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RESEÑA: Only Fools and Horses el Musical, Theatre Royal Haymarket ✭✭✭
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pauldavies
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Paul T Davies reseña Only Fools and Horses: el musical, basado en la clásica comedia de situación, que ahora se representa en el Theatre Royal, Haymarket.
El reparto de Only Fools and Horses: The Musical. Foto: Johan Persson Only Fools and Horses: The Musical. Theatre Royal, Haymarket.
19 de febrero de 2019
3 estrellas
Las adaptaciones teatrales de comedias de situación de éxito ya son habituales y enormemente populares, pero sigue siendo raro que el salto se convierta en un musical completo. De hecho, a bote pronto, solo recuerdo el musical Acorn Antiques de Victoria Wood, que se vio en este mismo teatro. A simple vista puede parecer una decisión obvia: el espectáculo llega con pedigrí y familiaridad garantizados, y el público sabe qué esperar. El riesgo, claro, es que la producción cargue con un enorme peso de expectativas y, si se aparta de la fórmula, las consecuencias pueden ser desastrosas. Llega así la versión musical de Only Fools and Horses, una de las comedias de la BBC más populares, adorada por millones (entre los que me incluyo), y es un montaje tan divertido como la serie y tan “chanchullero” como la mercancía de Del.
El reparto de Only Fools and Horses: The Musical. Foto: Johan Persson
Para empezar, el éxito está en que es Only Fools and Horses, y aquí el clásico de John Sullivan cobra vida gracias a un reparto excelente. Tom Bennett es un Del Boy perfecto, capturando en todos los sentidos al listillo de Peckham: ingenioso, chispeante y con un timing cómico soberbio. ES Del Boy, y su interacción con el público y sus comentarios socarrones son una delicia; y esa cuarta pared podría romperse un poco más. Quien se lleva la función es, en su debut en el West End, Ryan Hutton como el ‘plonker’ Rodney: torpe, despistado y entrañable. Y el cocreador del espectáculo, Paul Whitehouse, es un Granddad fantástico y también está estupendo en una aparición como el tío Albert. La serie funcionaba por el conjunto y el reparto de apoyo, y aquí todos están recreados con auténtico cariño. Peter Baker se roba escenas como Trigger; Jeff Nicholson (Boycie) y Samantha Seager (Marlene) están excelentes; y Oscar Conlon-Morrey se deja llevar con mucho desparpajo y se lo pasa en grande en una variedad de papeles. El libreto, de Whitehouse y Jim Sullivan (hijo de John), toma el episodio en el que Del conoce por primera vez a Raquel, añade la boda de Rodney y construye la base del show, pero también hay guiños a momentos clásicos de la serie. La lámpara de araña, el tortazo al caer por la trampilla, los malapropismos de Del y su francés macarrónico, la escoba de Trigger… todo está ahí, y la mayor ovación se la lleva el triciclo amarillo Reliant Robin de Del.
El reparto de Only Fools and Horses: The Musical. Foto: Johan Persson
Y, como ese coche destartalado, el espectáculo se queda atascado cuando se añaden los elementos musicales. Originalmente, Whitehouse empezó a escribir con Chas Hodges, que tristemente falleció antes de que se compusieran muchas canciones, y Jim Sullivan también aporta temas. Todo es muy Chas and Dave, con una juerga cockney de rodillas arriba, y la coreografía hace poco por darle la vuelta a eso; además, algunos números luchan de verdad por dejar huella. Pero la nueva canción que más destaca es The Girl, con unas voces excelentes de Diane Pilkington como Raquel, uno de los pocos momentos realmente emotivos que se permite el montaje; y Pippa Duffy está criminalmente desaprovechada como Cassandra. Añade un prólogo con O Fortuna (que no funciona salvo que Rodney esté mirando a los ojos de su sobrino Damien, que aún no ha nacido en este show), la sintonía (que se queda pegada como un estribillo imposible de sacarse), Lovely Day de Bill Withers, Holding Back the Years de Simply Red y un animadísimo Margate, un clásico de Chas and Dave, y la segunda parte contiene bastante relleno. Muchas canciones parecen metidas con calzador para darle a cada personaje su momento: el Gaze Into My Ball de Trigger es, francamente, rarísimo, y lo de Boycie y Marlene animando a sus renacuajos a nadar y crear al hijo que tanto desean, igual. Es sensato mantener el espectáculo en su época, pero eso también lo convierte en un musical muy a la antigua, y si buscas estereotipos, aquí hay puestos de mercadillo a rebosar; pero si quieres sutileza, aléjate: este no es tu espectáculo.
Sin embargo, conviene no ignorar las oleadas de amor y cariño que van del patio de butacas al escenario, y por eso lo recomendaría sin dudar a cualquiera que haya amado la serie de televisión. Tiene un público objetivo muy claro, y está creado por fans para fans. Los turistas no entenderán este fenómeno tan específicamente británico, y espero que haya suficientes espectadores dispuestos a darle una buena temporada en el West End. Quita un par de canciones, ajusta un poco más el libreto, y esto podría gozar de un éxito enorme en una gira por el Reino Unido. Dicho esto, pese a mis críticas, me lo pasé en grande gracias a un reparto magnífico.
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