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RESEÑA: Nice Work If You Can Get It, Upstairs At The Gatehouse ✭✭✭✭

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Por

julianeaves

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Julian Eaves reseña Nice Work If You Can Get It, de Joe DiPietro, con música de George e Ira Gershwin, presentada por Ovation Productions en Upstairs at the Gatehouse.

Fraser Fraser y Abigail Earnshaw en Nice Work If You Can Get It. Foto: Darren Bell Nice Work If You Can Get It

Upstairs At The Gatehouse

14 de diciembre de 2018

4 estrellas

Comprar entradas El espectáculo de la temporada navideña en este destacado teatro fringe londinense es siempre el evento insignia del año, esperado con auténtica expectación.  La compañía residente, Ovation, creada por la productora residente Katie y el director John Plews, tiene como objetivo presentar entretenimiento de teatro musical de gran calidad, reuniendo lo mejor del talento emergente con el saber hacer de profesionales con experiencia, y todo ello a precios casi ajustados.  Es una fórmula ganadora que ha dado lugar a una cadena de magníficos montajes a pequeña escala de grandes títulos, brillantemente realizados en el íntimo espacio de unas 200 butacas situado sobre el cada vez más reconocido gastro-pub del norte de Londres, en lo alto del barrio.

Jessica Elizabeth Nelson como Billie Bendix. Foto: Darren Bell

Este año, el emprendedor Plews se ha anotado un verdadero tanto al conseguir el estreno en el Reino Unido de la “invención” —ganadora de un Tony— de Joe DiPietro: una “nueva” comedia musical alocada que bebe generosamente —pero siempre con ligereza— de los deliciosamente joviales y disparatados musicales de los años 20 de Guy Bolton y P. G. Wodehouse: un mundo de personajes bidimensionales pero vívidos, peripecias demenciales y resonancias siempre mordazmente actuales, sometidas a un escrutinio satírico de buen talante.  Aquí, la trama, más ligera que el aire, gira en torno a un joven y glamuroso dandi que pretende casarse por dinero con una heredera más superficial que el celofán, pero que el destino va juntando cada vez más con una mujer mucho más adecuada, aunque peligrosamente provocadora: una gamberra con buen corazón.  A su alrededor gravita una constelación de extraños estereotipos del género: la madre autoritaria pero desmadradamente liberada, los delincuentes que, con un histrionismo delicioso, se hacen pasar por serviciales criados, el policía incompetente, el político venal, el moralista censor, y así sucesivamente, arropados por un vivaz conjunto de chicas y chicos del coro, que llenan el escenario siempre que pueden para ofrecer espléndidos números de canto y baile.

Jessica Elizabeth Nelson y sus Nice Work Boys. Foto: Darren Bell

¡Y qué números!  La partitura musical (supervisada por Charlie Ingles) se arma aquí como un patchwork con algunas melodías muy conocidas y otras casi nunca escuchadas de George e Ira Gershwin, que nunca dejan de deleitar, en arreglos de imaginativa elegancia firmados por Bill Elliott.  Y la puesta en escena musical de Grant Murphy (con la ayuda de Amy Perry) nace con total naturalidad de la dirección ágil de Plews: atención, porque quizá el gran golpe teatral sea la secuencia del baño, en la que el diseño de Pollyanna Elston alcanza cotas maravillosas de disparate; sin olvidar su siempre impecable atención al detalle en el deslumbrante vestuario de la producción (supervisado por Nadine Froehlich, con estupendas pelucas de otra integrante del equipo anfitrión, Jessica Plews).  Todo está magníficamente iluminado por Sam Waddington, y el diseño de sonido corre a cargo de Nico Menghini, que hace auténticas maravillas para equilibrar las doce voces del reparto con la banda de seis, descarada y metalizada, situada en la galería de músicos.

David Pendlebury y Nova Skipp en Nice Work If You Can Get It. Foto: Darren Bell

Sin embargo, es en el destino de los personajes donde nuestro corazón permanece firmemente implicado.  Alistair So (Jimmy Winter) es un talento en alza; recientemente fue cover de Lun Tha en la opulenta producción de The King and I en el Palladium, y su voz posee una belleza extraordinaria, con agudos realmente deslumbrantes y un centro exuberante y cálido; frente a él, Jessica-Elizabeth Nelson (Billie Bendix) ofrece un contraste perfecto, con un mezzosoprano acerado y cristalino capaz de hacer brillar tanto el tema más “brass” como la balada más suave y delicada, con una luminiscencia nacarada.  De forma extraordinaria, el director musical, Chris Poon, debuta profesionalmente con este magnífico reparto, y les arranca interpretaciones de primer nivel que apuntan a una carrera brillante por delante (algunos quizá recuerden su impresionante Sunday in the Park with George para NYMT en The Other Palace hace un par de veranos, entre otros hitos de un CV ya de por sí notable).

El resto del reparto lo completan la prometida deliciosamente terrible, Eileen Evergreen (Charlotte Scally), el bribón fanfarrón pero adorable de David Pendlebury, Cookie McGee, la Jeannie Muldoon de Abigail Earnshaw, a ratos recatada y a ratos vulgar, el Duke Mahoney de Fraser Fraser, torpe y entrañable a más no poder, el crédulo y corto de luces Chief Berry de Harry Cooper-Millar, el pesadamente indulgente paterfamilias de Stuart Simons, el senador Max Evergreen, el doblete de Grace McInerny como la amiga Dottie y la soberbia madre Millicent, la espantosa aguafiestas Estonia Dulworth —un auténtico desmadre en manos de Nova Skipp—, y el resto del ensemble: Adam Crossley (amigo del senador, Elliot, y además capitán de baile) y Kirsten Mackie (que también asume el papel destacado de Rosie).

Aunque el libreto se despista de vez en cuando a la hora de aferrarse al tono adecuado, y el espíritu cómico a ratos cae tanto como se eleva, la esencia del espectáculo está siempre muy bien situada, y como propuesta navideña difícilmente podría resultar una distracción más eficaz frente a las muchas realidades desagradables que hoy nos ocupan.  Igual que en los años 20, el presente tiene apetito de diversión escapista, y este montaje la ofrece en abundancia.  ¡Id y disfrutad!

ENTRADAS PARA NICE WORK IF YOU CAN GET IT

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