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NOTICIAS

RESEÑA: El rapto en el serrallo (La Abducción), Bloomsbury ✭✭✭✭✭

Publicado en

Por

timhochstrasser

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Foto: Richard Lakos Die Entführung aus dem Serail (El rapto)

Pop-Up Opera, Bloomsbury.

10 de marzo de 2015

5 estrellas

Con tanta atención de la prensa centrada en las grandes compañías de ópera de Londres y en los pros y contras de sus problemas de financiación, es fácil olvidar cuánta ópera a pequeña escala, emocionante y original, está ocurriendo fuera del foco mediático. Del mismo modo que los grandes teatros se vieron desafiados primero por la tradición independiente de ópera en casas de campo, ahora el fenómeno «pop-up» ha surgido para encontrar nuevas formas de presentar y reimaginar viejas obras maestras para públicos nuevos. Opera-in-Space, Merry Opera y —aquí— Pop-Up Opera son solo algunas de las compañías que han ofrecido temporadas impresionantes en los últimos años. Sin embargo, al igual que ocurre con los mercados y los puestos de comida «pop-up» comerciales, no es en absoluto una fórmula fácil de lograr: la conveniencia, la accesibilidad y la novedad están muy bien, pero si no se preservan la calidad básica y la integridad esencial del producto original, el proyecto fracasa. Me complace mucho informar de que esta representación de El rapto en el serrallo de Mozart logra triunfar al mantener el necesario y delicado equilibrio.

Esta ópera de 1782 fue la primera obra escénica de Mozart en disfrutar de un verdadero éxito fuera de Viena. Es una muestra fastuosa, incluso superabundante, de los prodigiosos talentos de Mozart: al fin y al cabo, es la ópera que provocó el comentario de José II: «¡Demasiadas notas, mi querido Mozart!». La escritura orquestal es más inventiva, pictórica y exótica que cualquier cosa que Mozart hubiera intentado antes para el escenario, y cada uno de los cinco protagonistas recibe un puñado de arias largas y virtuosas que ponen al límite la técnica y la expresividad emocional. Además, por momentos el compositor parece prescindir por completo de las formas antiguas.

Se adelanta a Fígaro al romper con el artificio deliberado de la tradición operística barroca y hacer avanzar la trama en un tiempo real sostenido, fundiendo música y acción en una embriagadora y vertiginosa carrera hacia delante. Con estas cualidades, es una pena que no se represente más a menudo (en parte por las fuerzas orquestales que requiere y, en parte quizá, por la sensibilidad ante la sátira cómica orientalizante de la cultura turca —y, en general, islámica—); por eso, esta producción en formato reducido resulta bienvenida tanto por sí misma como por la manera en que invita al público a replantearse la obra en su conjunto.

El rapto se presta especialmente a la simplificación y al formato reducido porque la trama del Singspiel original, ligero, no soporta con facilidad el peso de los extremos emocionales que se le imponen. En esencia, es la historia de dos parejas, una de las cuales sirve a la otra, y en la que las mujeres están cautivas en un harén: entre muchos giros y vueltas, existe el riesgo de explotación por parte de un capataz que actúa en nombre de un sultán remoto y misterioso, pero también la posibilidad de rescate/rapto por parte de los hombres. Esto es más una picante comedia al estilo Carry On que un gran drama, y sin embargo la música explota a menudo los contrastes plañideros y heroicos de la opera seria.

El equipo de producción de Pop-Up Opera encuentra una resolución agradable a este potencial conflicto estético al elegir un formato que actualiza la comedia y reubica de forma brillante ese emocionalismo desmedido y auto-dramatizado de un modo que da sentido al conjunto. Nos trasladan al frágil mundo de los enamoramientos en redes sociales y de las celebridades portándose mal.

Así, nos encontramos no dentro de un harén, sino en el «campamento» de un spa, presidido por el pachá Selim (un papel hablado transformado con ingenio en el confesionario de Gran Hermano) y su lascivo secuaz Osmin (Marcin Gesla). Aquí Konstanze (Eve Daniell) se ha refugiado con su secretaria, Blonde (Emily Phillips), para ponerse en forma antes de una cita con Belmonte (Paul Hopwood), su ligue online español. Sin embargo, una vez dentro no pueden salir, y comienzan las diversiones cómicas, muchas de ellas iniciadas por Pedrillo (Tom Morss), el Sancho Panza de Belmonte, a costa de Osmin.

Se suceden travesuras muy reconocibles del mundo espumoso de los concursos de famosos: las amenazas de tortura y castigos terribles reaparecen como rutinas de gimnasio demasiado entusiastas; la colada y «un poco de plancha terapéutica» sirven de telón de fondo para una música deliciosamente seductora y de desesperación exagerada; el artificio operístico autoconsciente de las bebidas adulteradas y las fugas planificadas con todo detalle resurge como el nuevo sensacionalismo de la telerrealidad.

Nada de esto importaría demasiado si los cinco cantantes y la pianista acompañante no estuvieran a la altura de las exigencias de la partitura. Mozart se vio impulsado a superarse por la enorme calidad del grupo original de cantantes para quienes escribía, y por tanto esta pieza se sostiene o se viene abajo según la calidad de sus intérpretes clave. Conviene subrayar, pues, que no hubo ningún eslabón musical débil, y que todo el reparto resultó ser también un elenco de actores solventes, aprovechando al máximo una variedad de atrezo y el lujoso telón de fondo que ofrecía la sucursal de Bloomsbury de Robert Kime Antiques.

Fue un placer escuchar la obra en el alemán original, pero con ingeniosos subtítulos estilizados en inglés que resumían los diálogos y se mostraban de forma verosímil en pantallas que supuestamente formaban parte de la rutina del spa y de los intercambios en redes sociales. Accesibilidad y autenticidad funcionaban en un tándem adecuado, como tantas veces no sucede en las producciones de ópera. La directora musical Berrak Dyer ofreció una interpretación de bravura del acompañamiento mozartiano y aportó el equilibrio justo entre el impulso hacia delante y los momentos de reposo que esta partitura necesita para desplegar todo su efecto.

Estar tan cerca de la acción y de unas voces tan potentes rompía la «cuarta pared» de un modo estimulante y revitalizante. Sin querer cargar el toque ligero de esta producción hábil y elegante con demasiada interpretación, ¿no es esta, desde luego, la manera de atraer a nuevos públicos a la ópera, que quizá hoy se ven disuadidos por el precio de las entradas y el arco de proscenio? Es posible encontrar un término medio feliz entre, por un lado, la fidelidad a la lógica emocional de la partitura y, por otro, una actualización que entretiene y provoca a un público moderno que carece de conocimiento sobre la historia y las convenciones operísticas. La disciplina de despojar una obra hasta sus elementos básicos y reinventarla en numerosos lugares muy distintos, noche tras noche, recupera el espíritu de la tradición de repertorio que fue la base del valor y la fortaleza de tanto del British Theatre, y ofrece posibles lecciones de las que podrían beneficiarse los directores más consagrados y los teatros de ópera más grandiosos.

Así que, si en los próximos meses se encuentra cerca de alguno de los graneros, túneles, pubs, casas de campo, barcos y otros espacios inesperados e íntimos seleccionados por esta intrépida troupe, no dude en pasar una velada en su excelente compañía. ¡Podría transformar la manera en que piensa la ópera como forma de arte!

El rapto estará en cartel hasta el 25 de abril. Para más información, visite el sitio web de Pop Up Opera.

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