Bud. Foto: Johan Persson

No es, ni mucho menos, un mal espectáculo; simplemente es increíblemente aburrido. El ritmo es el principal problema y, al cabo de un rato, las aparentemente interminables baladas de aire folk empiezan a confundirse entre sí. Hay mucho talento en este reparto, pero no se luce en su mejor versión, aunque Gillian Kirkpatrick y Paul F Monaghan, como los vecinos de Francesca, aportan un necesario alivio cómico: Kirkpatrick, como la entrometida Marge, acaba siendo el personaje más interesante de la función. La Francesca de Russell se traslada al escenario con menos matices; parece insatisfecha con su vida, pero no lo suficiente como para decidirse a hacer algo al respecto. Cuando tiene la oportunidad, su interpretación cantada es soberbia y, también ella, hace mucho por salvar el conjunto.

Demasiado larga e inexplicablemente sosa, The Bridges of Madison County probablemente encontrará a sus defensores entre los fans de su compositor, pero por lo demás supone un tropiezo serio en el habitual historial de aciertos del Menier en teatro musical.

COMPRAR ENTRADAS PARA THE BRIDGES OF MADISON COUNTY

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