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RESEÑA: Admissions, Trafalgar Studios Londres ✭✭✭✭

Publicado en

Por

helenapayne

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Helena Payne reseña a Alex Kingston en Admissions, de Joshua Harmon, actualmente en cartel en Trafalgar Studios, Londres.

Alex Kingston (Sherri) y Sarah Hadland (Ginnie) en Admissions. Foto: Johan Persson Admissions Trafalgar Studios

4 estrellas

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Sherri Rosen-Mason, interpretada por Alex Kingston, es la responsable de Admisiones de un colegio de alto nivel; vive en una casa de alto nivel, con una cocina de alto nivel y junto a su marido de alto nivel, el director. Su único hijo, Charlie Luther Mason, sueña con entrar en Yale, pero no lo consigue, mientras que su mejor amigo Perry (que además resulta ser “un cuarto negro”) sí lo logra. El trabajo de toda la vida de Sherri: “hacer que el colegio sea menos blanco”; la “noble” tarea de elevar las cuotas de diversidad al 20% queda bajo escrutinio cuando intenta apoyar a su hijo en su amarga decepción y defender el sistema que, en esta ocasión, ha jugado en su contra.

Alex Kingston (Sherri) y Andrew Woodall (Bill) en Admissions. Foto: Johan Persson

La raza parece ser la patata caliente teatral de moda. Tras el éxito de Bad Jews, Joshua Harmon dirige su mirada a la blancura, o más concretamente, a la blancura liberal. Resulta un poco incómodo y bastante sorprendente ver una obra sobre la raza en la América actual interpretada por un reparto íntegramente blanco, pero, como sostienen las teorías de Said sobre la otredad, la blancura debe examinarse como una entidad en sí misma y no como un supuesto estado de neutralidad; y supongo que eso es lo que Harmon intentaba hacer con el reparto.

Las interpretaciones son sólidas en conjunto, destacando especialmente la de Alex Kingston, que comparte con el público algunos momentos angustiosos mientras la vemos reordenar sus pensamientos y reacciones para mantener esa imagen idealizada que tiene de sí misma. Ben Edelman resulta a la vez irritante y digno de lástima como el hijo trabajador que no obtiene su final feliz en Yale pero, en su arenga, plantea algunas observaciones muy pertinentes sobre cómo raza y privilegio no siempre están inextricablemente unidos. Hay una comedia muy bien medida en Margot Leicester, que encarna un racismo más directo y a la antigua usanza frente a la impecablemente modelada jerga de Sherri, con perlas como “búscame minorías que en las fotos parezcan negras”. Qué bochorno. Mientras tanto, Sarah Hadland, como la mejor amiga de Sherri y madre de Perry, aporta momentos de auténtico patetismo sin dejar de resultar dolorosamente problemática. Sin embargo, nadie es tan desagradable como el padre de Ben, interpretado por Andrew Woodall. Frente a su hijo irascible y su esposa hipócrita, probablemente es quien vive su política con mayor coherencia, pero carece de compasión hasta un punto repulsivo.

Alex Kingston (Sherri), Andrew Woodall (Bill) y Ben Edelman (Charlie) en Admissions. Foto: Johan Persson

Disfruté de esta obra. Me reí de verdad con el texto y creo que se atreve a abordar algunos tabúes muy actuales. Al centrarse en la identidad blanca liberal, pone con valentía en escena personajes que no son ni villanos ni héroes. De hecho, las personas profundamente imperfectas que vemos en Admissions habitan esa zona gris de la moralidad que la mayoría de nosotros, si fuéramos sinceros con nosotros mismos, probablemente también ocupamos. Es innegable que, cuando se trata de progresar, todo el mundo utiliza lo que tiene para salir adelante, ya sea dinero, influencia o la capacidad de marcar una casilla que te coloca en una lista más corta. Así que quizá Harmon hable de forma más transparente a través de su personaje central cuando afirma: “Si nadie se obsesionara con ello, nada cambiaría jamás”. En Admissions, la obsesión de Harmon con la blancura es una aportación necesaria a la conversación más amplia sobre raza y políticas de identidad que estamos viendo en el teatro y en el panorama cultural en general.

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