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RESEÑA: La Jaula de las Locas, Park Theatre de Londres ✭✭✭
Publicado en
20 de febrero de 2020
Por
rayrackham
Ray Rackham reseña la adaptación de Simon Callow de la farsa francesa La Cage Aux Folles, actualmente en cartel en el Park Theatre de Londres.
La Cage Aux Folles
Park Theatre
3 estrellas
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La adaptación de Simon Callow de la ya muy sobada farsa francesa La Cage Aux Folles se estrenó en el Park Theatre con una acogida entusiasta y muchas risas. La versión de la obra de Jean Poiret es una más dentro de una larga estela, que incluye cuatro películas y el musical homónimo de Jerry Herman, ganador de un premio Tony; y, francamente, la pregunta más importante de la noche es si esta nueva propuesta tiene algo nuevo que decir.
En líneas generales, el argumento se mantiene muy fiel a la obra original. El dueño de un club nocturno, Georges, y su deslumbrante pareja, el artista drag Albin, crean los espectáculos más espectaculares en Saint-Tropez. Pero cuando Laurent, el hijo de Georges, anuncia su compromiso con la hija de un democristiano de derechas, decidido a echar el telón sobre la vibrante vida nocturna del lugar, empieza la verdadera función. Michael Matus y Paul Hunter están absolutamente encantadores como Georges y Albin, y la forma meticulosamente excéntrica en que Hunter remata las réplicas más graciosas es una auténtica delicia para el público. Encabezan un reparto homogéneamente brillante de actores cómicos de primer nivel, que componen una galería de personajes cada vez más exagerados; y, aunque resulte poco elegante destacar a alguien en concreto, el Jacob de Syrus Lowe y el Tabaro de Peter Straker triunfaron en sus muy distintas celebraciones del camp. La Madame Priedieu de Louise Bangay (la esposa del mencionado democristiano) era un divertidísimo cruce entre Marine Le Pen y Margaret Thatcher, y la nueva adaptación hace mucho por asegurar que este personaje resulte tan implacable como su cónyuge político.
La escenografía de Tim Shortall destila tonos beige y sepia, con ribetes dorados de la época que despiertan una ligera nostalgia por la piña en un palito. A partes iguales hortera y chic, captura el periodo de un modo que lo celebra; y resulta enormemente eficaz en su casi monacal reconfiguración en el Acto Dos. El espléndido diseño de iluminación de Rick Fisher baña la función con un rubor tenue y recatado; y, aunque el vestuario de Shortall es ingenioso, irónicamente alcanza su punto álgido en el Acto Dos, cuando el drag de Albin se vuelve más conservador y las apuestas suben. Richard Mawbey aporta una variedad de pelucas funcionales para los personajes que hacen un guiño más que evidente a Are You Being Served?
Callow deja claro que no quiere presentar esta última versión como una pieza de museo de hace cincuenta años, sino como una comedia de enredos viva y palpitante que, simplemente, está ambientada hace cincuenta años. Pero el resultado se percibe algo autoconsciente y excesivamente bienintencionado, dotando a la obra de un aire anticuado desde el mismo arranque. La dirección de Jez Bond es en su mayor parte amanerada, pero se ve deslavazada por una ruptura indisciplinada de la cuarta pared, y no se puede evitar la sensación de quedarse con ganas ante una nueva traducción y una dirección que, cada una por su lado, parecen más seguras de lo que habría sido el original a principios de los setenta. Todos los elementos están, desde luego, aquí; simplemente no da la impresión de que estén trabajando en armonía hacia el mismo desenlace absurdamente divertido; y, en cuanto a los momentos realmente graciosos, se cuela al menos una sensación de déjà vu procedente de las películas y del musical anteriores, por brillante que sea la interpretación actual del estupendo conjunto de actores sobre el escenario.
Fotos: Mark Douet
Hasta el 21 de marzo de 2020
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